Ayudar a dar a luz

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Nunca fui buen estudiante, he olvidado casi todo, pero hubo un personaje de la filosofía de COU que me encandiló: Sócrates. Y especialmente su propuesta para ayudar a hacer brotar la verdad que hay en cada uno, lo que él llamaba la mayéutica. Al modo como su madre, que era partera, ayudaba a que nacieran los niños. 

Para mí ésta es una de las tareas más hermosas de un cristiano, de un seguidor de aquel inigualable alumbrador y provocador de VIDA: Jesús. 

Ayer me conmovió la conversación con una matrona aún maravillada con su profesión. Le pregunté por qué le gustaba tanto lo que hacía y me dijo que por el privilegio de dar la bienvenida a la vida, y por el regalo de la mirada del niño al nacer, alerta y sorprendida mirada, como si fuera de un anciano experimentado y a la vez también del niño con admiración virginal. 

El niño es escurridizo, no te puedes descuidar, es algo tan diminuto y valioso... 

Al parto le acompaña mucha angustia y dolor y se revelan algunas raíces de la persona. Impresiona mucho la contradicción y la rebeldía cuando el niño es no deseado. 

Mientras me va contando cosas, me revela su mejor consejo: colaborar con la naturaleza. Ayudar con tu dolor a que el niño pase lo antes posible por ese túnel de angustia... tu dolor asumido, respirado, integrado empuja al niño. 

Me cuenta de un padre un poco bruto que se negaba a acompañar a su mujer, hasta que ella le convenció y le invitó incluso a cortar el cordón umbilical de su hijo, como un gesto. Cómo lloraba luego con el niño en brazos... El ramo de flores más grande que le han regalado fue de aquellos padres. 

Me conmuevo ante lo que escucho y me digo y os digo: ¿Y si nosotros así ayudáramos a hacer brotar la vida de las entrañas de cada uno? ¿No una vida impuesta desde fuera, sino la vida que alienta dentro? ¿Y si evangelizar fuera rescatar esa primera mirada del niño al nacer y que fuera verdad, virginalmente verdadera todos los días de la vida? ¿Y si dejáramos de pretender imponer, convencer, enseñar, dogmatizar... criticar, y lo nuestro fuera como fue lo de Jesús: señalar la vida que se esconde en la entraña dolida y angustiada de nuestro mundo? 

Yo creo, que ésta es una de las tareas más hermosas de nuestra vida, y que nadie está excluido de participar: 

Dar a luz y ayudar a que brote la vida... porque, por encima de todo, creemos en la vida, en un Dios de vida, cuya mirada es como la del niño al nacer; así me imagino yo la mirada de Dios. 

Un abrazo a todos, desde lejos, pero cerca.