San José, siempre en camino de fe

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JOSÉ VIVE PARA CREER Y CREE PARA VIVIR

- José se ve metido en una historia que no era suya. Decide retirarse, vivir su vida. No ve nada, no entiende. Hay signos nuevos que no entiende.

- José necesita ayuda. Es humilde y humano al aceptar la ayuda del ángel del Señor. También Natán ayuda a David y Pablo a la comunidad de Roma. Necesitamos ayuda para entender las obras del Espíritu, lo que viene del Espíritu.

- No es el cumplimiento lo que da fecundidad a la vida, sino la fe en Dios. Llamados a la experiencia de Dios, no a hacer cosas.

- Hasta dar con la gracia y poder decir: Todo es gracia. El encuentro deja en nosotros un profundo agradecimiento que se traduce en gratuidad.

- José cuida el misterio, ese no sé qué que embellece a las personas por dentro. Tiene ganas de hacer algo en la Iglesia. Tarea intercesora. ¿Cómo recrear nuestro propio misterio? ¿Cómo cuidar el misterio de Dios en las personas? Al servicio de un fuego que no es bueno que se apague. 

"El alma que cree enteramente en Dios: "ciegamente se enamora Dios de ella, viendo la pureza y entereza de su fe" (San Juan de la Cruz CE 31,3).

- El camino de fe de José aparece en el Evangelio en relación con el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y su nacimiento de María Virgen. Su vida se ilumina con la luz de este Misterio y le brota desde el fondo de su corazón la respuesta silenciosa del: ¡Hágase en mi según tu Palabra!

- José vive para creer o cree para vivir. La fe es el pan que siempre estuvo en la mesa de su vida, cada día.

- José no habla, no enseña, no explica, no se pregunta, sólo cree, se fía, se abandona en el silencio de la noche y se pone en camino, al paso de Dios, al amanecer.

- Camina de Nazaret a Belén con María a punto de dar a luz, para empadronarse (Lc 2,1-5). Huye a Egipto (Mt 2,13-15) y vuelve a Nazaret (Mt 2,19-23). Sube a Jerusalén a la fiesta de la Pascua (Lc 2,41-42).

- Peregrino de la fe, desprotegido, viviendo a la intemperie, va aprendiendo, unas veces poco a poco, y otras golpe a golpe, a recorrer los caminos nuevos de Dios.

- Su fe siempre está en vela, a la espera del querer de Dios que siempre se le muestra velado en sueños. En Mt 1,20 el Ángel le dice: “No temas tomar contigo a María tu esposa (...)” y en 1,24: “Despertó José del sueño, e hizo como el Ángel del Señor le había mandado”. En Mt 2,13: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto” y en 2, 14: “El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre y se retiró a Egipto”. En Mt 3,22: “Y, avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea”. 

- José se juega la vida acogiendo, acompañando y caminando con María la mujer llena de Gracia y con Jesús, el Hijo de Dios y de María. Su cercanía a la Luz del mundo y a la plenitud del Amor le modelan de tal forma por dentro que queda abierto y silencioso a la escucha y confiado hasta el final.

- En ocasiones su fe llega a situaciones límite, hasta el martirio. Unas veces la vive él solo, otras acompañado de María; pero siempre es fe que deja paso a Dios, fe hecha vida, fe enamorada, fe confiada en un Dios que se ha metido en sus vidas y las va ensanchando y dando forma nueva. “Y ellos no comprendieron” (Lc 2,48-50), sencillamente creyeron sin comprender, aceptaron en fe oscura y ciega, pero cierta. 

Ora y comparte:

  • Recorre tu camino de fe e identifica los momentos más oscuros de ella
  • ¿Qué haces en las situaciones límite, cuando se te cierran todas las puertas? 

José, san José, el carpintero de Nazaret, el esposo de María, el padre de Jesús. 
Enséñanos a tener la fe y la confianza que tú tuviste. 
Enséñanos tu justicia, tu capacidad para el bien y la bondad. 
Enséñanos a poner cada día, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en todo lo que hacemos, el amor y la entrega que tu pusiste. 
Enséñanos a tener el corazón abierto para reconocer en nuestra vida las huellas de Dios, para escuchar lo que él nos susurra veladamente y para emprender los caminos que nos abre.

Más información en la web:
- San José, aprendiz del Espíritu Santo en el arte de acompañar
- San José, el servidor del amor