Días 27-02. Lectura continuada de Las Moradas de Santa Teresa

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27 de enero

“Paréceme que nunca lo he dado a entender como ahora, porque para buscar a Dios en lo interior (que se halla mejor y más a nuestro provecho que en las criaturas, como dice San Agustín que le halló, después de haberle buscado en muchas partes), es gran ayuda cuando Dios hace esta merced. Y no penséis que es por el entendimiento adquirido procurando pensar dentro de sí a Dios, ni por la imaginación, imaginándole en sí. Bueno es esto y excelente manera de meditación, porque se funda sobre verdad, que lo es estar Dios dentro de nosotros mismos; mas no es esto, que esto cada uno lo puede hacer (con el favor del Señor, se entiende, todo). Mas lo que digo es en diferente manera, y que algunas veces, antes que se comience a pensar en Dios, ya esta gente está en el castillo, que no sé por dónde ni cómo oyó el silbo de su pastor. Que no fue por los oídos, que no se oye nada, mas siéntese notablemente un encogimiento suave a lo interior, como verá quien pasa por ello, que yo no lo sé aclarar mejor. Paréceme que he leído que como un erizo o tortuga, cuando se retiran hacia sí, y debíalo de entender bien quien lo escribió. Mas éstos, ellos se entran cuando quieren; acá no está en nuestro querer sino cuando Dios nos quiere hacer esta merced. Tengo para mí que cuando Su Majestad la hace, es a personas que van ya dando de mano a las cosas del mundo. No digo que sea por obra los que tienen estado que no pueden, sino por el deseo, pues los llama particularmente para que estén atentos a las interiores; y así creo que, si queremos dar lugar a Su Majestad, que no dará sólo esto a quien comienza a llamar para más” (4M 3,3)

    • Está contenta Teresa. Le gusta lo que ha escrito. Otras veces encuentra dificultad en expresar lo que lleva dentro. Hoy, no. Parece que está experimentando lo que dice. Su búsqueda ha encontrado un tesoro escondido. Ya no se trata de saber de oídas que Dios está dentro de nosotros, ni tampoco de imaginarlo y pensarlo así. Lo que ahora experimenta es otra cosa. Es Dios que se deja notar. Es Él quien se hace experiencia nuestra. Dios es nuestra comunión. 
    • Dios llama desde dentro, ama desde dentro, se comunica desde dentro. Por pura gratuidad amorosa. La interioridad está de fiesta. Antes de que pensemos en Dios, ya se oye la voz del Amado en los adentros. La bondad de Dios desborda nuestra vasija. 
    • Ante tan gran tesoro queda palidecido todo lo demás. Las experiencias que hacemos de tantas cosas se nos quedan pequeñas ante Dios. 
    • Gustamos a Dios, metidos en una esperanza: Dios es mucho más y más. Y nunca se cansa de dar. Nos llama para mucho más. No es hora de reducir los ideales, sino de atrevernos a soñar los sueños de Dios sin miedo.     

28 de enero

“Alábele mucho quien esto entendiere en sí, porque es muy mucha razón que conozca la merced, y el hacimiento de gracias por ella hará que se disponga para otras mayores. Y es disposición para poder escuchar, como se aconseja en algunos libros, que procuren no discurrir, sino estarse atentos a ver qué obra el Señor en el alma; que si Su Majestad no ha comenzado a embebernos, no puedo acabar de entender cómo se pueda detener el pensamiento de manera que no haga más daño que provecho, aunque ha sido contienda bien platicada entre algunas personas espirituales, y de mí confieso mi poca humildad que nunca me han dado razón para que yo me rinda a lo que dicen. Uno me alegó con cierto libro del santo Fray Pedro de Alcántara ­que yo creo lo es­ a quien yo me rindiera, porque sé que lo sabía; y leímoslo y dice lo mismo que yo, aunque no por estas palabras; mas entiéndese en lo que dice que ha de estar ya despierto el amor. Ya puede ser que yo me engañe, mas voy por estas razones:” (4M 3,4).

Teresa escribe con el corazón agradecido, desbordado. Se ha encontrado dentro de sí con una fuente de gracia. ¡Un derroche de Dios en ella! Y le nace la alabanza como respuesta a los dones de Dios. La alabanza, que prepara para recibir más. La alabanza, que silencia todo ruido y dispone para escuchar las maravillas que Dios realiza en la interioridad. Dios, el gran enamorado de nuestra humanidad, el que se da del todo, el que pone su tienda en nuestra tierra para humanizar la humanidad.

    • Está despierto el amor. Es hora del silencio contemplativo, de la atención amorosa,  para oír el amor. Nunca hubiéramos imaginado que Dios tuviera tanta fuerza en nuestras entrañas. Hasta convertirse de forma radical en la raíz de la vida, en el cimiento más hondo, en la verdad más verdadera.
    • La gracia de Dios nos despoja de las viejas vestiduras para engalanarnos con las ropas de fiesta. Despojarse sin ser vestidos no tiene sentido. Detener el pensamiento, sin este don de Dios, nos hace más daño que provecho. La oración verdadera no tiene nada de artificial ni de estrategia humana para conseguir bienes. Si nos quedamos sin nada, es porque Dios nos lo da todo. Su riqueza nos llama a ser pobres.
    • Dios hace alianza irrompible en el corazón del que ya solo sabe amar. De esa unión brota la vida propia, la originalidad, la santidad. Se experimenta una pobreza que da libertad, una transparencia que se llena de luz. Sin nada que perder, porque todo está entregado.
    • Ya no tiene sentido una vida al margen de este Dios, tan amigo de dar y de darse. Su acción ha colmado y desbordado nuestros deseos. Su Palabra nos ha llevado al silencia, su Amor al asombro adorador.    

29 de enero

“La primera, que en esta obra de espíritu quien menos piensa y quiere hacer, hace más; lo que habemos de hacer es pedir como pobres necesitados delante de un grande y rico emperador, y luego bajar los ojos y esperar con humildad. Cuando por sus secretos caminos parece que entendemos que nos oye, entonces es bien callar, pues nos ha dejado estar cerca de él, y no será malo procurar no obrar con el entendimiento ­si podemos digo­ Mas si este Rey aun no entendemos que nos ha oído ni nos ve, no nos hemos de estar bobos, que lo queda harto el alma cuando ha procurado esto, y queda mucho más seca y por ventura más inquieta la imaginación con la fuerza que se ha hecho a no pensar nada, sino que quiere el Señor que le pidamos y consideremos estar en su presencia, que El sabe lo que nos cumple. Yo no puedo persuadirme a industrias humanas en cosas que parece puso Su Majestad límite y las quiso dejar para Sí; lo que no dejó otras muchas que podemos con su ayuda, así de penitencia, como de obras, como de oración, hasta donde puede nuestra miseria” (4M 3,5).

    • ¡Qué enamorada y qué lúcida se muestra Teresa! Con finura de orfebre va mostrando la joya. Sin confundir las cosas. A Dios, lo que es de Dios. A nosotros, lo que nos corresponde. Todo, para la vida. Sin olvidar que la vocación cristiana es el amor incondicional, recibido y dado. En Teresa, las palabras no suenan vacías, sino llenas de vida. Esas palabras entran en los corazones y agitan la monotonía para llevar a una creación nueva.
    • Dios, sorprendente siempre en sus caminos, libre para actuar cuando quiere y como quiere. Sus caminos para seducir y enamorar son extraños para nuestras lógicas.
    • Cuando Dios nos recoge, recogidos. Cuando entendemos que Dios nos oye, a callar. Pero si no hemos llegado a ello, ¿de qué sirve quedarnos embobados? Si queremos atrapar y dominar con nuestras artes la experiencia de Dios, el agua se nos escapa de las manos. Lo nuevo no lo fabrican nuestras manos. La creación viene de creer en el que hace nuevas todas las cosas.

30 de enero

“La segunda razón es, que estas obras interiores son todas suaves y pacíficas, y hacer cosa penosa, antes daña que aprovecha. Llamo penosa fuerza que nos queramos hacer, como sería pena detener el huelgo; sino dejarse el alma en las manos de Dios, haga lo que quisiere de ella, con el mayor descuido de su provecho que pudiere y mayor resignación a la voluntad de Dios.

La tercera es, que el mismo cuidado que se pone en no pensar nada quizá despertará el pensamiento a pensar mucho.

La cuarta es, que lo más sustancial y agradable a Dios es que nos acordemos de su honra y gloria y nos olvidemos de nosotros mismos y de nuestro provecho y regalo y gusto. Pues ¿cómo está olvidado de sí el que con mucho cuidado está, que no se osa bullir, ni aun deja a su entendimiento y deseos que se bullan a desear la mayor gloria de Dios, ni que se huelgue de la que tiene? Cuando Su Majestad quiere que el entendimiento cese, ocúpale por otra manera y da una luz en el conocimiento tan sobre la que podemos alcanzar, que le hace quedar absorto, y entonces, sin saber cómo, queda muy mejor enseñado que no con todas nuestras diligencias para echarle más a perder; que pues Dios nos dio las potencias para que con ellas trabajásemos y se tiene todo su premio, no hay para qué las encantar, sino dejarlas hacer su oficio, hasta que Dios las ponga en otro mayor” (4M 3,6).

    • Teresa está polemizando. Sus razones son una bocanada de aire fresco para los orantes. Defiende la verdad frente al artificio. Los pájaros, con su vuelo, cruzan sin pudor toda frontera. La libertad es el arte de la oración. Mientras Dios no se deje notar, no hay por qué embobar nuestras capacidades. La palabra de Teresa es un canto al sentido común.
    • Habla de suavidad y paz, de poner los ojos en Dios y de quererle. Son temas preferidos para ella. A base de fuerzas no se consigue lo que se nos da como regalo. Dejarse en las manos de Dios, confiadamente, como un niño en los brazos de su madre, es aquí nuestra forma de creer y de amar. En actitud de disponibilidad total a la voluntad de Dios. Escoger el silencio para que hable la Palabra. Escoger el no ser, que es nuestra verdad, para Dios sea en nosotros.  Vivir al aire y al ritmo del Espíritu, con la libertad de los hijos de Dios, sin forzar la experiencia, recibiendo más que haciendo.  
    • Dios, cuando quiere, nos transforma y vivifica, nos revela su misterio. Pasada la frontera racional hay un espacio nuevo de sentido. No es que nuestro pensamiento no valga y termine en fracaso, sino que hay una presencia del misterio de Dios que se expresa con más fuerza en el fondo de la escena. Esta presencia nos lleva al asombro y a la admiración. Ha merecido la pena estar como el centinela esperando una presencia más honda del misterio. Ahora somos nosotros los pensados, los amados.

31 de enero

“Lo que entiendo que más conviene que ha de hacer el alma que ha querido el Señor meter a esta morada es lo dicho, y que sin ninguna fuerza ni ruido procure atajar el discurrir del entendimiento, mas no el suspenderle ni el pensamiento, sino que es bien que se acuerde que está delante de Dios y quién es este Dios. Si lo mismo que siente en sí le embebiere, enhorabuena; mas no procure entender lo que es, porque es dado a la voluntad; déjela gozar sin ninguna industria más de algunas palabras amorosas, que aunque no procuremos aquí estar sin pensar nada, se está muchas veces, aunque muy breve tiempo” (4M 3,7)

    • Teresa recoge las velas. Ha peleado contra los vientos contrarios. Es hora de paz, de sosiego, de dejar de discurrir con el entendimiento. “Vamos a un lugar tranquilo a descansar”, donde no haya ruidos ni fuerzas contrarias. La música suave de la alegría se abre camino. Es hora de gozar los amaneceres, sin buscar entender lo que se nos da como don. Una sabiduría nueva se abre camino en nuestro corazón.
    • Estar delante de Dios como espectadores de la intimidad ajena, saber quién es este Dios, ponernos en sus manos, acoger la alegría que deja dentro, convertir nuestro corazón a los valores del Reino, unas palabras amorosas de tanto en tanto… con esto basta. ¿Cómo controlar lo incontrolable y abarcar lo inabarcable?

1 de febrero

“Mas ­como dije en otra parte la causa porque en esta manera de oración (digo en la que comencé esta morada, que he metido la de recogimiento con ésta que había de decir primero, y es muy menos que la de los gustos que he dicho de Dios, sino que es principio para venir a ella; que en la del recogimiento no se ha de dejar la meditación, ni la obra del entendimiento) en esta fuente manantial que no viene por arcaduces él se comide o le hace comedir ver que no entiende lo que quiere; y así anda de un cabo a otro, como tonto que en nada hace asiento. La voluntad le tiene tan grande en su Dios, que la da gran pesadumbre su bullicio, y así no ha menester hacer caso de él, que la hará perder mucho de lo que goza, sino dejarle y dejarse a sí en los brazos del amor, que Su Majestad la enseñará lo que ha de hacer en aquel punto, que casi todo es hallarse indigna de tanto bien y emplearse en hacimiento de gracias” (4M 3,8).

    • Teresa escribe para gente sencilla, dialoga con los que no tienen grandes recursos para orar. Propone actos verdaderamente simples, sin mucho ruido. Está proponiendo una nueva educación, una nueva manera de ser hombres y mujeres. No quiere que los pobres se queden sin utopías, desea que todos, en cuanto hijos de Dios, canten canciones nuevas.  
    • Algunas pistas de Teresa para este momento: Dejarnos en los brazos del amor, porque sabemos de quién nos hemos fiado. Dejarnos enseñar por Dios.  Abandono confiado. Sabernos indignos de tanto bien. Con el agradecimiento en los labios y en el corazón.
    • Se da una nueva configuración con Jesús. Su persona entra a formar parte de nuestra interioridad. Entra en escena el lenguaje de la ternura, que es un silencioso deseo de amar a Jesús, de buscar su Reino.
    • En definitiva, nacen personas que empiezan a verlo todo bajo el prisma de un corazón enamorado, porque solo se ve bien con el corazón. 

2 de febrero

“Por tratar de la oración de recogimiento, dejé los efectos o señales que tienen las almas a quien Dios nuestro Señor da esta oración. Así como se entiende claro un dilatamiento o ensanchamiento en el alma, a manera de como si el agua que mana de una fuente no tuviese corriente, sino que la misma fuente estuviese labrada de una cosa que mientras más agua manase más grande se hiciese el edificio, así parece en esta oración, y otras muchas maravillas que hace Dios en el alma, que la habilita y va disponiendo para que quepa todo en ella. Así esta suavidad y ensanchamiento interior se ve en el que le queda para no estar tan atada como antes en las cosas del servicio de Dios, sino con mucha más anchura. Así en no se apretar con el temor del infierno, porque aunque le queda mayor de no ofender a Dios, el servil piérdese aquí: queda con gran confianza que le ha de gozar. El que solía tener, para hacer penitencia, de perder la salud, ya le parece que todo lo podrá en Dios; tiene más deseos de hacerla que hasta allí. El temor que solía tener a los trabajos, ya va más templado; porque está más viva la fe y entiende que, si los pasa por Dios, Su Majestad le dará gracia para que los sufra con paciencia, y aun algunas veces los desea, porque queda también una gran voluntad de hacer algo por Dios. Como va más conociendo su grandeza, tiénese ya por más miserable; como ha probado ya los gustos de Dios, ve que es una basura los del mundo, vase poco a poco apartando de ellos y es más señora de sí para hacerlo. En fin, en todas las virtudes queda mejorada y no dejará de ir creciendo, si no torna atrás ya, a hacer ofensas de Dios, porque entonces todo se pierde, por subida que esté un alma en la cumbre. Tampoco se entiende que de una vez o dos que Dios haga esta merced a un alma, quedan todas éstas hechas si no va perseverando en recibirlas, que en esta perseverancia está todo nuestro bien” (4M 3,9).

Teresa deja el suelo lleno de señales para que no pierdan el camino los peregrinos Dios ni se engañen.

Cuando Dios se deja notar en la interioridad como un murmullo de fuente que mana, se experimenta un ensanchamiento del alma, o sea, un estilo de respirar y vivir con libertad. Nada de encogimientos ni estrecheces. Es tiempo de dejar que se ensanche el espacio de nuestra tienda, de extender las cuerdas a derecha e izquierda para que quepa todo y quepan todos. La interioridad pasa a ser casa de comunión y acogida de todos, incluso de los distintos y de los distantes; lugar de solidaridad profunda con las personas heridas. Este es un milagro de Dios en nosotros. Su proyecto de humanidad nueva comienza en el corazón.

    • Cuando Dios hace fiesta en nosotros, desaparece el temor servil y crece el otro temor, que va unido al amor, y que es fruto del Espíritu. Perdemos el miedo a la entrega misionera de la vida para anunciar el Evangelio. 
    • Cuando la persona ha probado los gustos de Dios experimenta un cierto alejamiento de todo lo que no tiene sabor a vida, a alegría para todos, a justicia y paz para la humanidad. Andando enamorada, se ha hecho perdidiza y ganada para otra causa, la de Jesús, la de las bienaventuranzas.
    • Un último consejo que da Teresa. Llevar un tesoro escondido no nos debe hacer olvidar que lo llevamos en vasijas de barro. Podemos volver los ojos atrás e incapacitarnos para seguir a Jesús que va delante. En la perseverancia en aprender a recibir está todo nuestro bien, en estar abiertos al amor de Dios.