Días 14-19. Lectura continuada de Las Moradas de Santa Teresa

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14 de enero  

“Hay más y menos en este estorbo, conforme a la salud y a los tiempos. Padezca la pobre alma, aunque no tenga en esto culpa, que otras haremos por donde es razón que tengamos paciencia. Y porque no basta lo que leemos y nos aconsejan, que es que no hagamos caso de estos pensamientos, para las que poco sabemos no me parece tiempo perdido todo lo que gasto en declararlo más y consolaros en este caso; mas hasta que el Señor nos quiera dar luz, poco aprovecha. Mas es menester y quiere Su Majestad que tomemos medios y nos entendamos, y lo que hace la flaca imaginación y el natural y demonio no pongamos la culpa al alma” (4M 1,14).

    • Teresa, tan amiga de la libertad, quiere que sus hermanas sean libres, por fuera y por dentro. Le duele este tema. Hay muchas cosas que dificultan esta libertad: la ignorancia, la falta de ayuda, el proteccionismo, la culpabilización de uno/a mismo/a.
    • Algunas propuestas de Teresa: formarse cada vez más y mejor, no considerar tiempo perdido el hablar de estas cosas, estar abiertos a la luz que da el Señor, no cruzarse de brazos ni abandonar el camino, atreverse a ser autónomos.
    • La oración es un camino de libertad, la mayor de las autonomías, que lleva a un humanismo integral. Teresa quiere que la mujer piense por sí misma, ore por sí misma. Ella se pone en medio de la Iglesia para enseñar una sabiduría que en tantas veces se pasa por alto.

15 de enero

“¡Válgame Dios en lo que me he metido! Ya tenía olvidado lo que trataba, porque los negocios y salud me hace dejarlo al mejor tiempo; y como tengo poca memoria, irá todo desconcertado por no poder tornarlo a leer. Y aun quizás se es todo desconcierto cuanto digo; al menos es lo que siento.

Paréceme queda dicho de los consuelos espirituales. Cómo algunas veces van envueltos con nuestras pasiones, traen consigo unos alborotos de sollozos, y aun a personas he oído que se les aprieta el pecho y aun vienen a movimientos exteriores, que no se pueden ir a la mano, y es la fuerza de manera que les hace salir sangre de narices y cosas así penosas. De esto no sé decir nada, porque no he pasado por ello, mas debe quedar consuelo; porque ­como digo todo va a parar en desear contentar a Dios y gozar de Su Majestad” (4M 2,1).

    • Teresa se ha metido en un tema espinoso: la situación de la mujer y lo que pasa en sus adentros, la canonización de su debilidad como justificación de su dependencia, la libertad como espacio para el diálogo con Dios. No le pesa, aunque reconoce crea va todo desconcertado.
    • Conoce muy bien el alma femenina y quiere aportar verdad y consuelo. Por falta de claridad muchas mujeres abandonan el camino de la oración y el camino de pensar y actuar con libertad. El atreverse a hablar del tema y a decir lo que piensa es una señal de libertad y de amor.
    • Aunque Teresa desearía tener más formación para poder consolar a quienes sufren y para ayudar a entenderse a los que no se entienden, no todo lo conoce porque no ha pasado por ello; saber reconocerlo es propio de gente verdadera. Pero aporta un criterio siempre certero: que todo termine en Dios, en desear contentar a Dios, en gozar de Dios. Dios es la fuente de la alegría.

16 de enero

“Los que yo llamo «gustos de Dios» ­que en otra parte lo he nombrado «oración de quietud»­ es muy de otra manera, como entenderéis las que lo habéis probado por la misericordia de Dios. Hagamos cuenta, para entenderlo mejor, que vemos dos fuentes con dos pilas que se hinchen de agua, que no me hallo cosa más a propósito para declarar algunas de espíritu que esto de agua; y es, como sé poco y el ingenio no ayuda y soy tan amiga de este elemento, que le he mirado con más advertencia que otras cosas; que en todas las que crió tan gran Dios, tan sabio, debe haber hartos secretos de que nos podemos aprovechar, y así lo hacen los que lo entienden, aunque creo que en cada cosita que Dios crió hay más de lo que se entiende, aunque sea una hormiguita (4M 2,2).

    • Teresa prosigue el diálogo con sus hermanas. Se encuentra a gusto cuando habla y escribe en diálogo.
    • ¿De dónde nace la alegría? Teresa se fija en el gozo, gustos de Dios, y en el compromiso que de él procede.
    • Todo es pascua, paso, presencia gozosa del Amado. Ahí se produce la quietud del ser humano, siempre buscador, inquieto.
    • Les propone abrirse a la creación, hacer una lectura de cada cosita que Dios crió, aprender de todo. No es mala consigna para este día esta de vivir con los ojos abiertos para aprender de las señales, pequeñas, que Dios nos pone delante.

17 de enero

“Estos dos pilones se hinchen de agua de diferentes maneras: el uno viene de más lejos por muchos arcaduces y artificio; el otro está hecho en el mismo nacimiento del agua y vase hinchendo sin ningún ruido, y si es el manantial caudaloso, como éste de que hablamos, después de henchido este pilón procede un gran arroyo; ni es menester artificio, ni se acaba el edificio de los arcaduces, sino siempre está procediendo agua de allí.

Es la diferencia que la que viene por arcaduces es, a mi parecer, los «contentos» que tengo dicho que se sacan con la meditación; porque los traemos con los pensamientos, ayudándonos de las criaturas en la meditación y cansando el entendimiento; y como viene en fin con nuestras diligencias, hace ruido cuando ha de haber algún henchimiento de provechos que hace en el alma, como queda dicho” (4M 2,3).

    • Teresa tiene una experiencia gozosa del ser humano, opta por la vida, es portadora de deseos de vida para todos. Esta opción por la vida tiene mucho que ver con la fe en Dios. Frente a los riesgos de muerte propone fuentes de vida -¡cómo le encanta y admira el agua!, ¡qué hermana se siente de todo lo creado!-. Toda persona tiene vocación de gozo, capacidad inmensa para la alegría, donación de esa alegría.
    • ¿Dónde está la fuente de la alegría? A Teresa se le amplía el horizonte. No solo valora las fuentes de alegría que encontramos en medio de la vida, aunque, para encontrarlas, hay que fatigarse – de ahí la imagen del ruido-. Para ella, la fuente de alegría que nunca engaña es Dios, -de ahí la imagen preciosa del silencio, de la quietud, del sosiego-. Es Dios quien lo da. Dios es fuente del gozo, de vida, de amor, que mana y corre sin que se lo estorbe la noche. Dios sopla la vida para llenar de alegría el corazón del hombre.
    • Desde la belleza y el misterio de las cosas, desde el gozo presente en el corazón, podemos entonar un inmenso canto de alabanza a Dios.

18 de enero

“Estotra fuente, viene el agua de su mismo nacimiento, que es Dios, y así como Su Majestad quiere, cuando es servido hacer alguna merced sobrenatural, produce con grandísima paz y quietud y suavidad de lo muy interior de nosotros mismos, yo no sé hacia dónde ni cómo, ni aquel contento y deleite se siente como los de acá en el corazón ­digo en su principio, que después todo lo hinche­, vase revertiendo este agua por todas las moradas y potencias hasta llegar al cuerpo; que por eso dije que comienza de Dios y acaba en nosotros; que cierto, como verá quien lo hubiere probado, todo el hombre exterior goza de este gusto y suavidad” (4M 2,4).

    • Le fascina a Teresa recordar que Dios habita nuestra interioridad, hilando un vestido de hermosura, comprometido con nosotros, presente como una fuente que mana. Esa presencia es la fuente de la dignidad y de la fraternidad que nos une a todos los seres humanos.
    • Los frutos de esa presencia son: paz, quietud, suavidad, deleite. Toda nace de dentro y se extiende alrededor. Todo queda alcanzado, de una forma misionera, por la alegría de Dios. ¿Cómo no cantar la acción de Dios prolongando el Magníficat de María?
    • Esta visión tan revolucionaria, esta pasión teresiana choca con la experiencia de quienes piensan que Dios no forma parte de las realidades urgentes, que todo lo relacionado con Dios puede esperar. Donde la gracia es más intensa, es más intenso el riesgo.

19 de enero

“Estaba yo ahora mirando ­escribiendo esto­ que en el verso que dije: Dilatasti cor meum, dice que ensanchó el corazón; y no me parece que es cosa ­como digo­ que su nacimiento es del corazón, sino de otra parte aun más interior, como una cosa profunda. Pienso que debe ser el centro del alma, como después he entendido y diré a la postre; que, cierto, veo secretos en nosotros mismos que me traen espantada muchas veces. Y ¡cuántos más debe haber! ¡Oh Señor mío y Dios mío, qué grandes son vuestras grandezas!, y andamos acá como unos pastorcillos bobos, que nos parece alcanzamos algo de Vos y debe ser tanto como nonada, pues en nosotros mismos están grandes secretos que no entendemos. Digo tanto como nonada, para lo muy muy mucho que hay en Vos, que no porque no son muy grandes las grandezas que vemos, aun de lo que podemos alcanzar de vuestras obras” (4M 2,5).

    • Teresa, tan fascinada por la interioridad habitada por Dios que despierta los amores, tan contraria a todo lo que sonara a apretado (almas, estilos de vida, formas de entenderse…) no puede dejar escapar una joya de tanto valor como la que lee en los salmos: Dilatasti cor meum (“me ensanchaste el corazón”).
    • Y se admira que el gozo de Dios provenga de algo más profundo que nosotros mismos, “intimior intimo meo”, que decía san Agustín. Y se queda asombrada viendo los secretos que llevamos dentro escondidos. “El reino está dentro de vosotros”.
    • Teresa se olvida por momentos del diálogo con las hermanas y dialoga con Dios. “¡Qué grandes son vuestras grandezas!” y le parece nonada lo descubierto hasta ahora. La música de fondo que alienta todo camino es esta esperanza de lo muy muy mucho que hay en este Dios inagotable en su don.