Días 10-16. Lectura continuada de Las Moradas de Santa Teresa

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10 de diciembre

 “Porque me he alargado mucho en decir esto en otras partes, no lo diré aquí. Sólo quiero que estéis advertidas que, para aprovechar mucho en este camino y subir a las moradas que deseamos, no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced. Quizá no sabemos qué es amar, y no me espantaré mucho; porque no está en el mayor gusto, sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios y procurar, en cuanto pudiéremos, no le ofender, y rogarle que vaya siempre adelante la honra y gloria de su Hijo y el aumento de la Iglesia Católica. Estas son las señales del amor, y no penséis que está la cosa en no pensar otra cosa, y que si os divertís un poco va todo perdido” (4M 1,7).

    •  Una regla de oro para todo el camino de la oración: “Que no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced”. Más ni mejor, no se puede decir. Lo sustancial de la oración es el amor.
    • Toda la formación que da Teresa de Jesús se puede resumir en esto: conocer el amor (a Jesús) y responder al amor yendo por un camino de Evangelio.
    • Pero ¿qué es amar? ¿A qué llamamos amor? Hay un amor propio, solapado, que no es amor. Amor es contentar al que es el Amor y trabajar para que vayan adelante las cosas que a Él le apasionan: el Reino, la Iglesia, el bien de los demás. Estas son las señales.

11 de diciembre

 “Yo he andado en esto de esta barahúnda del pensamiento bien apretada algunas veces, y habrá poco más de cuatro años que vine a entender por experiencia que el pensamiento (o imaginación, porque mejor se entienda) no es el entendimiento, y preguntélo a un letrado y díjome que era así, que no fue para mí poco contento. Porque, como el entendimiento es una de las potencias del alma, hacíaseme recia cosa estar tan tortolito a veces, y lo ordinario vuela el pensamiento de presto, que sólo Dios puede atarle, cuando nos ata a Sí de manera que parece estamos en alguna manera desatados de este cuerpo. Yo veía, a mi parecer, las potencias del alma empleadas en Dios y estar recogidas con Él, y por otra parte el pensamiento alborotado: traíame tonta” (4M 1,8).

    • Para recorrer bien el camino de la oración son imprescindibles los guías. El Espíritu se esconde en ellos para empujarnos a recorrer los nuevos confines y fronteras de la experiencia de Dios.
    • La humildad nos lleva a preguntar a los que tienen luz para no andar a oscuras el camino. Para preguntar hay que comenzar dando valor a las personas que tenemos cerca.
    • Los temores, que tanto nos atormentan, desaparecen cuando nos acercamos con sencillez y verdad llamamos a la puerta de un hermano/a para decirle lo que nos pasa. 

12 de diciembre

“¡Oh Señor, tomad en cuenta lo mucho que pasamos en este camino por falta de saber! Y es el mal que, como no pensamos que hay que saber más de pensar en Vos, aun no sabemos preguntar a los que saben ni entendemos qué hay que preguntar, y pásanse terribles trabajos, porque no nos entendemos, y lo que no es malo, sino bueno, pensamos que es mucha culpa. De aquí proceden las aflicciones de mucha gente que trata de oración y el quejarse de trabajos interiores, a lo menos mucha parte en gente que no tiene letras, y vienen las melancolías y a perder la salud y aun a dejarlo del todo, porque no consideran que hay un mundo interior acá dentro; y así como no podemos tener el movimiento del cielo, sino que anda a prisa con toda velocidad, tampoco podemos tener nuestro pensamiento, y luego metemos todas las potencias del alma con él y nos parece que estamos perdidas y gastado mal el tiempo que estamos delante de Dios; y estáse el alma por ventura toda junta con El en las moradas muy cercanas, y el pensamiento en el arrabal del castillo padeciendo con mil bestias fieras y ponzoñosas y mereciendo con este padecer; y así, ni nos ha de turbar ni lo hemos de dejar, que es lo que pretende el demonio. Y por la mayor parte, todas las inquietudes y trabajos vienen de este no nos entender” (4M 1,9).

    •  Muchos sufrimientos y muchas culpabilidades provienen de no entendernos, de no saber lo que nos pasa. Muchas parálisis en el camino de la oración vienen de no encontrar quien nos ayude.
    • Lo peor de todo es que, por causa de este sufrimiento, abandonemos el camino de la oración y, por lo tanto, el trato de amistad con quien nos ama.
    • Recordar el amor tan grande que Dios nos tiene, entender que su Amor es la fuente de nuestra vida, querer amarle con todo el corazón… esto, que acontece en la interioridad de la persona, es lo que une a Él. Mientras el pensamiento  puede ir y venir sin que afecte a esa unión con Dios en el corazón.

13 de diciembre

“Escribiendo esto, estoy considerando lo que pasa en mi cabeza del gran ruido de ella que dije al principio, por donde se me hizo casi imposible poder hacer lo que me mandaban de escribir. No parece sino que están en ella muchos ríos caudalosos, y por otra parte, que estas aguas se despeñan; muchos pajarillos y silbos, y no en los oídos, sino en lo superior de la cabeza, adonde dicen que está lo superior del alma. Y yo estuve en esto harto tiempo, por parecer que el movimiento grande del espíritu hacia arriba subía con velocidad. Plega a Dios que se me acuerde en las moradas de adelante decir la causa de esto, que aquí no viene bien, y no será mucho que haya querido el Señor darme este mal de cabeza para entenderlo mejor; porque con toda esta barahúnda de ella, no me estorba a la oración ni a lo que estoy diciendo, sino que el alma se está muy entera en su quietud y amor y deseos y claro conocimiento” (4M 1,10).

    •  Frecuentemente encontramos en nuestras enfermedades de todo tipo y en las situaciones de noche que vive la humanidad, una justificación para dejar el camino de la oración, como si solo pudiéramos orar cuando estamos bien.
    • Si nos reconciliamos con nuestra debilidad y nos presentamos así, ante el Señor, Él hace maravillas con nuestro barro. No necesita nuestra perfección para mostrarse grande con nosotros.
    • En los tiempos sombríos, ¿cantaremos también? En los tiempos sombríos cantaremos también. Cantaremos como quien respira. No entrará nuestro corazón en un silencio ante el Dios que no deja de hablarnos en la noche.    

14 de diciembre

“Pues si en lo superior de la cabeza está lo superior del alma, ¿cómo no la turba? ­ Eso no lo sé yo; mas sé que es verdad lo que digo. Pena da cuando no es la oración con suspensión, que entonces hasta que se pasa no se siente ningún mal; mas harto mal fuera si por este impedimento lo dejara yo todo. Y así no es bien que por los pensamientos nos turbemos ni se nos dé nada; que si los pone el demonio, cesará con esto; y si es, como lo es, de la miseria que nos quedó del pecado de Adán con otras muchas, tengamos paciencia y sufrámoslo por amor de Dios, pues estamos también sujetas a comer y dormir, sin poderlo excusar, que es harto trabajo” (4M 1,11).

    • No nos culpabilicemos si no nos entendemos mientras vamos de camino. La vida no refleja de momento las posibilidades de cambio que lleva dentro sembradas.
    • Cuando los pensamientos nos turben, no se nos dé nada. Será hora de decirnos una y otra vez: “Nada te turbe, nada te espante. La paciencia todo lo alcanza. Solo Dios basta”.
    • El encuentro con el Dios vivo nunca es fruto de nuestro esfuerzo personal, siempre es regalo, obra de la gracia. Las crisis son peligro, pero también son oportunidad. Miremos a Jesús en su humanidad para acertar con el camino.

15 de diciembre

“Conozcamos nuestra miseria, y deseemos ir adonde «nadie nos menosprecia»; que algunas veces me acuerdo haber oído esto que dice la Esposa en los Cantares, y verdaderamente que no hallo en toda la vida cosa adonde con más razón se pueda decir; porque todos los menosprecios y trabajos que puede haber en la vida no me parece que llegan a estas batallas interiores. Cualquier desasosiego y guerra se puede sufrir con hallar paz adonde vivimos ­como ya he dicho­; mas que queremos venir a descansar de mil trabajos que hay en el mundo y que quiera el Señor aparejarnos el descanso, y que en nosotras mismas esté el estorbo, no puede dejar de ser muy penoso y casi insufridero. Por eso, llevadnos, Señor, adonde no nos menosprecien estas miserias, que parecen algunas veces que están haciendo burla del alma.

Aun en esta vida la libra el Señor de esto, cuando ha llegado a la postrera morada, como diremos, si Dios fuere servido” (4M 1,12).  

    •  ¿Cómo se explica que queramos estar con el Señor para descansar de tantas cosas como nos cansan y que, al llegar al trato de amistad con Él, encontremos la guerra dentro de nosotros? Es algo “insufridero”, dice Teresa de Jesús.
    • ¿Qué podemos hacer? Lo primero, aprovechar estas situaciones para conocernos.  Lo segundo, buscar ayuda. Lo tercero, pedir al Señor que nos lleve a un sitio tranquilo donde podamos descansar.
    • El lugar tranquilo que repara nuestras fuerzas es Jesús.

16 de diciembre

“Y no darán a todos tanta pena estas miserias ni las acometerán, como a mí hicieron muchos años por ser ruin, que parece que yo misma me quería vengar de mí. Y como cosa tan penosa para mí, pienso que quizá será para vosotras así y no hago sino decirlo en un cabo y en otro, para si acertase alguna vez a daros a entender cómo es cosa forzosa, y no os traiga inquietas y afligidas, sino que dejemos andar esta tarabilla de molino y molamos nuestra harina, no dejando de obrar la voluntad y entendimiento” (4M 1,13).

    • Cuando nos acaezca este malestar interior que tanto nos turba, dejémosle correr como quien deja pasar las nubes. No nos martiricemos a nosotros mismos.
    • No abandonemos la oración por nada, aunque nos parezca estéril. La oración nunca es tiempo perdido. Es la mirada de Jesús la que nos cura. Sin el trato de amistad con Dios, nuestra vida se construye en falso.
    • A pesar del ruido, sigamos moliendo nuestra harina, sigamos obrando con lo mejor que hay en nosotros.