Días 19-25. Lectura continuada de Las Moradas de Santa Teresa

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19 de noviembre

“Parecernos ha que las que tenemos hábito de religión y le tomamos de nuestra voluntad y dejamos todas las cosas del mundo y lo que teníamos por El (aunque sea las redes de San Pedro, que harto le parece que da quien da lo que tiene), que ya está todo hecho. ­ Harto buena disposición es, si persevera en aquello y no se torna a meter en las sabandijas de las primeras piezas, aunque sea con el deseo; que no hay duda sino que si persevera en esta desnudez y dejamiento de todo, que alcanzará lo que pretende. Mas ha de ser con condición, y mirad que os aviso de esto, que se tenga por siervo sin provecho ­como dice San Pablo, o Cristo y crea que no ha obligado a Nuestro Señor para que le haga semejantes mercedes; antes, como quien más ha recibido, queda más adeudado. ¿Qué podemos hacer por un Dios tan generoso que murió por nosotros y nos crió y da ser, que no nos tengamos por venturosos en que se vaya desquitando algo de lo que le debemos, por lo que nos ha servido (de mala gana dije esta palabra, mas ello es así que no hizo otra cosa todo lo que vivió en el mundo), sin que le pidamos mercedes de nuevo y regalos?” (3M 1,8).

    • Cuando hacemos lo poquito que está de nuestra parte, no está todo hecho. Lo más importante es lo que Jesús nos ha servido; no hizo otra cosa en este mundo, ni hace ahora otra cosa.  En Él hay que poner los ojos.
    • Nosotros nos disponemos abriendo nuestro cántaro, pero el Señor es la Fuente de agua viva que nos llena.
    • Los dones de Dios siempre son gratuitos y nos llevan al asombro. Cuanto más sabemos que recibimos de Él más nos despertamos a amarle con todo el corazón.

20 de noviembre

“Mirad mucho, hijas, algunas cosas que aquí van apuntadas, aunque arrebujadas, que no lo sé más declarar. El Señor os lo dará a entender, para que saquéis de las sequedades humildad y no inquietud, que es lo que pretende el demonio; y creed que adonde la hay de veras, que, aunque nunca dé Dios regalos, dará una paz y conformidad con que anden más contentas que otros con regalos; que muchas veces ­como habéis leído los da la divina Majestad a los más flacos; aunque creo de ellos que no los trocarían por las fortalezas de los que andan con sequedad. Somos amigos de contentos más que de cruz. Pruébanos, tú, Señor, que sabes las verdades, para que nos conozcamos” (3M 1,9).

    • El sacar forma parte de la esencia de Dios: sacar de las confusiones, sacar de la apatía, sacar de la inquietud. A nosotros nos toca disponernos, dejarle hacer.
    • La humildad nos hace vivir con alegría el momento presente, sabiendo que a los que aman a Dios todo los sirve para el bien.
    • La sequedad en la oración, vivida con paz, siempre es fecunda.
    • En todo caso, el Señor sabe lo que nos conviene, porque es el único que sabe las verdades y nos ama.  

21 de noviembre

“Yo he conocido algunas almas, y aun creo puedo decir hartas, de las que han llegado a este estado, y estado y vivido muchos años en esta rectitud y concierto, alma y cuerpo, a lo que se puede entender, y después de ellos que ya parece habían de estar señores del mundo, al menos bien desengañados de él, probarlos Su Majestad en cosas no muy grandes, y andar con tanta inquietud y apretamiento de corazón, que a mí me traían tonta y aun temerosa harto. Pues darles consejo no hay remedio, porque, como ha tanto que tratan de virtud, paréceles que pueden enseñar a otros y que les sobra razón en sentir aquellas cosas” (3M 2,1).

    • La tentación es una gracia. Nos ayuda a entender la verdad o mentira que llevamos por dentro. La tentación es una oportunidad para crecer pon dentro.
    • Los contrastes, los puntos de vista diferentes, aunque nos contradicen, nos ayudan a ponernos en la verdad.
    • Es bueno observar los sentimientos, con sus diversos colores, pero no permitir que tiranicen y marquen el ritmo de nuestra vida. Más adentro, hay un horizonte inmenso donde acontece el encuentro con Dios.
    • La sabiduría que nos regala el Espíritu es aquella que nos permite estar siempre aprendiendo de todos, también de los más pequeños.    

22 de noviembre

“En fin, que yo no he hallado remedio ni le hallo para consolar a semejantes personas, si no es mostrar gran sentimiento de su pena (y a la verdad se tiene de verlos sujetos a tanta miseria), y no contradecir su razón; porque todas las conciertan en su pensamiento que por Dios las sienten, y así no acaban de entender que es imperfección; que es otro engaño para gente tan aprovechada; que de que lo sientan, no hay que espantar, aunque a mi parecer, había de pasar presto el sentimiento de cosas semejantes. Porque muchas veces quiere Dios que sus escogidos sientan su miseria, y aparta un poco su favor, que no es menester más, que a osadas que nos conozcamos bien presto. Y luego se entiende esta manera de probarlos, porque entienden ellos su falta muy claramente, y a las veces les da más pena ésta de ver que, sin poder más, sienten cosas de la tierra y no muy pesadas, que lo mismo de que tienen pena. Esto téngolo yo por gran misericordia de Dios; y aunque es falta, muy gananciosa para la humildad” (3M 2,2).

    • Nos resulta mucho más fácil ver las faltas en los demás que en nosotros; nos falta luz para ver al pobre que llevamos dentro.
    • ¡Qué difícil es hacer el bien a las personas cuando están encerradas en sus razones!
    • Caer en la cuenta de  nuestra imperfección es un gran don de la misericordia del Señor, nos ayuda a conocernos y a crecer en la humildad.
    • El relativismo es la falta de raíces. La búsqueda de la verdad es esencial para poder estar con quien es la Verdad. 

23 de noviembre

“En las personas que digo, no es así sino que canonizan ­como he dicho en sus pensamientos estas cosas, y así querrían que otros las canonizasen. Quiero decir alguna de ellas, porque nos entendamos y nos probemos a nosotras mismas antes que nos pruebe el Señor, que sería muy gran cosa estar apercibidas y habernos entendido primero” (3M 2,3).

    • La vida de cada día es una oportunidad para probarnos y aprender a vivir.
    • Cuando buscamos a los demás para que aplaudan nuestro modo de vivir, estamos deteniendo nuestro crecimiento.
    • Cuando buscamos a los demás para que nos ayuden a caminar en la verdad, entonces la luz se adueña de nuestro corazón.
    • Dios es luz y lo recibimos con la lámpara encendida.       

24 de noviembre

“Viene a una persona rica, sin hijos ni para quién querer la hacienda, una falta de ella, mas no es de manera que en lo que le queda le puede faltar lo necesario para sí y para su casa, y sobrado. Si éste anduviese con tanto desasosiego e inquietud como si no le quedara un pan que comer, ¿cómo ha de pedirle nuestro Señor que lo deje todo por El? Aquí entra el que lo siente porque lo quiere para los pobres. ­ Yo creo que quiere Dios más que yo me conforme con lo que Su Majestad hace y, aunque lo procure, tenga quieta mi alma, que no esta caridad. Y ya que no lo hace, porque no ha llegádole el Señor a tanto, enhorabuena; mas entienda que le falta esta libertad de espíritu, y con esto se dispondrá para que el Señor se la dé, porque se la pedirá. Tiene una persona bien de comer, y aun sobrado; ofrécesele poder adquirir más hacienda: tomarlo, si se lo dan, enhorabuena, pase; mas procurarlo y, después de tenerlo, procurar más y más, tenga cuan buena intención quisiere (que sí debe tener, porque ­como he dicho­ son estas personas de oración y virtuosas), que no hayan miedo que suban a las moradas más juntas al Rey” (3M 2,4).

    • Siempre es mejor confesar nuestro pecado que justificarlo con engaños.
    • Benditas las contrariedades de la vida si nos ayudan a entender que nos falta libertad de espíritu para gozar de la amistad del Señor.
    • La ambición impide caminar los caminos del Evangelio. El desasimiento aligera nuestro equipaje y nos prepara para recibir los dones del Señor.  

25 de noviembre

“De esta manera es si se les ofrece algo de que los desprecien o quiten un poco de honra; que, aunque les hace Dios merced de que lo sufran bien muchas veces (porque es muy amigo de favorecer la virtud en público porque no padezca la misma virtud en que están tenidos, y aun será porque le han servido, que es muy bueno este Bien nuestro), allá les queda una inquietud que no se pueden valer, ni acaba de acabarse tan presto. ¡Válgame Dios! ¿No son éstos los que ha tanto que consideran cómo padeció el Señor y cuán bueno es padecer y aún lo desean? Querrían a todos tan concertados como ellos traen sus vidas, y plega a Dios que no piensen que la pena que tienen es de la culpa ajena y la hagan en su pensamiento meritoria” (3M 2,5).

    • ¿Es qué apoyar la vida? ¿Cómo entenderla? Solo el Señor es necesario. Todo lo demás es relativo.
    • Para ser felices tenemos que ir más allá del yo, que asfixia la vida, y apoyarnos en el amor fiel que el Señor nos tiene.
    • La oración florece donde hay quietud y paz, no donde hay inquietud.
    • El amor de contentar al Señor y la fe hacen posible lo que nos parece imposible, nos ayudan a salir de los enredos engañosos que nos llevan a culpabilizar a los demás y a no crecer como personas.