Días 05-11. Lectura continuada de Las Moradas de Santa Teresa

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5 de noviembre

“Razones son éstas para vencer los demonios. Mas ¡oh Señor y Dios mío! que la costumbre en las cosas de vanidad y el ver que todo el mundo trata de esto lo estraga todo. Porque está tan muerta la fe, que queremos más lo que vemos que lo que ella nos dice; y a la verdad, no vemos sino harta malaventura en los que se van tras estas cosas visibles. Mas eso han hecho estas cosas ponzoñosas que tratamos: que, como si a uno muerde una víbora se emponzoña todo y se hincha, así es acá; no nos guardamos; claro está que es menester muchas curas para sanar; y harta merced nos hace Dios, si no morimos de ello. Cierto, pasa el alma aquí grandes trabajos; en especial si entiende el demonio que tiene aparejo en su condición y costumbres para ir muy adelante, todo el infierno juntará para hacerle tornar a salir fuera” (2M5).

    • Necesitamos curar nuestra mentalidad, porque creemos más lo que vemos en el ambiente que lo que nos dice la fe.
    • La fe, y también la experiencia cuando la miramos en verdad, nos aporta porqués profundos, necesarios para dejar a un lado las cosas que no nos dan vida y quedar centrados en Dios.
    • Cuando creemos de verdad en Dios, sentimos la fuerza de vivir solo para Él. ¡Tanta es la diferencia entre lo que es Dios y lo que no es Él!
    • Dios está cerca de nuestra fragilidad; refuerza nuestros puntos débiles para que no salgamos de la interioridad donde acontece el encuentro con Él y donde damos el abrazo compasivo a todo lo humano. 

6 de noviembre

“¡Oh Señor mío!, aquí es menester vuestra ayuda, que sin ella no se puede hacer nada. Por vuestra misericordia no consintáis que esta alma sea engañada para dejar lo comenzado. Dadle luz para que vea cómo está en esto todo su bien, y para que se aparte de malas compañías; que grandísima cosa es tratar con los que tratan de esto; allegarse no sólo a los que viere en estos aposentos que él está, sino a los que entendiere que han entrado a los de más cerca; porque le será gran ayuda, y tanto los puede conversar, que le metan consigo. Siempre esté con aviso de no se dejar vencer; porque si el demonio le ve con una gran determinación de que antes perderá la vida y el descanso y todo lo que le ofrece que tornar a la pieza primera, muy más presto le dejará. Sea varón y no de los que se echaban a beber de bruces, cuando iban a la batalla, no me acuerdo con quién, sino que se determine que va a pelear con todos los demonios y que no hay mejores armas que las de la cruz” (2M 6).

    • El camino lo hacemos con Dios, sostenidos por su fuerza, alentados por su verdad. Si Él no viene con nosotros, fácilmente nos engañamos y volvemos hacia atrás los ojos.
    • Andamos mejor el camino cuando tratamos con amigos de Dios, que nos animan a poner los ojos en Jesús y a vivir el Evangelio como fuente de vida.
    • Justificar la pereza, el conformismo, el miedo es contrario al Espíritu Santo.
    • No olvidemos que esta vida es combate y que Dios adiestra nuestros dedos para la pelea.

7 de noviembre

“Aunque otras veces he dicho esto, importa tanto que lo torno a decir aquí: es que no se acuerde que hay regalos en esto que comienza, porque es muy baja manera de comenzar a labrar un tan precioso y grande edificio; y si comienzan sobre arena, darán con todo en el suelo; nunca acabarán de andar disgustados y tentados. Porque no son éstas las moradas adonde se llueve el maná; están más adelante, adonde todo sabe a lo que quiere un alma, porque no quiere sino lo que quiere Dios. Es cosa donosa que aún nos estamos con mil embarazos e imperfecciones y las virtudes que aun no saben andar, sino que ha poco que comenzaron a nacer, y aun plega a Dios estén comenzadas, ¿y no habemos vergüenza de querer gustos en la oración y quejarnos de sequedades? Nunca os acaezca, hermanas; abrazaos con la cruz que vuestro Esposo llevó sobre sí y entended que ésta ha de ser vuestra empresa; la que más pudiere padecer, que padezca más por El, y será la mejor librada. Lo demás, como cosa accesoria, si os lo diere el Señor dadle muchas gracias” (2M 7).

    • Consejos de una maestra de oración:
    • Buscar regalos en la oración y quejarnos de sequedades es como construir la casa sobre arena; todo puede acabar en el suelo.
    • Estar metidos en mil imperfecciones, con las virtudes sin saber todavía andar porque acaban de nacer, y pretender grandezas que nos superan, es desatino.
    • Los regalos vendrán más adelante, cuando todo sepa a lo que el alma quiere porque ya solo quiere lo que Dios quiere.
    • Lo más seguro es abrazarse a la cruz de cada día y llevarla con Jesús y por Él.
    • Y si Dios da algún regalo, agradecerlo y seguir adelante. 

8 de noviembre

“Pareceros ha que para los trabajos exteriores bien determinadas estáis, con que os regale Dios en lo interior. ­ Su Majestad sabe mejor lo que nos conviene; no hay para qué le aconsejar lo que nos ha de dar, que nos puede con razón decir, que no sabemos lo que pedimos. Toda la pretensión de quien comienza oración (y no se os olvide esto, que importa mucho) ha de ser trabajar y determinarse y disponerse con cuantas diligencias pueda a hacer su voluntad conformar con la de Dios; y ­como diré después estad muy cierta que en esto consiste toda la mayor perfección que se puede alcanzar en el camino espiritual: quien más perfectamente tuviere esto, más recibirá del Señor y más adelante está en este camino. No penséis que hay aquí más algarabías ni cosas no sabidas y entendidas, que en esto consiste todo nuestro bien. Pues si erramos en el principio, queriendo luego que el Señor haga la nuestra y que nos lleve como imaginamos, ¿qué firmeza puede llevar este edificio? Procuremos hacer lo que es en nosotros y guardarnos de estas sabandijas ponzoñosas; que muchas veces quiere el Señor que nos persigan malos pensamientos y nos aflijan, sin poderlos echar de nosotros, y sequedades; y aun algunas veces permite que nos muerdan, para que nos sepamos mejor guardar después y para probar si nos pesa mucho de haberle ofendido” (2M 8).

    • También en la oración se cuelan las ambiciones personales, las pretensiones de grandeza. Puestos de honor, búsqueda de gloria, deseo de que nuestro nombre esté en boca de muchos… todo es expresión de una sed confundida y de un seguimiento de Jesús mal entendido.
    • Llevamos tanto tiempo orando y no sabemos lo que pedimos. Jesús invita a desaprender, a entrar en la nube del no saber, para llegar a una alegría más sobria y humilde. La gloria y belleza de la fe es otra cosa, la obra del Espíritu tiene otra melodía, el triunfo de Jesús es más silencioso pero más real.
    • Nos habita una lógica que no es la de Jesús; si entra en el corazón de la oración estamos perdidos. Lo mejor: disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios y no la nuestra. Esta es la respuesta que Jesús prepara en nuestra interioridad y que tiene la frescura y novedad del Evangelio. El programa de los orantes es solo el Evangelio, de ahí nace una fuente de alegría.

9 de noviembre

“Por eso, no os desaniméis, si alguna vez cayereis, para dejar de procurar ir adelante; que aun de esa caída sacará Dios bien, como hace el que vende la triaca para probar si es buena, que bebe la ponzoña primero. Cuando no viésemos en otra cosa nuestra miseria y el gran daño que nos hace andar derramados, sino en esta batería que se pasa para tornarnos a recoger, bastaba. ¿Puede ser mayor mal que no nos hallemos en nuestra misma casa? ¿Qué esperanza podemos tener de hallar sosiego en otras cosas, pues en las propias no podemos sosegar? Sino que tan grandes y verdaderos amigos y parientes y con quien siempre, aunque no queramos, hemos de vivir, como son las potencias, ésas parece nos hacen la guerra, como sentidas de las que a ellas les han hecho nuestros vicios. ¡Paz, paz!, hermanas mías, dijo el Señor, y amonestó a sus Apóstoles tantas veces. Pues creedme, que si no la tenemos y procuramos en nuestra casa, que no la hallaremos en los extraños. Acábese ya esta guerra; por la sangre que derramó por nosotros lo pido yo a los que no han comenzado a entrar en sí; y a los que han comenzado, que no baste para hacerlos tornar atrás. Miren que es peor la recaída que la caída; ya ven su pérdida; confíen en la misericordia de Dios y nonada en sí, y verán cómo Su Majestad le lleva de unas moradas a otras y le mete en la tierra adonde estas fieras ni le puedan tocar ni cansar, sino que él las sujete a todas y burle de ellas, y goce de muchos más bienes que podría desear, aun en esta vida digo” (2M 9).

    • ¿Qué pasa cuando caemos? No es momento de desanimarnos ni de volver atrás, es momento de conocernos en la verdad y de seguir adelante.
    • En la paz y el sosiego de nuestra casa se interioriza la relación con Dios; ahí acontece el encuentro con Él.  
    • El saber que nos acompaña la misericordia de Dios nos hace avanzar confiadamente. Él es quien nos lleva, porque nos ama con un amor único y personal. Nos conduce hacia fuentes tranquilas y repara nuestras fuerzas.

10 de noviembre

“Porque ­como dije al principio­, os tengo escrito cómo os habéis de haber en estas turbaciones que aquí pone el demonio, y cómo no ha de ir a fuerza de brazos el comenzarse a recoger, sino con suavidad, para que podáis estar más continuamente, no lo diré aquí, más de que, de mi parecer hace mucho al caso tratar con personas experimentadas; porque en cosas que son necesario hacer, pensaréis que hay gran quiebra. Como no sea el dejarlo, todo lo guiará el Señor a nuestro provecho, aunque no hallemos quien nos enseñe; que para este mal no hay remedio si no se torna a comenzar, sino ir perdiendo poco a poco cada día más el alma, y aun plega a Dios que lo entienda” (2M 10).

    • Lo peor: dejar la oración. Retroceder es perder el camino. “Canta y camina. No te vuelvas atrás, no te detengas” (San Agustín).
    • La vida de oración es un lujo de confianza que Dios nos regala. Para toda crisis, para toda situación difícil, hay salida. Esperamos en Aquel que nos ha incluido en su cariño y nos ha sacado de las sombras de muerte.
    • Gran mal es un alma sola en medio de tantos peligros. Las personas experimentadas son una presencia alentadora en el camino, nos estimulan con su fuego y locura de amor, son los exploradores de la tierra nueva de Dios que nos dicen con gratuidad lo que han visto y oído. Arrimarse a ellos es una alegría, una tabla de salvación; ellos sacan de nosotros lo mejor.  

11 de noviembre

“Podría alguna pensar que si tanto mal es tornar atrás, que mejor será nunca comenzarlo, sino estarse fuera del castillo. ­ Ya os dije al principio, y el mismo Señor lo dice, que quien anda en el peligro en él perece, y que la puerta para entrar en este castillo es la oración. Pues pensar que hemos de entrar en el cielo y no entrar en nosotros, conociéndonos y considerando nuestra miseria y lo que debemos a Dios y pidiéndole muchas veces misericordia, es desatino. El mismo Señor dice: Ninguno subirá a mi Padre, sino por Mí; no sé si dice así, creo que sí; y quien me ve a Mí, ve a mi Padre. Pues si nunca le miramos ni consideramos lo que le debemos y la muerte que pasó por nosotros, no sé cómo le podemos conocer ni hacer obras en su servicio; porque la fe sin ellas y sin ir llegadas al valor de los merecimientos de Jesucristo, bien nuestro, ¿qué valor pueden tener? ¿Ni quién nos despertará a amar a este Señor?

    • Plega a Su Majestad nos dé a entender lo mucho que le costamos y cómo no es más el siervo que el Señor, y qué hemos menester obrar para gozar su gloria, y que para esto nos es necesario orar para no andar siempre en tentación” (2M 11).
    • No faltan dificultades y malentendidos para entrar en nuestra interioridad donde acontece el encuentro con Dios en una fiesta de silencio y de comunicación. Con todo, lo peor es dejar la oración. Quien anda en el peligro, en él perece. La puerta para entrar en nuestra interior morada  es la oración.
    • Cuando nos asomamos a nuestro interior, no nos acercamos a la nada. Dios nos espera en el centro de nuestra intimidad. En la interioridad tomamos conciencia de que estamos ante Dios. Él nos ve en lo escondido.