Días 15-21. Lectura continuada de Las Moradas de Santa Teresa

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15 de octubre

“Yo sé de una persona a quien quiso nuestro Señor mostrar cómo quedaba un alma cuando pecaba mortalmente. Dice aquella persona que le parece si lo entendiesen no sería posible ninguno pecar, aunque se pusiese a mayores trabajos que se pueden pensar por huir de las ocasiones. Y así le dio mucha gana que todos lo entendieran; y así os la dé a vosotras, hijas, de rogar mucho a Dios por los que están en este estado, todos hechos una oscuridad, y así son sus obras; porque así como de una fuente muy clara lo son todos los arroyicos que salen de ella, como es un alma que está en gracia, que de aquí le viene ser sus obras tan agradables a los ojos de Dios y de los hombres, porque proceden de esta fuente de vida, adonde el alma está como un árbol plantado en ella, que la frescura y fruto no tuviera si no le procediere de allí, que esto le sustenta y hace no secarse y que dé buen fruto; así el alma que por su culpa se aparta de esta fuente y se planta en otra de muy negrísima agua y de muy mal olor, todo lo que corre de ella es la misma desventura y suciedad” (1M 2,2).

    • El pecado es la pretensión de vivir al margen de Dios, de apartarse de la fuente. Es una quimera, querer ser luz sin entrar en contacto con la Luz, pretender amar sin acoger cada día el Amor.
    • Dios es una puerta abierta en la que podemos entrar, fuente de agua viva de la que podemos beber hasta saciarnos. Dios es siempre posibilidad de vida. La clave está en volver hacia Él la mirada y estar y vivir en su gracia.  
    • "La fe debe convertirse en una llama de amor que realmente encienda nuestro ser, debe convertirse en la gran pasión de nuestro ser y así podrá encender al prójimo: esta es la esencia de la evangelización".

16 de octubre

“Es de considerar aquí que la fuente y aquel sol resplandeciente que está en el centro del alma no pierde su resplandor y hermosura que siempre está dentro de ella, y cosa no puede quitar su hermosura. Mas si sobre un cristal que está al sol se pusiese un paño muy negro, claro está que, aunque el sol dé en él, no hará su claridad operación en el cristal” (1M 2,3).

    •  Dios no puede dejar de ser Dios. A nosotros nos toca dejarle ser Dios en nosotros.
    • Nuestro pecado nunca empaña la belleza y hermosura de Dios. Nunca es tarde para volver los ojos hacia Él. Volver a la Fuente, dejar que la Luz nos acaricie.
    • Dichosos los que, empujados por el Espíritu, sienten hoy el deseo de ir a beber de su Fuente y de exponerse sus tinieblas a su Luz.
    • “Lo que agrada a Dios es la confianza ciega en su misericordia”.

17 de octubre

“¡Oh almas redimidas por la sangre de Jesucristo! ¡Entendeos y habed lástima de vosotras! ¿Cómo es posible que entendiendo esto no procuráis quitar esta pez de este cristal? Mirad que, si se os acaba la vida, jamás tornaréis a gozar de esta luz. ¡Oh Jesús, qué es ver a un alma apartada de ella! ¡Cuáles quedan los pobres aposentos del castillo! ¡qué turbados andan los sentidos, que es la gente que vive en ellos! Y las potencias, que son los alcaides y mayordomos y maestresalas, ¡con qué ceguedad, con qué mal gobierno! En fin, como adonde está !plantado el árbol que es el demonio, ¿qué fruto puede dar?” (1M 2,4).

    • ¡Qué grande es redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo del encuentro con Cristo!
    • Nuestro desierto puede ser regado por el agua de la vida. Nuestra soledad puede ser saciada por la amistad de Jesús.
    • Es posible darle un vuelco a nuestra vida. Basta ponernos en camino hacia Jesús.

18 de octubre

“Oí una vez a un hombre espiritual que no se espantaba de cosas que hiciese uno que está en pecado mortal, sino de lo que no hacía. Dios por su misericordia nos libre de tan gran mal, que no hay cosa mientras vivimos que merezca este nombre de mal, sino ésta, pues acarrea males eternos para sin fin. Esto es, hijas, de lo que hemos de andar temerosas y lo que hemos de pedir a Dios en nuestras oraciones; porque, si El no guarda la ciudad, en vano trabajaremos, pues somos la misma vanidad.

Decía aquella persona que había sacado dos cosas de la merced que Dios le hizo: la una, un temor grandísimo de ofenderle, y así siempre le andaba suplicando no la dejase caer, viendo tan terribles daños; la segunda, un espejo para la humildad, mirando cómo cosa buena que hagamos no viene su principio de nosotros, sino de esta fuente adonde está plantado este árbol de nuestras almas, y de este sol que da calor a nuestras obras. Dice que se le representó esto tan claro, que en haciendo alguna cosa buena o viéndola hacer, acudía a su principio y entendía cómo sin esta ayuda no podíamos nada; y de aquí le procedía ir luego a alabar a Dios y, lo más ordinario, no se acordar de sí en cosa buena que hiciese” (1M 2,5).

    • El Espíritu de la verdad nos empuja a enfrentarnos con las sombras de muerte que llevamos dentro, sin mirar hacia otra parte. Dios nos atrae para entender las verdades. 
    • Es una gran merced de Dios ver nuestro pecado; en él se acuna la misericordia de Dios.
    • La humildad nos ayuda a entender que todo bien viene de Dios. Sin Él no podemos nada. Él es la fuente de toda santidad.
    • De ahí nace la alabanza, como el mejor de los frutos de nuestra tierra. “La gloria de Dios es que el hombre viva”.

19 de octubre

“No sería tiempo perdido, hermanas, el que gastaseis en leer esto ni yo en escribirlo, si quedásemos con estas dos cosas, que los letrados y entendidos muy bien las saben, mas nuestra torpeza de las mujeres todo lo ha menester; y así por ventura quiere el Señor que vengan a nuestra noticia semejantes comparaciones. Plega a su bondad nos dé gracia para ello” (1M 2,6).

    •  Para caminar mejor el camino son necesarias dos cosas: temor para no caer en el pecado y humildad para entender que todo lo bueno nace de Dios. En la oración se entienden estas verdades.
    • Nuestra riqueza, nuestra gran dignidad y hermosura pueden perderse.
    • El encuentro con Jesús nos transforma. La oración genera novedad.

20 de octubre

“Son tan oscuras de entender estas cosas interiores, que a quien tan poco sabe como yo, forzado habrá de decir muchas cosas superfluas y aun desatinadas para decir alguna que acierte. Es menester tenga paciencia quien lo leyere, pues yo la tengo para escribir lo que no sé; que, cierto algunas veces tomo el papel como una cosa boba, que ni sé qué decir ni cómo comenzar. Bien entiendo que es cosa importante para vosotras declarar algunas interiores, como pudiere; porque siempre oímos cuán buena es la oración, y tenemos de constitución tenerla tantas horas, y no se nos declara más de lo que podemos nosotras; y de cosas que obra el Señor en un alma declárase poco, digo sobrenatural. Diciéndose y dándose a entender de muchas maneras, sernos ha mucho consuelo considerar este artificio celestial interior tan poco entendido de los mortales aunque vayan muchos por él. Y aunque en otras cosas que he escrito ha dado el Señor algo a entender, entiendo que algunas no las había entendido como después acá, en especial de las más dificultosas. El trabajo es que para llegar a ellas ­como he dicho­ se habrán de decir muchas muy sabidas porque no puede ser menos para mi rudo ingenio” (1M 2,7).

    • Dios recrea al ser humano por dentro, saca lo mejor de nosotros. No somos el centro, Él es el protagonista de nuestra historia. Mucho más decisivo de lo que nosotros hacemos, es lo que Él hace.
    • La presencia de Jesús en nuestra interioridad es camino, verdad, vida. Él en nosotros hace posible lo imposible.
    • ¡Manos a la obra! El Señor quiere hacer grandes obras en nosotros. Y cuando el Señor da ánimos, poco valen las dificultades!

21 de octubre

“Pues tornemos ahora a nuestro castillo de muchas moradas. No habéis de entender estas moradas una en pos de otra, como cosa en hilada, sino poned los ojos en el centro, que es la pieza o palacio adonde está el rey, y considerar como un palmito, que para llegar a lo que es de comer tiene muchas coberturas que todo lo sabroso cercan. Así acá, enrededor de esta pieza están muchas, y encima lo mismo. Porque las cosas del alma siempre se han de considerar con plenitud y anchura y grandeza, pues no le levantan nada, que capaz es de mucho más que podremos considerar, y a todas partes de ella se comunica este sol que está en este palacio. Esto importa mucho a cualquier alma que tenga oración, poca o mucha, que no la arrincone ni apriete. Déjela andar por estas moradas, arriba y abajo y a los lados, pues Dios la dio tan gran dignidad; no se estruje en estar mucho tiempo en una pieza sola. ¡Oh que si es en el propio conocimiento! Que con cuán necesario es esto (miren que me entiendan), aun a las que las tiene el Señor en la misma morada que El está, que jamás ­por encumbrada que esté­ le cumple otra cosa ni podrá aunque quiera; que la humildad siempre labra como la abeja en la colmena la miel, que sin esto todo va perdido. Mas consideremos que la abeja no deja de salir a volar para traer flores; así el alma en el propio conocimiento, créame y vuele algunas veces a considerar la grandeza y majestad de su Dios. Aquí hallará su bajeza mejor que en sí misma, y más libre de las sabandijas adonde entran en las primeras piezas, que es el propio conocimiento; que aunque, como digo, es harta misericordia de Dios que se ejercite en esto, tanto es lo de más como lo de menos ­suelen decir­. Y créanme, que con la virtud de Dios obraremos muy mejor virtud que muy atadas a nuestra tierra” (1M 2,8).

    • Los ojos en Jesús, que está en el más profundo centro del alma. “Mira que te mira”.
    • Los ojos en la dignidad y belleza de nuestra interioridad. Nada de encogimientos y apreturas. El camino se ha de andar con alegría y libertad.
    • El propio conocimiento es el pan con que hemos de comer todos los manjares, pero, aún así, ayuda mucho más considerar la grandeza de Dios. Aquí hallamos lo que somos mucho mejor que mirándonos solo a nosotros. 
    • Con la alegría de Dios tocando nuestra tierra, rezuman nuestros páramos, danzan nuestras colinas.