Días 1-7. Lectura continuada de Las Moradas de Santa Teresa

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1 de octubre

“Pocas cosas que me ha mandado la obediencia, se me han hecho tan dificultosas como escribir ahora cosas de oración; lo uno, porque no me parece me da el Señor espíritu para hacerlo ni deseo; lo otro, por tener la cabeza tres meses ha con un ruido y flaqueza tan grande, que aun los negocios forzosos escribo con pena. Mas, entendiendo que la fuerza de la obediencia suele allanar cosas que parecen imposibles, la voluntad se determina a hacerlo muy de buena gana, aunque el natural parece que se aflige mucho; porque no me ha dado el Señor tanta virtud que el pelear con la enfermedad continua y con ocupaciones de muchas maneras se pueda hacer sin gran contradicción suya. Hágalo el que ha hecho otras cosas más dificultosas por hacerme merced, en cuya misericordia confío” (Prólogo 1).

    • La obediencia: una forma de caminar con el oído abierto para descubrir lo que Dios quiere de nosotros. Es propia de gente humilde, muy verdadera.
    • Sin espíritu y sin deseo, con el dolor haciendo ruido en los adentros y con flaqueza grande, ¿es posible comenzar algo? Parece que sí. Es cuestión de intentarlo.
    • Lo que parece imposible para nosotros, es posible para Dios. En su nombre es posible determinarse a iniciar un camino de fe. ¿De muy buena gana? Parece que sí, sorprendentemente. Aunque con contradicción, también hay que decirlo. 
    • Es hora de confiar en Dios. Él hace maravillas con nuestra nada. ¡Bendito seas!

2 de octubre

“Bien creo he de saber decir poco más que lo que he dicho en otras cosas que me han mandado escribir, antes temo que han de ser casi todas las mismas; porque así como los pájaros que enseñan a hablar no saben más de lo que les muestran u oyen, y esto repiten muchas veces, soy yo al pie de la letra. Si el Señor quisiere diga algo nuevo, Su Majestad lo dará o será servido traerme a la memoria lo que otras veces he dicho, que aun con esto me contentaría, por tenerla tan mala que me holgaría de atinar a algunas cosas que decían estaban bien dichas, por si se hubieren perdido. Si tampoco me diere el Señor esto, con cansarme y acrecentar el mal de cabeza por obediencia, quedaré con ganancia, aunque de lo que dijere no se saque ningún provecho” (Prólogo 2).

    •  Es verdad que casi siempre repetimos las mismas cosas. Pero el Espíritu pone la música y, con Él, nada es lo mismo. La brisa y la materia andan ya juntas.
    • Lo nuevo viene de Dios, que es la eterna novedad y belleza.  De su fuente brota un cantar nuevo, siempre nuevo, envuelto en alegría.
    • La belleza de las cosas no viene de fuera, del mayor o menor éxito que puedan tener. Lo que sale del alma lleva la música de Dios. Con eso basta.

3 de octubre

“Y así, comienzo a cumplirla hoy, día de la Santísima Trinidad, año de 1577 en este monasterio de San José del Carmen en Toledo adonde al presente estoy, sujetándome en todo lo que dijere al parecer de quien me lo manda escribir, que son personas de grandes letras. Si alguna cosa dijere que no vaya conforme a lo que tiene la santa Iglesia Católica Romana, será por ignorancia y no por malicia. Esto se puede tener por cierto, y que siempre estoy y estaré sujeta por la bondad de Dios, y lo he estado a ella. Sea por siempre bendito, amén, y glorificado” (Prólogo 3).

    •  Las distancias más largas se acortan cuando damos un paso. La luz se agranda sobremanera cuando lo intuido se lleva a la práctica.  
    • Comenzarlo todo en el amor (Trinidad) es dar visibilidad al proyecto de Dios.
    • Siempre en comunión profunda con la Iglesia.
    • Para gloria de Dios, que es la que limpia nuestras acciones del orgullo.

4 de octubre

“Díjome quien me mandó escribir que como estas monjas de estos monasterios de nuestra Señora del Carmen tienen necesidad de quien algunas dudas de oración las declare, y que le parecía que mejor se entienden el lenguaje unas mujeres de otras, y con el amor que me tienen les haría más al caso lo que yo les dijese, tiene entendido por esta causa será de alguna importancia, si se acierta a decir alguna cosa; y por esto iré hablando con ellas en lo que escribiré, y porque parece desatino pensar que puede hacer al caso a otras personas. Harta merced me hará nuestro Señor, si alguna de ellas se aprovechare para alabarle algún poquito más: bien sabe Su Majestad que yo no pretendo otra cosa; y está muy claro que, cuando algo se atinare a decir, entenderán no es mío, pues no hay causa para ello, si no fuere tener tan poco entendimiento como yo habilidad para cosas semejantes, si el Señor por su misericordia no la da” (Prólogo 4).

    • A la fuente hay que ir con sed. A esta experiencia de oración, hay que ir con preguntas. Aclararse en este lenguaje misterioso de la oración es vital para andar el camino con alegría y libertad.
    • Es una mujer la que habla de estas cosas. Todo un lujo, demasiado poco conocido.
    • Entra en juego el diálogo en el amor. Sin él, ¡qué difícil es entenderse en las cosas de Dios y del alma!
    •  La dignidad de la persona lo justifica todo. Con que una sola persona se aproveche, tiene sentido todo el esfuerzo.
    •  A nosotros nos toca dejar pasar la gracia. Dios es la fuente de todo. A Él la gloria por los siglos. Amén.

5 de octubre

“Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí, porque yo no atinaba a cosa que decir ni cómo comenzar a cumplir esta obediencia, se me ofreció lo que ahora diré, para comenzar con algún fundamento: que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice Él tiene sus deleites. Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues Él mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza.

Pues si esto es, como lo es, no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo; porque puesto que hay la diferencia de él a Dios que del Criador a la criatura, pues es criatura, basta decir Su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima” (IM 1,1).

    • “Que el Señor hable por mí”. Que su música se exprese por medio de nuestra danza. Ahí empieza la dignidad y belleza del ser humano.
    • Nada de oscuridad. Somos un paraíso donde Dios se deleita. 
    • Cada persona es aposento de Dios, que es tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes. De ahí la gran hermosura y capacidad del alma, creada a imagen y semejanza de Dios.
    • Entrar dentro de nosotros es la hermosa tarea que tenemos delante. La interioridad es paradigma de encuentro, lugar del abrazo.  

6 de octubre

“No es pequeña lástima y confusión que, por nuestra culpa, no entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos. ¿No sería gran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es, y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra? Pues si esto sería gran bestialidad, sin comparación es mayor la que hay en nosotras cuando no procuramos saber qué cosa somos, sino que nos detenemos en estos cuerpos, y así a bulto, porque lo hemos oído y porque nos lo dice la fe, sabemos que tenemos almas. Mas qué bienes puede haber en esta alma o quién está dentro en esta alma o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos; y así se tiene en tan poco procurar con todo cuidado conservar su hermosura: todo se nos va en la grosería del engaste o cerca de este castillo, que son estos cuerpos” (IM 1,2)

    • Quién me vive por dentro o la urgencia de vivir una fuerte experiencia teologal.
    • Nada de ignorancias cómodas. Prestarnos atención lleva a un tiempo de gracia. No saber quiénes somos es la primera razón por la que sufrimos.  
    • De perdidos, a encontrados. Considerar, una y otra vez, la hermosura y dignidad que nos habita es una forma maravillosa de cuidarnos.

7 de octubre

“Pues consideremos que este castillo tiene ­como he dicho muchas moradas, unas en lo alto, otras embajo, otras a los lados; y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma.

Es menester que vayáis advertidas a esta comparación. Quizá será Dios servido pueda por ella daros algo a entender de las mercedes que es Dios servido hacer a las almas y las diferencias que hay en ellas, hasta donde yo hubiere entendido que es posible; que todas será imposible entenderlas nadie, según son muchas, cuánto más quien es tan ruin como yo; porque os será gran consuelo, cuando el Señor os las hiciere, saber que es posible; y a quien no, para alabar su gran bondad; que así como no nos hace daño considerar las cosas que hay en el cielo y lo que gozan los bienaventurados, antes nos alegramos y procuramos alcanzar lo que ellos gozan, tampoco nos hará ver que es posible en este destierro comunicarse un tan gran Dios con unos gusanos tan llenos de mal olor; y amar una bondad tan buena y una misericordia tan sin tasa. Tengo por cierto que a quien hiciere daño entender que es posible hacer Dios esta merced en este destierro, que estará muy falta de humildad y del amor del prójimo; porque si esto no es, ¿cómo nos podemos dejar de holgar de que haga Dios estas mercedes a un hermano nuestro, pues no impide para hacérnoslas a nosotras, y de que Su Majestad dé a entender sus grandezas, sea en quien fuere? Que algunas veces será sólo por mostrarlas, como dijo del ciego que dio vista, cuando le preguntaron los apóstoles si era por sus pecados o de sus padres. Y así acaece no las hacer por ser más santos a quien las hace que a los que no, sino porque se conozca su grandeza, como vemos en San Pablo y la Magdalena, y para que nosotros le alabemos en sus criaturas” (IM 1,3).

    • Esconderse para el encuentro. Dentro de nosotros está el Reino. En la interioridad acontecen las cosas de mucho secreto entre Dios y nosotros.
    •  Lo importante: saber que Dios hace maravillas. En reconocerlas está nuestra alegría.
    • Lo que nos deja asombrados: Que Dios quiera comunicarse con nosotros. No solo pensar en Dios, sino hablar con Él y amar una bondad tan buena y una misericordia tan sin tasa.
    • Un deseo limpio: Que Dios dé a entender sus grandezas sea a quien sea.
    • Con Dios por medio, todo termina en alabanza.