Escuela de grandes orantes: Decálogo de la Oración palautiana

1. Orar es elevar el corazón hacia Dios.

Elevar a Dios nuestros pensamientos, esto es oración. Nuestra alma ha sido criada para contemplar, ver y mirar a Dios. De las veinticuatro horas ¿no tenemos una destinada a ordenar los pensamientos y dirigir una mirada a Dios, a Dios que nos mira, a Dios que no nos olvida, a Dios que desde allá en su eternidad piensa en nosotros? MM 550

2. La oración es un don de Dios, por lo que el hombre debe pedirlo como un mendigo.

Sea rico o sea pobre, el hombre ante Dios siempre será un mendigo.

Ora y espera en la gracia y bondad de mi Padre. MR 959,14

Es muy justo que le reconozcamos por dador de todos los bienes. Por esto ha dispuesto Dios en su providencia no comunicarnos sus dones sino es que se los pidamos. Lucha 101,7

3. La oración es un ejercicio de recogimiento interior. Hay que entrar en el propio corazón evitando la dispersión para encontrarnos con Cristo, Maestro interior.

La obra grande de Dios en el hombre se labra en el interior. Cta 38,2

Entre en el templo de su alma; póngase allí en silencio y escuche la voz de su rey, que desde el trono del altar que hay en el fondo de su corazón, le habla siempre. Cta 1,2

Ordena todas tus fuerzas a la oración. Cta 40,2

4. La oración es el encuentro con la voluntad de Dios.

Orar para no resistirse a la voluntad de Dios. Orar para abandonar mi vida en las manos de Dios, sabiendo que es él quien me capacita para cumplir su voluntad.

Adoremos los designios de Dios y de su providencia y respetémoslos. Cta 38,5

Pide en la oración que se cumplan en ti los decretos de su sabiduría, que se haga su voluntad soberana que rija todos tus pasos y que te proteja. Cta 39,9

Orar es querer lo que Dios quiere y no querer lo que no quiere. Cta 42,1

5. La oración es el deseo enamorado de Dios.

Es parte de la oración continua. Nunca se deja de orar si nunca se deja de desear a Dios.

Has de principiar en la meditación de Jesús crucificado, mirando en su cuerpo físico el místico y moral de toda su Iglesia, y siendo tú amiga suya y amante suya. Cta 38,11

El Hijo de Dios es tu cosa amada y tu amante, es el objeto de tu vista y de tus miradas. Cta 74,4

6. Orar es sentirse Iglesia y comunidad. El cristiano nunca está solo porque forma parte del misterio de la Iglesia, del Cuerpo de Cristo.

Es la voluntad de Dios que te emplees en la oración al bien del mundo. Cta 39,8

Descuidada de ti misma pasa a meditar las llagas del cuerpo moral de Jesús, y ofrécete como víctima para cuanto quiera y exija de ti. Cta 41,2

Cuidad, Señor, de mí y yo cuidaré de Vos, yo me ocuparé toda entera al bien de vuestro cuerpo místico que es la Iglesia. Cta 42,4

Continúa mirando en Jesús el cuerpo de su Iglesia, y trátale no como una persona e individuo solo, sino como cabeza de un cuerpo moral que es la Iglesia. Cta 81,3

7. La oración es un ejercicio de amor.

Orar es amar y dejarse amar por Dios. Es dejarse transformar por el mismo Dios en la oración, por el fuego de su amor, llenándose de Dios. Todas las cosas de relativizan cuando, desde la oración se ama profundamente a Cristo.

Jesús es vuestra cosa amada. Vuestro corazón ha sido fabricado para amar y para amar a El solo. Cta 88,6

Yo soy los prójimos unidos entre sí por amor bajo Cristo, mi Cabeza, y cuando estás con ellos estás conmigo y yo en ti. MR 793,1

En la oración me tendrás a mí, y yo soy para ti todas las cosas; todo lo tendrás teniéndome a mi. MR 830,7

No quiero otra cosa más que tu corazón, y con él tu amor, tu querer y tu voluntad. MR 843,26

8. La oración es diálogo amoroso con Dios.

Se dialoga escuchando y respondiendo a la Palabra de Dios. Se dialoga para encontrar a Dios y se le encuentra para seguirlo buscando con mayor amor.

Si estoy solo, tú eres mi compañía, y si estoy solo con los pueblos, ellos formados en cuerpo moral son tu cuerpo; guíame tú en mi peregrinación sobre la tierra. ¡Abre, paloma mía, los brazos y deja reposar en tu seno a este hijo que te ama y suspira por ti! MR 795,3

Ya todo lo tengo con tu presencia, nada me falta teniéndote a ti. MR 826,3

9. La oración es ejercicio de humildad, que parte del conocimiento propio frente a Dios.

Tengo mucha oscuridad y quisiera más luz. Lucha 123, 46

Señor, vuestra misericordia y la fe de la Iglesia suplan por mi incredulidad. Lucha 156, 41

Cuando tu corazón esté abatido por el peso de tus miserias y tu entendimiento oscurecido por las tinieblas de la vida, yo vendré para renovar nuestro contrato de amor. MR 832,11

10. La oración es obra del Espíritu Santo que clama en nuestro interior para orar ante Dios.

El Espíritu Santo no abandona un alma que ha tomado ya por suya. Cta 67,2

El hombre ni puede ni sabe pedir, ni entiende lo que ha de pedir, ni el cómo ni el cuándo. Sólo pide bien y debidamente y con la fe necesaria cuando el Espíritu Santo, que conoce y sabe las necesidades, pide en nuestros corazones. Lucha 137, 19

Venid, oh Santo Espíritu y vivificad mi corazón. Dirigid Vos mi voluntad y deseos. Hablad y pedid Vos en mi. Lucha 137,19