17: Y Líbranos del mal

«Padre..., haz que no entremos en tentación; más aún, líbranos del Maligno (o del mal)». Pedimos al Padre que venga en nuestra ayuda, porque se encuentra amenazada nuestra identidad de «discí­pulos de Jesús», de «hijos del reino» y de «hijos de Dios».

En la petición anterior imploramos la ayuda divina para la hora de la tentación; en ésta insistimos en el peligro de la seducción y del poder del Seductor,  pedimos una ayuda inmediata,  eficaz...

a. El verbo «rhúomai» “Líbranos” 

Expresa una liberación.  Se le añade  valores enfáticos, según cada contexto: liberar a alguien sacándolo a la fuerza de una situación peligrosa, arrancándolo del poder de un adversario terrible y dominador, salvándolo a tiempo de un peligro inmi­nente (cf. Lc 1, 74; Mt 27, 43; 1 Tes 1, 10; Rom 7, 24; 2 Cor 1, 10; Col 1, 13 ... ).

«En mi primera defensa (ante el tribunal), nadie me asistió; todos me abandonaron. Que Dios los perdone. El Señor me asistió y confortó..., y así fui librado de la boca del león. El Señor me librará de todo mal y me dará la salvación en su reino celestial» (2 Tim 4,16-18).

La imagen que emplea Pablo es la de una fiera con la que uno se encuentra cara a cara, dispuesta a saltar sobre nosotros y a la que le es arrebatada la presa en el último momento...

Sigue en la Ficha 17

Documentación: F. 17. Y LÍBRANOS DEL MAL