Las cigüeñas... amar con todo el corazón

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Al sur de Salamanca, en la provincia de Cáceres, descubre el viajero pintorescos y curiosos nidos de cigüeña en lugares sorprendentes: no ya en las espadañas y campanarios de las iglesias, no. También los postes de la luz están coronados de nidos e, incluso, algunas señales de tráfico. La cigüeña es experta en eso que uno bien desearía para sí: saber hacer el nido en cualquier lugar, saber acoger la vida y centrarse incluso en lo incómodo. Aprovechando todo lo reciclable para la vida que llega.

Hace tres o cuatro meses pusieron sus huevos las cigüeñas y se ve ya la inquieta cabeza de las crías a punto para el despegue. Asoman la cabeza oteando el horizonte. La incertidumbre no puede más que el ansia de volar y salir. 

El miedo a lo que uno encontrará, el miedo a fracasar en la empresa, puede paralizarnos. De tiempo en tiempo se nos recuerda este miedo fundamental, porque nuestra confianza es débil, por algún fracaso olvidado, porque hemos fallado un penalti que era clave, etc. 

Ahí está la madre, con su gran corazón, para echar a volar la vida. No sabemos qué pasa por el corazón de la cigüeña madre cuando sus crías se van. De las madres humanas sabemos algo. Ese sufrimiento callado y dador de vida es la esencia de nuestras vidas y de nuestros vuelos. Aunque ellas queden atrás mientras nosotros volamos hacia lo desconocido. también a nosotros nos toca ser madres en el vuelo de otros... echar a volar la vida. 

Este mes de junio dedicado al Corazón de Jesús, recordamos la entrega de Cristo, para que volemos, para que salgamos de nosotros. La alegría no está en lo que queda atrás, sino en lo que está por delante. No hay amor más grande que éste de partirse por los demás. Hoy celebramos el corazón partido de Cristo, un amor paciente, capaz de esperar siempre. 

¡Qué diferente imagen de Dios la que se encierra en un amor que busca la vida de cada uno, que vive de regalarnos su sangre, y no de que vivamos angustiados! La alegría de Dios es nuestro vuelo.