Un regalo inesperado

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 En muchas ocasiones lo que no esperas te sorprende regalándote la vida... 

Vengo de viaje por tierras de Castilla, por la autovía que lleva de Valladolid a Palencia, enredado en mis propios pensamientos, sin un punto fijo. Tal vez algo preocupado por algún problemilla pegajoso. 

Pero, en un momento determinado, entra por la ventana del coche el olor de la retama florecida regalándome su fragancia y despertándome. 

Como si la retama contuviera algún extraño poder, me libera de mis propios pensamientos, para traerme la agradable sensación de su perfume. 

Es verdad que algunas de las cosas más hermosas que a uno le han pasado en la vida han sido tan inesperadas como ese olor despertador. Un verdadero regalo.

 Hoy hace años que inicié otro viaje, otro camino, el del sacerdocio. Hace diez años, un 23 de junio. Mirando atrás, veo que lo mejor de este peregrinaje ha sido, con mucho, lo inesperado, lo que no imaginaba. El olor de las vidas compartidas, encontradas sin buscarlas, y tanto como en cada una se me ha brindado y entregado. 

Ahora me dispongo para seguir mi viaje, para acoger, no sólo el buen olor agradable de cada flor, sino también las espinas, que igualmente te espabilan, y el olor de la retama que anima y deleita. 

¡Qué bien si acertáramos a abrirnos a lo que no esperamos, para disfrutar de la vida a cada paso, sin tanta angustia! 

¡Feliz viaje a todos!