La promesa, la tierra y el Espíritu de la Biblia, ¿en “Las Fundaciones de Santa Teresa?

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Secundino Castro                                         

En la Biblia la Promesa está ligada a la Tierra. La llamada a Abraham (Gn 12,1-3. 7) y a los patriarcas va dirigida a la posesión de una tierra, y la tierra está enseguida vinculada al culto de Dios. De hecho los lugares recorridos por Abraham y los patriarcas se van señalando con algunos santuarios y con nombres teóforos: (Sikem, Moreh, Betel (Gn 21,6.8). Pero, si nos adelantamos un poco en el tiempo, observaremos que la tierra fue creada por Dios para que el hombre la habitara, es su lugar, como el cielo, es el de Dios. Así resulta que la tierra es el reverso del cielo, su eco, y el hombre, el icono de Dios (Gn 1-2). Pero el pecado desvirtuó este primer proyecto divino. El hombre se negó a ser icono, quiso ser la realidad, y la tierra quedo violentada por este acto de rebeldía, ya no era el eco del cielo (Gn 3). La llamada a Abraham a poseer la tierra tiene por objeto reconstruir el presupuesto primero (Gn 12,1-3).

Abraham, tiene que salir de un pueblo de ídolos (Js 24,2), símbolo del fin de aquella rebeldía. Abraham, en su fidelidad al Dios que le llama, retornará las cosas a su ser primero (Gn 22). La tierra volverá a ser un don para el hombre. Pero en ese don él tendrá que colaborar. El primer aspecto lo recalca el libro de Josué: la conquista la hizo sólo Dios; y el segundo, el libro de los Jueces: la conquista la hizo Dios, pero con gran esfuerzo del hombre. La promesa ahora debe tornar a sus orígenes. Es lo que también aconteció con el evangelio.

Pues bien, también en Teresa las fundaciones significan la realización de la promesa: “Espera un poco, hija, y verás grandes cosas” (F 1,8). La tierra va a ser el lugar privilegiado donde se va a realizar en plenitud, y con múltiples y diversas perspectivas, el carisma: los conventos, santuarios cristóforos, con nombres alusivos a los misterios cristianos, en medio de otra Canaán, donde se dará culto al Señor. Pero también en Teresa existirá una aproximación al proceso bíblico. Así la fundación de San José (V 32-36) puede compararse con la formación del pueblo por parte de Moisés (Éx). No se olvide que la fundación de San José, no forma parte del libro dela Fundaciones, está ligada ala Autobiografía(V 32-36), donde Teresa conecta con el Génesis y el Éxodo. El nuevo pueblo teresiano será conducido a la nueva tierra en el asentamiento de las fundaciones. Y aquí Teresa asumirá las funciones de Josué y de Jueces, y si nuestra mirada se torna al Nuevo Testamento, las de los Hechos y Pablo.

Por lo que se refiere a Josué y Jueces, veremos que las fundaciones teresianas, aunque cada una de ellas es toda una proeza de orfebrería divino humana con su propia identidad, en todas se da ese doble elemento: Dios interviene y derriba todos los obstáculos, y así contemplado, todo lo ha hecho Dios (Josué); pero visto desde el ángulo histórico, han sido necesarios no pocos protagonistas y esfuerzos a veces titánicos (Jueces). Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, también como en los Hechos de los Apóstoles diversas comunidades se van prolongando en otras bajo la guía de Teresa, que en sus cartas, al igual que Pablo, va notando con sorpresa cómo nuevas gracias acrecientan el carisma.

Sería bello analizar pormenorizadamente cada una de las fundaciones desde estos ángulos. Sobre Dios, que reduce a nada todos los obstáculos, bastaría aquel párrafo vibrante de Teresa: “Que ahora que lo voy escribiendo, me estoy espantando y deseando que nuestro Señor dé a entender a todos cómo en estas fundaciones no es casi nada lo que hemos hecho las criaturas” (F 13,7); o aquel otro: “A donde se entenderá muchas veces no ser yo quien hace nada en estas fundaciones, sino quien es poderoso para todo” (F 29,5). Aquí estaríamos en la línea de Josué. Pero, por otra parte, escribe: “Que ninguna fundación ha querido el Señor que se haga sin mucho trabajo mío, unos de una manera, otros de otra” (F 24, 15); y en otro lugar sobre esto mismo, dice: “Porque el mismo Señor, como se ha visto en las demás fundaciones, toma en cada parte quien le ayude, que ya ve Su Majestad lo poco que yo puedo hacer” (F 29,8). Y ahora será la perspectiva de los Jueces con la que contempla la obra. Por otra parte, sus fundaciones le recuerdan ala Iglesiaprimitiva: “Es verdad que me parecía cosa de la primitiva iglesia” (F 29,27).

 A lo largo de las Fundaciones se pueden encontrar numerosas observaciones de Teresa, bien ponderando la acción de Dios, bien, la de sus muchos colaboradores. En esta narración se pueden individuar no pocos párrafos que las conexionan con los textos bíblicos, casi paralelos literariamente. Veamos uno. Hablando de este proceso de evangelización, escribe Pablo: “Peligros en ciudad, peligros en despoblado, peligros por mar, peligros entre falsos hermanos, trabajo y fatiga, noches sin dormir, muchas veces, hambre y sed, muchos días sin comer, frío y desnudez” (2Cor 11,26-27), y añade Teresa: “No pongo en estas fundaciones los grandes trabajos de los caminos, con frío, con soles, con nieves, que venía vez no cesarnos en todo el día de nevar, otras perder el camino, otras con hartos males y calenturas” (F 18,4). Por lo demás, todos los elementos que señala Pablo pueden encontrarse a lo largo del libro de Fundaciones.

El protagonismo del Espíritu

Como se sabe, la obra de difusión del cristianismo fuera de Jerusalén tiene lugar después de la llegada del Espíritu, que se derrama sobre el nuevo pueblo (Hch 2). Algo parecido sucede en el Antiguo Testamento, en el que también recae sobre el grupo dirigente de Moisés (Nm 11,24-25) y sobre Josué (Nm 27,18; Dt 34,9). Por otra parte, los momentos más carismáticos se pueden encontrar en el libro de los Jueces (Jc 6,34; 11,29; 13,25). El asentamiento en la tierra está vinculado al Espíritu (1S 10,5-7).

¿Se da algún paralelismo con las fundaciones de Teresa? Parece que sí. En efecto, ya hemos dicho, que la fundación de San José coincide con la formación del pueblo, del que va a partir el asentamiento en la tierra. También Teresa partirá de su grupito de San José. Y en una de sus ermitas tendrá lugar la gran recepción del Espíritu (V 38, 8-11). Se puede decir que en San José se constituyó el nuevo pueblo, allí se le dio la nueva ley, el Camino de Perfección, y allí a través de Teresa recibió el don del Espíritu.

La tierra como sorpresa

 Es otro rasgo de conexión entre Fundaciones y la historia de salvación. Ya Moisés tenía sus perplejidades acerca de cómo conducir a su pueblo. En momentos de dificultad se dirigía a Dios y le recordaba que aquel pueblo era suyo (de Dios), que a él le correspondía cuidarlo (Nm 11,10-15). Algo muy similar dirá Teresa cuando se vea obligada a dejar solas al grupito de San José: “Señor, esta casa no es mía; por Vos se ha hecho; ahora que no hay nadie que negocie, hágalo Vuestra Majestad” (V 36,17). A lo largo de las fundaciones en numerosas ocasiones también Teresa se sentirá sin fuerzas como alguno de los jueces antes de comenzar la batalla, y muchas veces observará que Dios se vale de lo que aparentemente no cuenta. Así,  la historia de Gedeón (Jc 6-8) se podrá ver reflejada en no pocos momentos del libro de Teresa (F 15, 6-8); también será posible distinguir el canto de Débora (Jc 4,4-10; 5) cuando Teresa se muestre más fuerte que los poderosos como acontecerá en el caso de la fundación de Toledo (F 15,5), y en otros diversos momentos.

Siempre mirando a la alianza

A lo largo del asentamiento de las tribus, siempre la mirada estará fija enla Leycomo punto de referencia (Js 1,2-8). En este sentido, sabemos que al final del asentamiento Josué propone a todas las tribus la renovación de la alianza (Js 24). También en el caso de Teresa siempre la mirada estará dirigida al convento de San José, donde tuvo lugar el pacto. Para Teresa es el punto de referencia (CV Argumento General). En ese libro se halla la constitución de su pueblo,la Leydel Espíritu. Y también los conventos de Teresa son como tribus que gozan de cierta independencia entre sí, pero que encuentran su unidad en esa referencia permanente a la fundación de San José (F 1-2; cf 3-8), que como hemos dicho, se inscribe en la misma Autobiografía (Génesis). Son capítulos que representan en algún sentido el Éxodo de Teresa, no forman parte del libro de las Fundaciones. Si volvemos nuestra mirada a los Hechos de los Apóstoles, el convento de San José remitiría a la comunidad primitiva, de la que surgirían después por impulso del Espíritu las otras comunidades.

 Ahuyentar los ídolos

Es otra de las prioridades del don de la tierra. La tierra poseída por Israel va tomando cada vez más la condición de sagrada, de consagrada a Yahvé. La tierra de Canaán era una tierra de ídolos (Jc 2,11-16), en la que prevalecía la maldición divina a causa del pecado, el asentamiento los iba ahuyentando, y convirtiéndola en campo de bendición (Jc 2,20-23).

Teresa entenderá sus fundaciones de forma parecida. El mundo para ella es algo personificado (F 1,1), el lugar de la honra (F 15,16), donde pervive el orgullo del pecado y la “ybris” original (F 10,9). Por eso sus fundaciones en medio del mundo son espacios en los que ella se adentra en la tierra de los ídolos, la honra y el dinero; son los nuevos santuarios en la tierra de la conquista, o las nuevas comunidades. Las fundaciones teresianas son una oposición a las fuerzas del mal que pretenden adueñarse de la tierra (F 31,11). Como Pablo podría decir: “Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del mal que están en las alturas” (Ef 6,12). Sus continuas alusiones al Diablo, como el opositor principal a sus fundaciones, se inscribe en esta línea. Para Teresa sus conventos son penetraciones de lo sagrado en el espacio de lo profano. Sobre una de sus fundaciones, escuchó estas palabras del Señor: “No entienden ellos lo mucho que soy ofendido allí y esto (la fundación) será gran remedio” (F 27, 18).

Las fundaciones son el testigo de esa marcha del evangelio hacia la creación de un nuevo Israel, una nueva tierra, esa Galilea a la que el evangelio de Marcos invita a volver (Mc 16,7). Aquí, las veces del evangelio de Marcos, las hará el Camino de Perfección, nuevo evangelio, que  abre la misión de la carmelita a horizontes infinitos en la línea de Mateo (28,19-20) y desde los humanismos de Lucas, en la expresión de la fuerza incontenible de una vida, que se percibe en lo más hondo del ser, tal como esclarece el evangelio de Juan (Jn 10,10), y resplandece para el mundo moderno en una síntesis admirable de todos los evangelios, del Cántico Espiritual y del Camino de Perfección en Teresa de Lisieux.

Se trata de la adquisición de la tierra prometida, que ahora había que conquistar palmo a palmo como en el libro de los Jueces. Cada fundación era una ciudad cananea, que caía con sus ídolos (F 27,11). Un vendaval que arrasaba el campo de los dioses: la honra y las riquezas, para devenir en “austro que recuerda los amores”, y convertir la tierra desolada y devastada en huerto de Edén (Ez 36,35), donde Él se pasea con el hombre y la mujer a la brisa de la tarde (Gn 3,8).

La tierra como maestra

Israel se fue forjando a lo largo de la conquista. Fueron surgiendo nuevos líderes, como sucedió sobre todo en el libro de los Jueces. También allí aparecieron los signos de los tiempos. Aunque Teresa siempre fue protagonista, brotaron junto a ella nuevas figuras. Teresa no fue absolutamente rígida en su visión del proyecto, dejando espacios para la creatividad, de modo que, dentro de la concepción de entonces, cada fundación resultaba un nuevo Carmelo, como cada tribu gozaba de su identidad, o era una nueva iglesia cada comunidad de Pablo. Estas nuevas figuras de las comunidades de Teresa, ahora en ciernes, llevarían la promesa a la diáspora: Francia y Bélgica. De esta forma, al igual que para Israel y la comunidad de Jesús, también para Teresa la tierra contribuyó, a su modo, a forjar la promesa. El carisma se moldeaba al ritmo de los horizontes (F 9,2-3). Y ya sería para siempre el maridaje de la tierra y la promesa. A lo largo de los siglos Teresa se revelaría en nuevas figuras, con ese mismo nombre, en horizontes diversos: Italia (Teresa Margarita Redi), Francia (Teresa de Lisieux), Alemania (Teresa Benedicta  [Edit Stein], Chile (Teresa de los Andes). Así la promesa respondería al clamor de la tierra, y las fundaciones teresianas nos rememorarían las aventuras del Dios de Israel, siempre acompañando a su pueblo. ¿Tuvo conciencia Teresa de algunos de estos paralelismos?