17. Orar meditando

“La meditación es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu trata de comprender el por qué y el cómo de la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el Señor pide. Hace falta una atención difícil de encauzar. Habitualmente, se hace con la ayuda de un libro, que a los cristianos no les faltan: las sagradas Escrituras, especialmente el Evangelio, las imágenes sagradas, los textos litúrgicos del día o del tiempo, escritos de los Padres espirituales, obras de espiritualidad, el gran libro de la creación y el de la historia, la página del "hoy" de Dios” (CIC 2705).

1. Clarificación previa.

- Para los antiguos, la meditación era una parte de la oración per­sonal o comunitaria. Ellos distin­guían cuatro partes: lectura, me­ditación, súplica, contemplación (=lectio, meditatio, oratio, con­templatio). San Juan dela Cruzlas enlazaba así: «Buscad le­yendo y hallaréis meditando, lla­mad orando y os abrirán con­templando» (Dichos de luz y amor, n. 79).

- Para ciertas corrientes de nues­tros días «meditación profunda» es la oración que se produce en lo hondo del espíritu, cuando hemos logrado poner silencio en los sentidos, y hemos consegui­do la atención total de las capas profundas del espíritu. Medita­ción profunda sería algo muy si­milar a «contemplación».

- Entre unos y otros y en la acep­ción más clásica y corriente, meditación es la oración mental reflexiva. La que va trenzando el pensar y el amar. Intermedia, en cierto modo, entre la oración vocal y la contemplación.

Sigue en la Ficha 17

Documentación: F. 17: ORAR MEDITANDO