Sacar las antenas...

Cuando yo era muy pequeño, todavía, si un mal viento movía la antena, se podía perder la imagen de la televisión. Así recuerdo un día en que mi padre se subió al tejado... Si no me equivoco, hacía mal tiempo y llovía. Desde arriba, moviendo la antena, nos preguntaba a mis hermanos y a mí si se veía. Siempre recuerdo este hecho con agradecimiento, especialmente en tiempos de oscuridad, cuando no ve el camino me pregunto cómo mover la antena, cómo sintonizar bien, aunque me cueste salir de mí y subir a algún incómodo tejado en día de lluvia. 

Pienso también en los caracoles, con los que jugábamos en aquellas épocas, a los que cantábamos aquello de: “caracol col col, saca los cuernos al sol, que tu padre y tu madre ya los sacó...”  El caracol saca sus antenas para orientarse y pone su fragilidad en movimiento sin esconderse calentito dentro de su concha. 

A propósito de seres que levantan las antenas, recuerdo a Santa Teresa: mujer con las antenas levantadas. Supo sintonizar con su tiempo desde su compromiso orante y contemplativo. Por su espíritu despierto nos ha comunicado alguna verdad llena de encanto. Ella es cantora de la belleza interior que no siempre reconocemos y descubrimos. 

En un momento de tormenta en su vida, cuando el cielo de su ánimo y su salud física no estaban despejados, ella, con las antenas del corazón levantadas, escribió una de las más bellas páginas de la espiritualidad cristiana: 

“Pocas cosas que me ha mandado la obediencia se me han hecho tan dificultosas como escribir ahora cosas de oración: lo uno, porque no me parece me da el Señor espíritu para hacerlo ni deseo; lo otro, por tener la cabeza, tres meses ha, con un ruido y flaqueza tan grande que aun los negocios forzosos escribo con pena... 

Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí, porque yo no atinaba a cosa que decir no cómo comenzar a cumplir esta obediencia, se me ofreció lo que ahora diré para comenzar con algún fundamento, que es: considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal... No hallo yo cosa con qué comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios...”  (Santa Teresa de Jesús, Las Moradas, prólogo y capítulo primero) 

Os propongo esta excursión hacia el interior. Para ello, saquemos las antenas, para descubrir el interior olvidado de las cosas, de las personas, de nuestra vida. No desperdicies la oscuridad en lamentos... saca tus antenas, y... verás.