Las Águedas, Dios y la mujer...

En breve celebraremos la fiesta de “las Águedas”, que se ha hecho popular entre nosotros, porque en algunos sitios las mujeres ocupan por un día el poder, o los puestos de gobierno, como algo simbólico, como una manera tradicional de celebrar a Santa Águeda. No es cuestión de aprovechar la ocasión para comentar que lo extraño de que una mujer ocupe el puesto de gobierno sigue siendo señal de que aún están en segundo plano en muchos frentes. No vamos a hacer eso. Aunque no deja de ser una manera curiosa de celebrar a esta Santa, a la que, según la tradición la martirizaron cortándole los pechos. 

Y de senos quiero hablar refiriéndome a Dios, pero que nadie se asuste. Más que de senos, hablaré de seno, aprovechando que se celebra esta santa dando preferencia a las mujeres, recuperando la eterna cuestión del sexo de Dios, no de los ángeles, cuestión aún no resuelta desde los tiempos gloriosos de La Escolástica medieval. 

Recupero para vosotros, y especialmente para las mujeres que leéis esto una de las definiciones o calificativos de Dios más frecuentes en la Escritura Santa: la misericordia de Dios. Pues bien, frente al poder, tradicionalmente ostentado por hombres, frente a la idea de dominio, de todopoder, de conquista... etc. Reservada al varón por una mentalidad pobre, la misericordia de Dios alude en hebreo al útero de la madre, es decir: que Dios tenga misericordia es que nos siente como experimenta la madre a la criatura de sus entrañas cuando ésta va en su seno, en sus entrañas. 

Así que, amigos, parecerse a Dios no tiene nada que ver con la manera dominadora y conquistadora como está montado nuestro mundo, sino con esa idea plenamente humana, no sólo femenina, de asimilar la vida y acoger a cada criatura hecha de misericordia entrañable. 

Sirva esto de homenaje a las mujeres que han logrado desde su verdad engendrar la vida sin dominio, sin prepotencia, y a los hombres que han comprendido también su lado maternal, y no han dejado dormir su ternura. 

Y que Dios siga mostrándonos su misericordia y su amor desmedido.