Fisonomía del Bueno Pastor (Breves pinceladas)

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Secundino Castro.

La Biblia denomina a Yahvé Pastor de Israel en no pocos lugares. Jesús recupera para sí esta imagen tan entrañable de algunos pasajes, sobre todo del salmo 23 (cf. Is 40,11; Jr 31,9; Sal 100,4). En el libro de Ezequiel el futuro Pastor se identifica con el nuevo David (cap. 34), es decir, con el Mesías. El pasaje del Buen Pastor del evangelio de Juan es uno de los más encumbrados del N.T.,  por lo que a la experiencia de Dios y de Cristo se refiere. Para su comprensión es necesario tener en cuenta todo el capítulo 10 de Juan, donde además del tema del Pastor se aborda el sentido de la fiesta de la Dedicación del Templo, la alusión a Salomón y un discurso de Jesús en el que esclarece todo lo precedente. La voz del Pastor que oyen las ovejas, no sólo alude a la predicación de Jesús, sino también a su voz interior, que se deja oír en la comunidad joánica ya formada. Se llegará a hablar de un conocimiento mutuo entre el Pastor y las ovejas, que Jesús comparará con el conocimiento que él tiene del Padre (10,15). El discipulado queda encumbrado así a la vida trinitaria. Esta experiencia de conocimiento mutuo adquirirá tonalidades excepcionales (1Jn 2,20-27). El relato del Buen Pastor nos habla de la experiencia cumbre del N.T. Su intensidad debe ser comparada con los discursos de la Cena.

         Aunque los versículos 1-6 parezcan simplemente una descripción de dos tipos de pastores, es indudable que ya están transidos de cristología. Una serie de palabras nos orientan en este sentido: “En verdad, en verdad os digo”; “escuchar la voz”, “redil” (aulé) y “seguir”. Aunque este vocabulario pudiera ser utilizado para describir las vicisitudes de un rebaño, en el evangelio de Juan desborda ese contenido, porque el autor deja entender que ha proyectado sobre él la luz de Pascua, y además así lo indica la filología del texto. Algunos exegetas han visto en esta preciosa comparación (10, 1-18) el núcleo del evangelio, incluyendo las bodas de Caná: el Reino de Dios en la muerte y resurrección del esposo como misterio nupcial.

       Ya sabemos que la expresión “en verdad, en verdad os digo” garantiza con absoluta certeza la afirmación o afirmaciones que siguen a esta expresión. En 10,7 volverá a aparecer para indicar que Jesús es la puerta. “Escuchar la voz” o “conocer” la voz responde a una fórmula clásica del A.T. En Juan se hablará de escuchar la voz o palabra de Jesús. Con este término muy posiblemente se hace una alusión al Cantar de los Cantares. La palabra “redil” (aule) nunca en la Biblia griega se aplica a un rebaño de ovejas, siempre alude a los atrios del templo. Por tanto Jesús está aquí hablando del Templo como redil. Por su parte, “seguir”, término clásico en la tradición sinóptica, abre (1,37) y cierra (21,22) el evangelio de Juan. El redil es el Templo del que saca Jesús a sus ovejas yendo delante de ellas. Como aparecerá al final de este capítulo, cuando se hable de la fiesta de la Dedicación, Jesús es el nuevo Templo a donde conduce a sus ovejas. El evangelista parece que tiene presentes aquellas palabras del salmo 100,4: Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos”. Recuérdese a este respecto la purificación del Templo (Jn 2,13ss).

         En los primeros versículos se anticipa cuanto después se va a desarrollar a lo largo del capítulo. Presentan simplemente el proceso que un pastor, al que todavía no se llama bueno, lleva adelante. Al fondo ciertamente se adivina que se está hablando de Jesús. Aunque en este primer momento también el discurso fluye sobre la descripción de un aprisco, se intuye ya sin mucho esfuerzo otra realidad. El capítulo presenta muchas similitudes con el 18, donde se habla de la portera del sumo sacerdote (18,17), que delatará y humillará a Pedro, a quien en el capítulo final (21,15-19) Jesús le encargará su rebaño, después de haberse declaro él pastor (10,11.14) y puerta (10,7.9) del mismo.

         Algunos piensan que el portero del que habla nuestro texto sería Caifás, “sumo sacerdote de aquel año” (18,13). Pero, más bien es Yahvé, el guardián del rebaño de Israel (Sal 23,1; 80,2,), quien abre gozoso las puertas a Cristo, cuya voz escuchan las ovejas. Como piensan muchos, no estamos aquí ante una escena pastoril porque el trasfondo del relato se halla en la idea de Yahvé Pastor de Israel. El versículo 3 está lleno de densidad. La palabra “escuchan” -“las ovejas escuchan su voz.”-, debe ser entendida con toda la intensidad que la Biblia concede a este vocablo: obedecer y conocer. A continuación se nos dirá que el Pastor llama a las ovejas una por una, es decir  “por su nombre”, rasgo de suma intimidad. A estas ovejas que llama por su nombre “las saca fuera”. El término griego ecxagei (saca) equivale aquí a hacer el éxodo. Obedecen gustosas esa voz que las invita a abandonar las instituciones de Israel. Jesús las conduce a sí mismo: Templo sin muros, -ya no habrá redil-. “Un solo rebaño y un solo Pastor” (Jn 10,16), a la libertad plena del Espíritu; a las praderas sin fronteras de Cristo, de pastos abundantes: "Yahvé es mi pastor, nada me falta, en verdes pastos me hace  reposar” (Sal 23,1ss). ¡Qué bien entendió ese reposar y verdes pastos Teresa de Lisieux! Como hemos dicho el salmo 23 se halla al fondo de esta composición; y también el salmo 100.

         Jesús no ha entrado, pues, en el redil de forma violenta como otros que intentaron apoderarse del rebaño al estilo zelota. Las ovejas conocen la voz del Pastor y el Pastor la de las ovejas. Más adelante se interpretará en este mismo capítulo esta intimidad desde perspectivas nupciales. “Las ovejas oyen voz” (Jn 10,27) se vinculará a “¡La voz de mi amado!” (Ct 5,2). Este Pastor, como es evidente, no busca ningún lucro en el cuidado de las ovejas, sino que entrega su vida por ellas (cf. Is 53,12). Estamos en plena nueva Alianza; es el Pastor con creces de la Alianza, soñada en los últimos escritos de la Biblia hebrea.

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