19. El agua viva de la contemplación (Camino 19)

Por fin llegamos a la oración. Teresa ha empleado 18 capítulos hablándonos de la vida del orante, de sus actitudes y posturas de fondo. Ahora va a hablar de la oración propiamente dicha, y  lo va a hacer como a ella le gusta: orando. Para Teresa es fundamental no hablar de oración sin hacerla.  

Desde el capítulo primero ya sabemos cómo ora esta mujer. Nos hemos encontrado con exclamaciones orantes, actitudes de asombro ante el misterio de Dios presente en las cosas y en la historia. 

Muchos lectores tienen difícil lo de meditar o discurrir. A ellos va a decirles: para vosotros, precisamente, es la contemplación. Teresa está convencida de lo importante que es para una vida espiritual pujante conocer, tener experiencia de lo que Dios da en el camino de la oración. 

La contemplación es algo así como una fuente de agua viva que espera al orante en pleno camino y que sacia la sed del caminante. La contemplación excava en el orante una extraña sed de Dios. “¡Con qué sed se desea tener esta sed!” (C 19,2). Teresa hace confidencias: “Yo sé de una persona que, si no la socorriera Dios presto con esta agua viva, en grandísima abundancia con arrobamientos, tenía tan grande esta sed, iba en tanto crecimiento su deseo, que entendía muy claro era posible –si no la remediaran- morir de sed” (C 19,8). 

Dios hace como si de presto acercara al alma a Sí, y “muéstrale en un punto más verdades y dala más claro conocimiento de lo que es todo, que acá pudiéramos tener en muchos años” (C 19,7). Conocer la bondad del Señor por experiencia, para vivir con fidelidad de enamorados.  

La oración contemplativa y la propia experiencia tienen en la Biblia la fuente de la inspiración. En ella lee Teresa las promesas del agua viva que Jesús ofrece a todos sin excepción (C 19,15). En ella encuentra la fidelidad de Dios: “fiel es el Señor; a quien busca la verdad, no lo dejará en la mentira, y a quien lo desea de corazón, no lo dejará morir de sed” (C 19,13). Sobre todo, en la Biblia halla los grandes tipos del orante contemplativo. La Samaritana, que conversa con Jesús y de pronto se siente acosada por la sed de agua viva que él promete. San Pablo, acosado por el deseo de ver a Dios, pero que no sabe qué escoger, si morir para estar con Cristo, o seguir viviendo para anunciar el Evangelio. Esa tensión también forma parte de los contemplativos. 

|Lee el salmo 41 y déjate empapar por sus imágenes. 

¿Cómo acercarnos?

La búsqueda de Dios es apasionada, gozosa; florece en los que están enamorados de un Dios que nos ha tocado el corazón con su hermosura. Está llena de imágenes, de colorido, de frescura, de luz; está llena de vida. Muchos orantes la han convertido en un gemido vivo. San Agustín y San Juan de la Cruz nos prestan sus palabras: “Exhalaste tu perfume, y respiré, y suspiro por Ti. Gusté de Ti, y siento hambre y sed. Me tocaste, y me abraso en tu paz”. “¿Adónde te escondiste, Amado y me dejaste con gemido? Salí tras ti corriendo...”. Si no estamos así de enamorados, digamos al menos, que nos gustaría estarlo para buscar a Dios como “busca la cierva las corrientes de agua”.

Leerlo

Mi alma tiene sed del Dios vivo:
¿cuándo veré el rostro de Dios?
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Tiene sed de Dios del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.

¿Cómo orarlo? 

-      Llama al Espíritu y pídele su luz y verdad. Deja que te guíe en la vida de cada día.

-      Únete a todos los enamorados de Dios y di con ellos: “Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo”, “mi alma te busca a ti, Dios mío”.

-      Acércate a Dios con gozo, pues él es el Dios de tu alegría. Cántale al son de la cítara de tu corazón.

 

¿Cómo vivirlo?

A veces buscamos a Dios con tan pocas ganas que cualquier dificultad es un enorme impedimento que nos cierra el paso. Buscarlo hoy, cuando tanta gente está de vuelta, con pasión, con gozo, unidos a los hermanos y hermanas, puede ser una aventura apasionante.