VII.- Oración y vida

 MOTIVOS PARA ORAR

(A ORAR SE APRENDE ORANDO)

Eusebio Gómez Navarro OCD - EDITORIAL DE ESPIRITUALIDAD, Triana, 9 - 28016 MADRID 

www.edespiritualidad.org - ede@edespiritualidad.org  

Varios Recursos Orantes del mismo autor en su: http://www.eusebiogomeznavarro.org/

VII.- ORACIÓN Y VIDA

         La oración no es opio o escapismo, es compromiso. Oramos para cooperar con Dios en la reconstrucción del mundo. En la oración no nos desentendernos de los otros, ya que no somos islas, sino parte del continente. Al orar nos abrimos a Dios y al hermano. Al ver a Dios, tenemos que ver también al hermano. La oración tiene que servirnos para encontrarnos con Dios y los otros. 

         No se puede separar la oración de la vida. Aunque necesitamos tiempos fuertes para orar, nuestra vida tiene que estar impregnada de oración, de presencia de Dios. Así como a la oración llevamos nuestra vida, de la misma manera  la vida debería ser el resultado de una oración comprometida.

         Dios nos invita a colaborar con él en la tarea de la construcción de este mundo. El trabajo debe ser un medio excelente de santificación. La oración tiene que mirar a las obras, al compromiso con el hermano necesitado y con el cambio de las estructuras injustas. No podemos olvidar que a mayor vida activa, necesitamos mayor vida de oración, pues Marta y María no son enemigas; al contrario,  se complementan y se dan la mano. La oración tiene que mirar a las obras.

Llamados a la comunión

      En el Palacio de Cristal de las Naciones Unidas en Nueva York existe un lugar de oración que se llama “meditation room”, un lugar para el silencio y la reflexión, en el que incluso el hombre político puede recogerse en oración.

         Desde el  Oriente al Occidente, desde los budistas a los cristianos, se levanta una gran cadena de orantes. La plegaria unifica a todos los seres humanos. La forma de comunicarse el ser humano  con Dios es a través de la oración. Dios es presencia y es vida de aquél que lo acepta. “ La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues  no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador” (GS, 19).

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