¿De dónde eres Tú? (Jn 19,9)

FOTO

Secundino Castro

En la Fiesta de la Anunciación del Señor 

El día de la Anunciación del Señor nos invita a retrotraernos a los orígenes de nuestro ser de cristianos. El relato de Lucas es como una tela de un cuadro tejida de numerosos textos bíblicos de singular importancia en la tradición del A.T. Ha concentrado en María los temas de la nueva creación, las tradiciones de la Hija de Sion, las de la tienda y el templo, las del Espíritu generador de vida, las de los pobres de Yahvé, las del Deuteroisaías y algunas más. No es extraño que sobre quien recae tal peso de gloria sea denominada “Llena de Gracia” (Kejaritomene); éste sería el verdadero nombre de la joven, virgen (parthenos), de la que habla el relato. Al igual que a Abraham y a Pedro, el ángel (Yahvé) le cambió el nombre. El pasaje bíblico en cuestión pertenece a los así llamados evangelios de la infancia, textos de muy difícil interpretación, como todos sabemos. Pero hay algo que me parece que es sólido aquí: las afirmaciones no pueden ser mero símbolo, se habla de realidades, aunque deban ser interpretadas. Jamás, los evangelios, tan parcos en alabanzas, han dicho nada parecido de ningún personaje, exceptuado evidentemente Jesús. Lucas pone de relieve la singularidad de María, en quien se concentra lo más bello de Israel y la permanente unidad con el Mesías y su obra. De modo que sin la presencia ininterrumpida de ella en la comprensión y vivencia cristianas, el mensaje y Jesús mismo pueden desvirtuarse. También Mateo en su relato de infancia participa de esta idea. Así cuando los Magos llegaron a Belén, dice el evangelista que “entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre” (2,11). Como es sabido, la casa para Mateo es la Iglesia.