Te aclamarán mis labios

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Secundino Castro. Al festejar la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, celebramos que la palabra, que existía en el Padre, se hizo carne en María. Así ella quedó constituida en Madre de la Palabra. Cómo no enmudecer embelesados ante sus labios. Aquellos con los que aceptó el Misterio, cantó el Magnificat, y ¡besó a Jesús! Los labios trasmiten la luz del rostro, los latidos del corazón, la transparencia del alma. Los labios vibran.  Labios de Maria, hechos de obediencia y virginidad en Nazaret, de saludo mesiánico y canto poético ante Isabel, de temblor resignado por el Niño perdido en Jerusalén; generosos por el vino de Caná, y fuentes de sabiduría también en aquellas bodas. La tradición vinculó siempre a María a la misericordia y amor de Dios. Por tanto, labios hechos sólo para besar; panales en flor, que diría el Cantar. Si sus labios son así, a ningún discípulo del evangelio le está vedado el atrevimiento de que hace gala el autor del poema salomónico: ¡Que me bese con los besos de su boca!, con sus labios, cinta escarlata (Ct), bañada en jazmín!.