4. Aprende el lenguaje del amor (Camino 4)

“Haznos vivir nuestra vida como una danza entre los brazos de tu gracia, con la música universal del amor”  (Madeleine Delbrel)

Teresa propone el amor. A Teresa le interesa más el orante que la oración. No enseña oraciones, enseña cómo ser personas que puedan orar. En esto invierte tiempo, energías… Acompaña a la persona, para que sea ella la que ore, en vez de estar desde fuera presionando, empujando.

El Camino es un libro de formación. Se pregunta: ¿Qué tales habremos de ser? Responde: Orantes, personas nuevas. Va a hablar de lo que hace posible que lo sean. “Antes que diga de la oración diré algunas cosas que son necesarias” (C 4,3). 

Teresa no comienza proponiendo métodos de oración o reglas de meditación. Algunas hermanas le piden que les enseñe los caminos de la contemplación, pero ella comienza por la vida. Se requieren virtudes evangélicas. Son “tan necesarias que si no las tienen es imposible ser mujeres contemplativas, y cuando pensaren  que lo son, están muy engañadas” (C 4,3). La vida no engaña.

Propone cultivar tres grandes valores:

-         Amor, que eduque y sensibilice al orante de cara a los demás. Para aprender a tratar de amistad con Dios hay que aprender el trato de amistad con las personas. De egocéntricos tenemos que llegar a ser personas de comunión.

-         Desasimiento, que eduque y libere de cara a las cosas. No puede uno darse a sí mismo del todo al Todo sin libertad.

-         Humildad, que afine y depure al orante de cara a sí mismo. Orar será acoger la verdad de Dios y decirle nuestra verdad. La humildad será andar en verdad delante de El y de las personas. “No puedo entender cómo haya ni pueda haber humildad sin amor, ni amor sin humildad, ni estas dos sin gran desasimiento de todo lo criado” (C 10,3). “Teniéndolas, andarán muy adelantadas, aunque no sean muy contemplativas”.

-         El amor de verdad. “No hay cosa enojosa que no se pase con facilidad en los que se aman” (C 4,5). Un grupo sin amor es un grupo que no sabe orar, porque no sabe quién es Dios.

Sólo cuando ella se aclaró en este tema misterioso de la afectividad humana, pudo bogar mar adentro en el trato de amistad con El. “En amaros mucho unas a otras va muy mucho” (C 4,5).

Propuestas para el camino

-         Hay que amar de verdad, no de mentira. Somos llamados a vivir un amor que nos haga crecer y dé libertad. Convivir y no amarse sería de gente bruta (C 4,10). El amor allana lo escabroso de la vida. “Aquí todas han de ser amigas, todas se han de ayudar, todas se han de querer” (C 4,7).

-         Hay que estar atentos para que no se nos meta como amor lo que no es. Que no quiten el nombre de amor las cosas que no lo son. Un amor sin horizonte teologal (C 4,6), hace daño a la comunidad. Los bandos dentro del grupo hace que se pierde la perspectiva universal (C 4,6).


 

Lee este texto y elabora una consigna que pueda orientar tu vida y la vida de los que caminan contigo.

“Espiritualidad de la comunión significa una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado. Espiritualidad de la comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como “uno que me pertenece”, para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad. Espiritualidad de la comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un “don para mí”, además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin, espiritualidad de la comunión es saber “dar espacio” al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias (NMI 43).