Virgen del Carmen en Telde

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¡Virgen del Carmen! ¡Virgen del Carmen, bella!
Sales de tu casa y el pueblo de Telde te acoge con cariño.
Las gentes te saludan, te miran, te sonríen.
¡Cuánto te gustan las cosas de la vida!
Canarias entera se asoma a la ventana para verte.
 
Todo Telde huele a mar.
Las Islas Canarias se saben abrazadas por el mar.
Y tú, Virgen del Carmen, ¡Virgen Marinera!,
¡Estrella y Faro de todos los mares!,
acaricias con olas interminables de ternura
a los que tienden su mano a tu mano salvadora.
 
Tú vas delante, como mujer nueva,  alentadora de toda dignidad.  
Un grito coral se oye por las calles de Telde cuando pasas:
“No todo está perdido. Hay esperanza.
¡Que viene con nosotros la Reina del Carmelo!”
Y el paisaje de las Islas aplaude emocionado a la Flor del Carmelo.
 
No hay llanto en esta tierra que no encuentre acogida en tus adentros.
No hay gozo que tú, Virgen del Carmen, no alientes y compartas. 
No hay esperanza que no se recree en tus fuentes.
No hay oración que no pase por tus manos siempre intercesoras.  
¡Todos nuestros secretos puestos a la luz de tu mirada!
 
Tu corazón de Madre no sabe de fronteras. Para todos hay sitio en tu regazo.
Escuchas con alegría las voces cantarinas de los niños.
Compartes con los jóvenes la aventura de una nueva humanidad, más solidaria.
Haces silencio para oír las voces de tantos emigrantes y parados, que apenas tienen voz.
Te sientas a conversar con los ancianos, los que tanto y tanto saben de la vida.
A tu paso, las familias lucen sin miedo sus mejores galas.
¡Y qué complicidad la tuya, Viña florida del Carmelo, con todas las mujeres!
 
Gracias, Virgen del Carmen, por despertar en nosotros la bondad.
Gracias por la sencillez, la alegría, la libertad, la verdad que Tú derrochas.
Gracias por darnos a JESÚS.
 
Sin ti, Virgen del Carmen, Telde no se entiende.
Se seca nuestro pozo sin tu fuente. ¿Y la alegría?
Nuestra esperanza se acorta si no vemos, delante, tu rostro luminoso.
En ti encuentra fuerza la Iglesia de Canarias para anunciar el Evangelio.
 
¡Estrella de los mares! Quédate siempre con nosotros.
Sonríenos, abrázanos a todos. Cuida nuestra frágil barquilla.
Vístenos con tu Escapulario. Protégenos de todo peligro.
Danos, cada día, a JESÚS. Sin Él no sabemos ni queremos vivir. 
Nos quedamos con tu nombre en los labios, con tu recuerdo en el corazón,
con tu alegría en los ojos y tu tarea solidaria en nuestras manos.
 
¡Virgen del Carmen!
Telde te quiere. Telde te abraza.
Telde te abre las puertas de su casa.
 
Desde Telde, en horas fuertes de despedidas y envíos, de profundos y entrañables agradecimientos. Vuestros hermanos: Eustaquio, Pedro, Domiciano, Marcelo y Serviliano.