Tercer grado de oración

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TERCERA MANERA DE REGAR EL HUERTO, O TERCER GRADO DE ORACIÓN

         (Lo describe Santa Teresa en los capítulos 16 y 17 del libro de la Vida).

1.- Aspectos a tener en cuenta:

-          Teresa relata su experiencia mística de unión del alma con Dios. Tiene 45 cuando experimenta estas gracias.

-          La experiencia que tiene Teresa es pascual. Cristo se le aparece y le cambia la vida. Cristo se convierte en centro que la recoge y unifica desde dentro.

-          Narra un proceso. Lejos de la repetición y de la monotonía orante, Teresa es testigo de un avance, de un crecimiento en la experiencia del amor. Una vez más se cumple, que el amor o nos encuentra iguales o nos hace iguales.

-          Todo el relato es un diálogo de Teresa: con el P. García de Toledo, a quien se lo escribe, con el Señor, con la Escritura, con lo que pasa a su alrededor, con la historia de su vida…

-          Todo, pero de una manera especial el c. 16 es un texto escrito en la inmediatez de la gracia mística que ha recibido al comulgar por la mañana. Uno tiene la sensación de estar pisando tierra santa.

-          ¿Qué sentido tienen estas experiencias para nosotros, a menudo tan lejos de ellas? (Escuchamos el himno a la Alegría de Bethoven).

                   . Pueden servirnos para gozarnos en su belleza,

                   . para alabar a Dios que hace tales maravillas,

                   . para disponernos a recibirlas. “Pues dice vuestra merced que me quiere, en disponerse para que Dios le haga esta merced quiero que me lo muestre” (V 16,6).  

2.- La unión con Dios

- El hecho que le ha acaecido: “Muchas veces estaba así como desatinada y embriagada en este amor. “Bien entendía que era Dios, mas no podía entender entendía cómo obraba aquí” (V 16,2). “Porque en hecho de verdad están casi del todo unidas las potencias, mas no tan engolfadas que no obren” (V 16,2). “Solo tienen habilidad las potencias para ocuparse todas en Dios” (V 16,3). “Porque una merced es dar el Señor la merced, y otra es entender qué merced es y qué gracia, otra es saber decirla y dar a entender cómo es” (V 17,5).

- Al tener que narrar este tercer grado de oración, no tiene, por tanto, intención de decir nada, pero…  “me dio el Señor hoy, acabando de comulgar, esta oración… y me puso estas comparaciones y enseñó la manera de decirlo y lo que ha de hacer aquí el alma; que cierto, yo me espanté y entendí en un punto” (V 16,2). Tal es el influjo de esta gracia, que dirá un poco más adelante: “ni creo soy yo la que hablo desde esta mañana que comulgué. Parece que sueño lo que veo” (V 16,6). “No estoy fuera de esta santa locura celestial por vuestra bondad y misericordia” (V 16,4).  

-          El protagonista. Lo tiene muy claro: “Casi Él es el hortelano y el que lo hace todo” (V 16,1). “Da el agua a la garganta, a esta alma, de la gracia” (V 16,1). La persona apenas tiene trabajo, “aunque alguno da el encaminar el agua” (V 16,1).

-          Las potencias están como dormidas. “Es un sueño de las potencias, que ni del todo se pierden ni entienden cómo obran” (V 16,2). “El gusto y suavidad y deleite es más sin comparación que lo pasado” (V 16,1).

-          “No me parece que es otra cosa sino un morir casi del todo a todas las cosas del mundo y estar gozando de Dios” (V 16,1). “Es un glorioso desatino, una celestial locura, adonde se desprende la verdadera sabiduría y es deleitosísima manera de gozar el alma” (V 16,1).

-          Es una experiencia de Transfiguración, como una continuación del Magnificat de María. “Háblanse aquí muchas palabras en alabanzas de Dios sin concierto, si el mismo Señor no las concierta” (V 16,3). “Querría dar voces en alabanzas el alma; y está que no cabe en sí; un desasosiego sabroso” (V 16,3). “Aquí querría el alma que todos la viesen y entendiesen su gloria para alabanzas de Dios, y que la ayudasen a ella, y darles parte de su gozo, porque no puede tanto gozar” (V 16,3).

-          Recuerda el texto bíblico cuando la mujer llama a las vecinas para compartir con ellas su alegría (LC 15,9). También se acuerda de David, cuando tañía y cantaba con el arpa. Se sabe muy devota de este santo (cf V 16,3). “Toda ella querría fuese lenguas para alabar al Señor. Dice mil desatinos santos, atinando siempre a contentar a quien la tiene así” (V 16,4).  

-          “Yo sé persona que, con no ser poeta, que le acaecía hacer de presto coplas muy sentidas” (V 16,4). (PowerPoint: OH hermosura que excedéis a todas las hermosuras…).  

-          “¿Qué se le pondrá entonces delante de tormentos que no le fuese sabroso pasarlos por su Señor? Ve claro que no hacían nada los mártires de su parte en pasar tormentos, porque conoce bien el alma viene de otra parte la fortaleza” (V 16,4). (El P. Báñez corrige y dice “casi nada”, pero Fray Luis de León, al preparar su edición, no sigue al censor sino a la autora).  

-          “¿Qué sentirá de tornar a tener seso para vivir en el mundo, y de haber de tornar a los cuidados y cumplimientos de él?” (V 16,4).  

-          Después de todo esto, dice Teresa: “no me parece he encarecido cosa que no quede baja en este modo de gozo que el Señor quiere en este destierro que goce un alma. ¡Bendito seáis por siempre, Señor! ¡Alaben os todas las cosas por siempre!” (V 16,4).

-          “Que o estén todos los que yo tratare locos de vuestro amor, o permitáis que no trate yo con nadie, u ordenad, Señor, cómo no tenga ya cuenta en cosa del mundo o me sacad de él. ¡No puede ya, Dios mío, esta vuestra sierva sufrir tantos trabajos como de verse sin Vos le vienen” (V 16,5). “Querría ya esta alma verse libre” (V 16,5) y  volar como un águila. “El comer la mata; el dormir la congoja… ya no querría vivir en sí sino en Vos” (V 16,5).

-          “Cuando se acuerda que no os ha servido en nada, y que viviendo os puede servir, querría cargarse muy más pesada y nunca hasta el fin del mundo morirse. No tiene en nada su descanso, a trueco de haceros un pequeño servicio. No sabe qué desee, mas bien entiende que no desea otra cosa sino a Vos” (V 16,5).  

-          “No querría ver sino enfermos de este mal que estoy yo ahora… Seamos todos locos por amor de quien por nosotros se lo llamaron” (V 16,6).

-          “Este concierto querría hiciésemos los cinco que al presente nos amamos en Cristo, que como otros en estos tiempos se juntaban en secreto para contra Su Majestad y ordenar maldades y herejías, procurásemos juntarnos alguna vez para desengañar unos a otros, y decir en lo que podríamos enmendarnos y contentar más a Dios; que no hay quien tan bien se conozca a sí como conocen los que nos miran, si es con amor y cuidado de aprovecharnos” (V 16,7).

-          Pero, “no se usa ya este lenguaje. Hasta los predicadores van ordenando sus sermones para no descontentar. Buena intención tendrán y la obra lo será; mas ¡así se enmiendan pocos! Mas ¿cómo no son muchos los que por los sermones dejan los vicios públicos? ¿Sabe qué me parece? Porque tienen mucho seso los que los predican. No están sin él, con el gran fuego de amor de Dios, como lo estaban los Apóstoles, y así calienta poco esta llama. No digo yo que sea tanta como ellos tenían, mas querría que fuese más de lo que veo” (V 16,7).

-          Y como un hondo suspiro termina: “¡Oh gran libertad” (V 16,8). “Rompa vuestra merced esto que he dicho, si le pareciere, y tómelo por carta para sí, y perdóneme, que he estado muy atrevida” (V 16,8). 

-          Queda Santa Teresa contenta de lo que ha dicho. “Razonablemente está dicho de este modo de oración y lo que ha de hacer el alma o, por mejor decir, hace Dios en ella, que es el que toma ya el oficio de hortelano y quiere que ella huelgue. Solo consiente la voluntad en aquellas mercedes que goza. Y se ha de ofrecer a todos lo que en ella quisiere hacer la verdadera sabiduría” (V 17,1).

-          “Las virtudes quedan ahora más fuertes… que el alma no las puede ignorar, porque se ve otra y no sabe cómo. Comienza a obrar grandes cosas con el olor que dan de sí las flores, que quiere el Señor se abran para ella vea que tiene virtudes…que el celestial hortelano se las dio” (V 17,3).

-          “Aquí es muy mayor la humildad… porque ve más claro que poco ni mucho hizo, sino consentir que la hiciese el Señor mercedes y abrazarlas la voluntad” (V 17,3).

-          “¡Sea alabado por todos los siglos de los siglos por todo, amén” (V 17,8).  

3.- Habla de otras dos maneras de unión con Dios, menos perfectas que la anterior. Destacamos algunos aspectos que nos pueden ayudar

-          ¿Qué pasa cuando el entendimiento y la voluntad están unidos al Señor, pero no la memoria y la imaginación? “¿Cuándo, mi Dios, ha de estar toda junta mi alma en vuestra alabanza y no hecha pedazos, sin poder valerse a sí?” (V 17,5). ¿Cómo afrontar este desasosiego? El desasosiego lo compara “a las maripositas de las noches… porque aunque no tiene fuerza para hacer ningún mal, importuna a los que la ven” (V 17,6). Al cabo de los años ha encontrado una solución: “Que no se haga caso de ella más que de un loco, sino dejarla con su tema, que solo Dios se la puede quitar” (V 17,7). “Hemos de sufrir con paciencia, como hizo Jacob a Lía, porque harta merced nos hace el Señor que gocemos de Raquel” (V 17,7; Gen 29,16ss).  

-          Está la voluntad atada y gozando. Y el entendimiento y memoria, tan libres, que pueden tratar en negocios y entender en obras de caridad. La persona puede hacer de Marta y de María. “Así que está casi obrando juntamente en vida activa y contemplativa, y entender en obras de caridad y negocios que convengan a su estado” (V 17,4). “En teniendo tiempo de soledad o desocupación de negocios, venga el alma a muy sosegada quietud… No le satisface ni querría entonces contento del mundo, porque en sí tiene el que le satisface más: mayores contentos de Dios, deseos de satisfacer su deseo, de gozar más, de estar con Él. Esto es lo que quiere” (V 17,4).   

Textos para orar

 

“Estar con Él. Esto es lo que quiere” (V 17,4). 

 

“Muchas veces estaba así como desatinada y embriagada en este amor. Bien entendía que era Dios, mas no podía entender entendía cómo obraba aquí” (V 16,2).

 

“Él es el hortelano y el que lo hace todo” (V 16,1).

 

“Háblanse aquí muchas palabras en alabanzas de Dios sin concierto, si el mismo Señor no las concierta” (V 16,3).

 

“Toda ella querría fuese lenguas para alabar al Señor. Dice mil desatinos santos, atinando siempre a contentar a quien la tiene así” (V 16,4).

 

 

“¡Bendito seáis por siempre, Señor! ¡Alaben os todas las cosas por siempre!” (V 16,4).

 

“Querría ya esta alma verse libre… ya no querría vivir en sí sino en Vos” (V 16,5).

 

 

“No tiene en nada su descanso, a trueco de haceros un pequeño servicio. No sabe qué desee, mas bien entiende que no desea otra cosa sino a Vos” (V 16,5).

 

“Seamos todos locos por amor de quien por nosotros se lo llamaron” (V 16,6).

 

 

“Este concierto querría hiciésemos los cinco que al presente nos amamos en Cristo, que procurásemos juntarnos alguna vez para desengañar unos a otros, y decir en lo que podríamos enmendarnos y contentar más a Dios” (V 16,7).

 

 

“Aquí es muy mayor la humildad… porque ve más claro que poco ni mucho hizo, sino consentir que la hiciese el Señor mercedes y abrazarlas la voluntad” (V 17,3).

 

 

“¿Cuándo, mi Dios, ha de estar toda junta mi alma en vuestra alabanza y no hecha pedazos, sin poder valerse a sí?” (V 17,5).