Vida de oración mística

Cuarto grado de oración: Unión y éxtasis.

“ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”

Vida de oración mística. Tentaciones. (Caps. 18-19)

Comienza la exposición del cuarto grado de oración: unión a Dios, forma suprema de vida mística. El capítulo 18 ofrece un primer esbozo de la misma. Con extensas pausas de oración que brotan espontáneas del alma y de la pluma de la Santa, pero que a la vez son exponente de esa misma forma de oración mística.

En el simbolismo del huerto, la nueva oración es ya lluvia del cie­lo, obra casi exclusiva del Hortelano celeste. Se introduce y prevalece un nuevo símbolo: este grado de oración es como el fuego y la llama, o como el fuego que transforma en sí al hierro incandes­cente y le cambia el ser.

Esquema del Cap 18:

Ø       nn. 1-2: propone el tema de la oración de unión.

Ø       nn. 3-4: dos intensos momentos de oración, en plena exposi­ción.

Ø       nn. 5-14: dos expresiones diversas de la oración de unión

Ø       n. 15: un fleco de esa experiencia: la percepción de la presen­cia de Dios.

La oración de unión se realiza en la experiencia de la presencia y comunicación de Dios al alma. Presencia y comunicación percibidas como algo que acontece más allá de toda iniciativa humana. Como un hecho que cambia el hábitat existencial de la persona. Y que origina un estado o una manera de vivir nuevos. Dado el concepto que la Santa tiene de la oración como trato recí­proco entre dos amigos -Dios y el orante humano-, en esta oración es el Amigo Divino quien toma la iniciativa, y como tal la recibe y percibe el amigo humano. Es aquél el Hortelano que ahora riega y da vida múl­tiple al huerto del alma.

Sirviéndose de su elemental plantilla psicológica (alma + potencias + sentidos + cuerpo + goce), la Santa presenta esta experiencia reli­giosa como algo que acontece en el alma por iniciativa misteriosa de

la divinidad, pero actuado más allá del dinamismo activo de las poten­cias, y con total sumisión de los sentidos: especie de profundo silen­cio psicológico, que sin embargo no suprime ni el estado consciente, ni los contenidos de la mente, ni la crecida del amor y del gozo. De suerte, dirá ella, que aquí el orante "entiende pero no se entiende cómo entiende"; "como no puede comprender lo que entiende, es no entender entendiendo" (n.14); "la voluntad debe estar bien ocupada en amar, mas no entiende cómo ama" (14); "acá no hay sentir sino gozar sin entender lo que se goza" (n.1); "aquí faltan todas las potencias y se suspenden de manera que en ninguna manera se entiende que obran" (14). "A esta mariposilla importuna de la memoria aquí se le queman las alas: ya no se puede bullir" (n. 14).

Esquema del Cap 19:

Ø       nn. 1-3: efectos de la oración mística en la vida: semblanza del cristiano transfigurado por la experiencia de Dios.  

Ø       nn. 4-15: dos peligros de involución:

§          infidelidad a Dios (pecado),
§         y abandono de la oración (retroceso).

Ø        Los expone, primero de cara a Dios recordando la propia historia (5-12),

Ø       y luego alec­cionando al lector y traspasándole sus convicciones y su expe­riencia (11-15).

El capítulo comienza refiriendo "cómo queda el alma (la persona), de esta oración y unión". Para explicarlo, se le ofrecen al lector dos estampas diversas: la primera: "efectos que hace esta oración"; la segunda, en vivo, Teresa misma viviendo esa situa­ción.

En el místico que ha llegado a la unión destaca la Santa tres ras­gos fundamentales: la emotividad; la nueva fuerza moral; la acción sobre los otros.

¡Oh Señor mío, qué bueno sois! ¡Bendito seáis para siempre!
¡Alaben os, Dios mío, todas las cosas, que así nos amasteis, de manera que con verdad podamos hablar de esta comunicación que aun en este destierro tenéis con las almas!; (V 18,3).

(Esquemas del Libro de la Vida, ed. de Tomás Álvarez. Monte Carmelo Burgos  2004)

Teresa Libro Vida

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