Amigos fuertes de Dios

Amigos fuertes de Dios Muchos llegan, pocos perseveran. Recogimiento y quietud. Avisos  (Cap. 15)

Continúa con breves pinceladas sobre esta oración de segundo grado. Abunda en "avisos" sobre cómo conducirse el orante, tanto en los momentos de oración como en la vida práctica. Y lo pre­viene contra el riesgo de involución: que no sólo es posible el retroce­so, sino que son pocos los que pasan adelante en la vida mística.

La secuencia de avisos procede así:

Ø    nn. 1-3: Torna al tema del capítulo anterior. Da nuevas consig­nas sobre la oración    de "quietud y recogimiento".

Ø   nn. 4-9: consejos prácticos: qué hacer...

Ø   nn.9-15: cómo discernir la oración mística, de posibles simula­ciones y desvaríos.

Ø   14: recopilación de consejos prácticos.

Los tres recursos habituales

Son los materiales de soporte habituales en la pluma de la Santa:

         a/ las variantes léxicas;

         b/ el recurso al dato autobiográfico;

         c/ la ima­ginería. Conviene tenerlos en cuenta.

Ha dejado de lado el símbolo del huerto, mencionado sólo de refilón al final del capítulo (n. 15). Pero en su lugar introduce una gavilla de imágenes menudas para iluminar diversos aspectos de la naciente experiencia mística. Entre todas hay una preferida. Es la centellica de fuego. Aquí, la naciente oración mística es "una centellica de verdadero amor de Dios". "Pues esta centellica puesta por Dios, por pequeña que es, comienza a encender el gran fuego que echa llamas de sí, del grandísimo amor de Dios". Esa centellica es "una señal o prenda que da Dios a esta alma de que la escoge para grandes cosas... Es gran don, mucho más de lo que yo podré decir".

La oración mística tiene algo de elección especial por par­te de Dios. Es el comienzo de un gran fuego de amor. Y a la vez, una "dignidad grande". Al orante le queda la responsabilidad de que esa centella, por pequeña que sea, no se apague en sus manos, ni haya cosas que "la maten por su culpa".

Sobre "recogimiento y quietud": un toque más

Lo hace brevemente, en solo el n. 1, y prefiere insistir en la vivencia psicológica y la aparente desconexión de las actividades pro­fundas del orante: la voluntad en la avanzadilla del amor místico está casi "de todo punto engolfada", y rezagadas en cambio las otras actividades del alma -entender y recordar-, rezagadas pero atraídas por el amor. Todas menos las actividades fruitivas que están sumergidas "en grandísimo contento y sosiego, y muy suave deleite".

"Ya he dicho que en este primer recogimiento y quietud no faltan las potencias del alma, mas está tan satisfecha con Dios, que mientras aquello dura, aunque las dos potencias se desbaraten, como la volun­tad está unida con Dios, no se pierde la quietud y el sosiego, antes ella poco a poco torna a recoger el entendimiento y memoria. Porque aun­que ella aún no está de todo punto engolfada, está tan bien ocupada sin saber cómo, que por mucha diligencia que ellas pongan, no la pue­den quitar su contento y gozo, antes muy sin trabajo se va ayudando para que esta centellica de amor de Dios no se apague" (n.1).

"Avisos de cómo se han de haber en esta oración"

*        La autoestima: "En estos tiem­pos en que son menester amigos fuertes de Dios, ténganse por tales" (n. 5).

*        La humildad: "Créanme que vale más un poco de estudio de humildad y un acto de ella, que toda la ciencia del mundo" (n 8).

*        Cultivar el amor: "Despierte en sí la voluntad algunas razones..., para avivar este amor" (n 7).

*        Silencio amoroso: "Lo que ha de hacer el alma en los tiempos de esta quietud, no es más de con sua­vidad y sin ruido” (n 6)

*        La oración de petición: "Rogarle por la iglesia” (n 7).

*        No mezclar la oración gozosa, con la apetencia de consolaciones y gustos espirituales: "Es gran negocio comenzar determinadas a sólo ayudar a llevar la cruz a Cristo" (n 11).

Unas consignas sobre el discernimiento entre la genui­na oración y sus simulaciones. Y condensa los criterios de discerni­miento en un listado de síntomas positivos (ocho en concreto), que formula escuetamente:

- "Cuando es espíritu de Dios, no es menester andar rastreando cosas para sacar humildad.

- Pone un gran deseo de ir adelante...

- A todo se ofrece.

- Una seguridad, con humildad y temor, de que ha de salvarse.

- Echa luego el temor servil del alma, y pónele el fiel temor muy más crecido.

- Ve que le comienza un gran amor de Dios, muy sin interés suya;

- Desea ratos de soledad para gozar más de aquel bien.

- En fin, por no me cansar, es un principio de todos los bienes, un estar ya las flores en término que no les falta casi nada para bro­tar".

 (Esquemas del Libro de la Vida, ed. de Tomás Álvarez. Monte Carmelo Burgos  2004)

Teresa Libro Vida

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