Enamorarse de Cristo

Enamorarse de Cristo y su humanidad. La mística, a su tiempo. Sabiduría de quien tiene experiencia. (Cap. 12)

    El capítulo sigue impartiendo consignas al principiante. Vuelve, casi machaconamente, sobre los temas de la determinación y del amor: "que haga muchos actos para determinarse... y despertar el amor". "Otros, para ayudar a crecer en las virtudes", es decir, para la vida prác­tica. Que lea y se cultive, puede servirle el libro Arte de servir a Dios.  

A Teresa le interesa mucho más orientarse hacia Cristo y relacionarse con él. "Representarse delante de Cristo, y enamorarse mucho de su sagrada Humanidad, y traerle siempre consigo, y hablar con Él, y pedir­le..., y quejársele.., y alegrarse con Él..., y no olvidarle" (n. 2).  

Con todo, la novedad del capítulo apunta en otra dirección. A la autora le interesa prevenir al principiante contra un espejismo que, según ella, es frecuente y arriesgado, y que consiste en hacer pinitos de oración mística: "levantar el espíritu a sentir gustos". Ella lo recha­za, por frustrante. Y temerosa de no haberlo explicado suficientemen­te, se remite a la experiencia de los competentes.

Esta última encomienda la hace volver sobre sí, fiándose más de la propia experiencia. Y con ese motivo nos hace una exquisita confi­dencia sobre el origen de su saber y de cuanto enseña en esteLibro de la Vida.

  Esos tres temas los organiza así en el capítulo:  

Ø      nn. 1-3: consignas al principiante: determinarse a fondo, enamo­rarse de Cristo, agradecer, amar...

Ø      nn.4.5.7: tentación de provocar experiencias místicas: es un error intentar por propia iniciativa "levantar el espíritu a lo sobrenatural".

Ø     n. 6: digresión importante sobre el origen del propio saber  

Ante todo, enamorarse mucho de Cristo  

Un camino de oración, camino andadero con infinitas modulaciones. Centrar en Él y en su Humanidad los momentos de meditación: "Pensar y escudriñar lo que Él pasó por nosotros". No con talante pensativo, intelectualoide, sino para "moverse a compasión (ante "lo que pasó por nosotros"). Compasión y gozo, amor y lágrimas no deben quedar confinados en el reducto afectivo, sino desbordarse en el plano decisivo: el prin­cipiante "puede en este estado determinarse a hacer mucho por Dios y despertar el amor (y) otros (actos) para ayudar a crecer las virtudes" en la vida práctica.

Teresa propone lo que durante tantos años había sido el refugio de su oración de principiante:

"Puede representarse delante de Cristo
y acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada Humani­dad
y traerle siempre consigo
y hablar con Él
pedirle por sus nece­sidades
 yquejársele de sus trabajos
alegrarse con Él en sus contentos
 y no olvidarle por ellos
sin procurar oraciones compuestas
sino palabras conforme a sus deseos y necesidad".  

La tentación de la escalada mística

No se trata pre­cisamente de fenómenos místicos, sino de entrar en el espacio de la experiencia mística, que según ella es "sobrenatural", puro don de Dios, no producto del tesón humano, ni adquirible por nuestras fuerzas, ni producible a base de prácticas ascéticas.  

Experiencia y sabiduría

El saber teresiano tiene su hontanar en la experiencia vivida por la autora y, más allá de ésta, en el Maestro interior. Teresa misma concede especial importancia a esa triple dota­ción: experimentar, entender, escribir. Corresponden a las "tres mer­cedes" de que hablará más adelante (c. 17,5), y que son la clave o el engranaje de su magisterio espiritual.  

(Esquemas del Libro de la Vida, ed. de Tomás Álvarez. Monte Carmelo Burgos  2004)  

Lección de oración para nosotros hoy  

Determinación, quemar las naves para no volver atrás. Hacer actos para despertar el amor. Determinarse para amar. Orientarse a Cristo: representarse delante de Él; acostumbrarse; traerle siempre presente; hablarle; pedirle; quejarse; alegrarse; no olvidarle; agradecerle. Sin esto la amistad no crece en confianza. Esta práctica de orar se da en todos los grados; acercarse a la realidad de Jesús, a su humanidad.  

Teresa habla de “sobrenatural” entendiendo por aquello que el ser humano no puede alcanzar dentro de la economía de la gracia. La efusión mística, la participación en los dones carismáticos. Todo es don de Dios.  

Evitar la imagen del Señor. Teresa dice que es equivocación. No podemos dejar al Jesús del Evangelio, presente en la Palabra, en los Sacramentos, en los Pobres…. Suspender el entendimiento es equivocación. Racionalizar la fe. Tentación subjetiva de acceso mental a Dios sin mediaciones; es poca humildad. Conocer la voluntad de Dios así es evitar la encarnación, irse fuera de ella. Hay que evitar el peligro de sólo acceso mental a Cristo.  El principiante se prepara para recibir; pero es Dios quien da el Don, a Sí mismo.

En el n 6 Teresa nos hace una confidencia autobiográfica: su propia experiencia nos ayuda. Lo primero es la gracia; lo segundo saber entenderla, comprenderla y tercero saber decirla. La gracia no consiste en la conciencia de la gracia. Sobre los dones de Dios nuestra conciencia es muy limitada.  

La oración, para Teresa, tiene una parte de ascética grande. Nosotros queremos tener la experiencia de Dios recíproca sin que nos cueste casi nada. Dios hace experiencia de nuestra fe y nos pone a prueba. La preparación para la experiencia mística es la práctica de las virtudes de cada día: humildad, fortaleza, determinación. Después, si Dios quiere, puede introducirnos en la oración mística. Nosotros tenemos que determinarnos a hacer oración con la convicción de que vamos a tener éxito: Dios nos llama a la Fuente y no nos dejará morir de sed.  

Humildad, desconfiar de uno y fiarse de Dios. Serenidad ante el propio fracaso. Callar y si no hay resultados esperar. No mirar las faltas ajenas. Empeño en vivir en la Presencia de Dios. Vivir conscientes de estar habitados. Buscar al Señor, mirarle, tratarle, insistirle, pues Él es nuestro Mediador. Esto alegra la vida, da fuerza y ayuda a seguir el camino. La fe es la que hace que todas las mediaciones realizadas nos revelen a Jesús, el Señor. Esta mediación hace encontrar al Señor en todo. Donde mejor se ve la Humanidad de Cristo en es la Cruz, en la debilidad. Ahí hay que acompañar y ser acompañado

Teresa Libro Vida

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