Salmo 26, 1-14

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¿Quién nos dará esperanza?
¿Dónde encontraremos ánimo para vivir?
¿A qué puerta llamaremos?
Iremos a buscar a los místicos, que han sido tocados por el fuego de Dios y la luz de su palabra. Les pediremos que nos hablen de la dulzura del Señor.

Adviento es camino de luz.

 

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

 

-          Acoge en tu corazón a Jesucristo; que él disipe tus temores.

-          Busca apasionadamente a Dios.

-          Confía en el Señor, pase lo que pase en tu vida. Él es la luz de tus ojos y la dicha de tu corazón.

 

El mundo de hoy necesita hombres y mujeres que cuenten su experiencia de Dios. Hablar de Dios con gozo y esperanza es la mejor forma de dar la mano a los que buscan. “Para caer, había muchos amigos que me ayudasen. Para levantarme hallábame tan sola, que ahora me espanto cómo no me estaba siempre caída, y alabo la misericordia de Dios, que era solo el que me daba la mano. Sea bendito por siempre jamás, amén” (Sta Teresa).