Salmo 121, 1-9

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Salimos de la monotonía y nos ponemos en camino para buscar al Señor.

Escuchamos las pisadas de tantos hombres y mujeres que sienten dentro un deseo de algo más y por eso caminan. Lo que hemos vivido no agota lo que Dios nos prepara.

El Espíritu nos empuja a caminar con capacidad de sorpresa. Jesucristo guía y alienta nuestros pasos.

Adviento es camino del Señor.

 

¡Qué alegría cuando me dijeron:
“Vamos a la casa del Señor”!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
 
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.
 
Desead la paz a Jerusalén:
”Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.”
 
Por  mis hermanos y compañeros,
voy a decir: “La paz contigo.”
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

     

      * Deja que broten en ti los sentimientos del salmo: alegría, fiesta, fraternidad, paz, seguridad, bien, presencia del Señor en el camino. 

* Siente la llamada a la comunión, no haces el camino solo, no oras solo, no vives solo. Dios te regala un pueblo, una Iglesia. 

* Pide la paz para ti y para los pueblos en guerra, para todos.

 

Salimos del encuentro con el Señor y nos ponemos en camino hacia el mundo. Llevamos una tarea en las manos y en el corazón: construir fraternidad, regalar el don de la paz

Teresa de Jesús oraba desde los caminos de la vida." Oh Señor, cuán diferentes son vuestros caminos de nuestras torpes imaginaciones. y cómo de un alma que está ya determinada a amaros y dejada en vuestras manos, no queréis otra cosa sino que obedezca y se informe bien de lo que es más servicio vuestro, y eso desee. No ha menester ella buscar los caminos ni escogerlos, que ya su voluntad es vuestra. Vos, Señor mío, tomáis ese cuidado de guiarla por donde más aproveche" (Santa Teresa).