4. La Palabra traicionada en Getsemaní, levantada en el Monte

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Cuarto día: La Palabra traicionada en Getsemaní, levantada en el Monte 

1.- Acogida.

 Acogemos a las personas que vienen a participar en la Semana de Espiritualidad. Una buena acogida desbloquea las resistencias interiores y capacita para el encuentro con los demás y con Dios.

2.- Ensayo de cantos         

3.- Presentación del tema del día La Palabra traicionada en Getsemaní, levantada en el Monte 

Bienvenidos, bienvenidas.

Hoy seguimos la Semana de Espiritualidad, que tiene como título: Volver al Evangelio… De este modo nos unimos a toda la Iglesia que en este año siente el empuje del Espíritu para acercarse con nuevo impulso a la Palabra. Además, el tiempo de Cuaresma es un tiempo siempre propicio para abrir el oído y escuchar a nuestro Dios.

Hoy queremos presentaros el tema:  La Palabra traicionada en Getsemaní, levantada en el Monte  a cargo de Pedro Tomás, carmelita  Hemos preparado un montaje para recorrer, en la medida de lo posible, aquellos lugares que pisó y miró Jesús, lugares que tantos de nosotros hemos recorrido con inmensa emoción.       

4.- Entrada solemne de la Palabra

Una vez que todos están sentados, suena una música alegre. Y una persona entra con la Palabra en la asamblea. Despacio. Se detiene en tres momentos, en los que la asamblea canta: “Lámpara es tu Palabra para mis pasos. Luz en mi sendero”.

Coloca la Palabra en el ambón y proclama el texto escogido para este día:

“Pilato le dijo: Con que, ¿tú eres rey? Jesús le contestó: Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz” (Jn 18,37).

Una vez proclamada la Palabra, se vuelve a cantar el cántico de entrada.

5.- PowerPoint: Del Huerto a la Cruz

6.- Enseñanza: La Palabra traicionada en Getsemaní, levantada en el Monte, por Pedro Tomás

7.- El símbolo de la CRUZ

Uno entra llevando la cruz a cuestas (con una música de fondo muy suave). Hace tres paradas y se lee una estación en cada parada:

  Estación

Soy un niño de Ruanda. Tengo 7 años. Muero de SIDA, como tantos de mis amigos, de mis primos, de mis hermanos. Mi muerte aquí vale menos que en otros sitios de la tierra. Me muerte casi nadie la llora. A mi pueblo se le han agotado ya las lágrimas. Yo mismo, casi ni valoro mi muerte.   No me ha dado tiempo a valorar la vida, casi no he tenido tiempo de cantar y danzar las canciones de mi pueblo.

 Pertenezco a los sin voz, por eso mi muerte también ha sido silenciosa. Todo lo mío ha sido silencioso, marginado, para no molestar. Pertenezco a esa inmensa mayoría que no tiene más que el derecho de oír, ver y callar. Pero con mi muerte, me llevo los ojos de los que se han atrevido a mirarme, me llevo las manos que se han atrevido a curarme sin miedo, me llevo los corazones que se han atrevido a cuidar mi vida, tan sin esperanza. ¿Quién responderá a mi esperanza, a mi vida?

2ª Estación

 “Mi historia puede parece poco ruidosa a los ojos de la gente. ¡Es tan casero mi dolor! Tengo 54 años. Mi vida, después de mucha búsqueda, se había centrado y orientado: trabajo, relaciones hondas, vida de fe vivida en grupo, tiempo para hacer algo por los otros. Pero, poco a poco, me he sentido envuelta en una situación que nunca había imaginado. Mi padre se ha debilitado. Mi madre murió hace años. Mis hermanos han expuesto todos ellos excusas muy razonables para no hacerse cargo. Todo lo entiendo, todo. Y así me he visto, de la mañana a la noche, cargando con la cruz de acompañar a mi padre en una debilidad creciente. Sé que esta situación tiene mucho amor dentro, pero no siempre lo descubro. No tener tiempo, no tener vida. Entregarla de la mañana a la noche… ¿Tiene sentido? Y así, un día y otro, y otro…”

3ª Estación

Soy una mujer de 75 años. Siento que mi vida se termina. Tengo cáncer. He buscado durante toda mi vida, él lo sabe, el rostro del Señor. Siempre he querido amarle más. Mi dolor era no amarle como él me amaba. Muchas veces me dijeron que querer amar tanto ya era amar. Ahora mi vida se ha humillado hasta límites impensables. Me duele el cuerpo pequeño que me va quedando, me duelen los huesos. ¡Cuánta pobreza y qué dolorida! Pero mi corazón, cada día más, desea amar y amar a Jesús. Me encuentro caída, pero con los ojos del corazón mirando al amor de mi vida. Mis búsquedas van llegando al final. Ahora es Jesús quien me busca. Hace tiempo que pienso esto: que la vida termina al enterarme de que me busca, o mejor, que la vida empieza. En medio de los cuidados de los míos, siento que un amor me espera.

El que lleva la cruz sube al escenario; se pone detrás de la cruz. Se escucha el Canto del Pastorcito, cantado por Rafael León. Se levanta la cruz en alto. 

CANTO

         ¡Victoria! ¡Tu reinarás!
         ¡Oh Cruz! ¡Tú nos salvarás!
         El Verbo en ti clavado, muriendo, nos rescató.
         De ti, madero santo, nos viene la redención.
         La gloria por los siglos a Cristo libertador.
         Su cruz nos lleve al cielo, la tierra de promisión.  

Tres personas se acercan a besar la cruz.

Después se retira la cruz al fondo  y se tumban en el suelo tres personas que van a escenificar la resurrección.

Con la música de “Carros de Fuego”.

CANTO  Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.