Adviento: Santa María de la esperanza

MOMENTO ORACIONAL

MONITOR.- Ambientación: María, la mujer nueva, presente en el corazón del Adviento, nos invita a esperar con gozo la nueva venida de su Hijo al mundo y a preparar nuestro interior para acoger y celebrar la presencia salvadora de Jesús entre nosotros.

(Con música suave de fondo hacemos esta plegaria, una persona la recita y todos la seguimos en silencio oracional).

MONITOR.- Han pasado dos mil años y ya ves cómo andamos, Señor. Un año más, a la espera de tu venida, aquí nos tienes, Señor, a ver si definitivamente se van arreglando las cosas. Un año más nos ponemos en camino y vienen corriendo y nos alcanzan, desde siglos atrás: Isaías, Juan Bautista, María. Nos acompañan en el camino, nos ayudan a decir, a gritar, a cantar:

CANTO.- “Ven, ven Señor no tardes, ven, ven que te esperamos Ven, ven Señor no tardes, ven pronto Señor”.

MONITOR.- Isaías nos dice al oído: el desierto reverdecerá, el páramo y la estepa florecerá,  se alegrarán, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, animad a los desesperanzados y cobardes de corazón. Escuchamos a Juan, el Precursor: convertíos, ya viene, ya está cerca, preparad el camino al Señor, allanad sus senderos. Juan, que invita a tomarse en serio, a recorrer con austeridad, el camino del Adviento. Y aquí está a nuestro lado, ella, María, Nuestra Señora de la Esperanza, preñada de esperanza, Nuestra Señora de la Luz, Virgen del Adviento, que va a dar a luz, que nos trae la luz. María, representante y adelantada de la humanidad, el corazón del mundo en espera y disponibilidad. Isaías, Juan Bautista y María nos acompañan, pero el camino tenemos que hacerlo nosotros, desde nuestro mundo lleno de injusticia, desde nuestra tierra sedienta de paz, desde nuestra vida instalada en la comodidad.

SILENCIO.- Música de fondo...

MONITOR.- Nos abrimos con María a la Palabra de Dios.

LECTURA DE LA PALABRA: Lc 1, 26 – 38

CANTO: “Feliz porque has creído oh Madre del Señor” (bis)

FRANCISCO PALAU NOS DICE:

. “María, asistida por la gracia y dones del Espíritu Santo desde su Inmaculada Concepción, amó con tal intensidad a Dios, que atrajo a su seno virginal al mismo Hijo de Dios, y Él no vaciló en tomarla por Madre” (Escritos 522, 3).

. “¡Cuán lejos estaba María de pensar que Gabriel arcángel le anunciase su elección para la alta dignidad de Madre de Dios!. Se tenía por la más dichosa entre las mujeres sólo con poder besar los pies de aquella virgen pura que había de ser la Madre del Salvador. Dios vio la humildad de su sierva y la exaltó” (Escritos 594. 3).

SILENCIO ORACIONAL.- Música de fondo.

MONITOR. - María nos invita a acoger a su Hijo Pan de Vida. Aquí se puede abrir el Sagrario o exponer el Santísimo, mientras se canta: “La bondad y el amor del Señor duran por siempre, duran por siempre” (bis)

SILENCIO ORACIONAL

MONITOR.- En este ambiente de silencio todos nos unimos con esta Oración: Lo sabemos Señor, la tarea del Adviento no es sólo pedir tu venida, es allanar las sendas, es arreglar los caminos, es hacer calzadas, es encender luces de esperanza, es soportar los dolores de parto de la humanidad nueva, no olvidando que “si el Señor no edifica la casa en vano trabajamos los albañiles”, recordando siempre que debemos aunar el “todo depende de Ti, Señor” con el “¡depende tanto de nosotros!”.

De Ti depende, de mí depende. Él viene, viene siempre. ¡Preparemos los caminos!. Ven, líbranos del odio, de la violencia, de la mentira, de la indiferencia, de la esclavitud.

CANTO.- “Ven Salvador ven sin tardar, danos tu gracia y tu paz. Ven Salvador ven sin tardar, danos tu fuerza y verdad”.

MONITOR.- Escuchemos ahora unos testimonios de misioneros/ras que siguen entregando su vida por ir allanando sendas, encendiendo luces de esperanza, preparando los caminos del Señor.

Con distintas voces se leen los siguientes testimonios u otros que el mismo grupo tenga más vivenciales.

“No es extraño encontrar hoy a misioneros haciendo de mediadores para buscar la paz entre grupos étnicos enfrentados, o misioneras trabajando sin horario fijo atendiendo a enfermos y heridos en campos de refugiados, o colaborando en programas de reconstrucción de casas destruidas por desastres naturales,  o incluso manifestándose ante las autoridades a favor de la justicia y paz, que son comunes a todas las personas. Pero, por encima de todo, los misioneros cristianos estamos convencidos de que la mejor causa común es el anuncio salvador de Jesús de Nazaret, muerto y resucitado. Por eso, nuestro trabajo consistirá fundamentalmente en vivir la vida nueva del Reino de Jesús, con el anuncio de la Palabra y con el testimonio de vida” (De un misionero Comboniano).

MONITOR.- Encontrar a Cristo en los que sufren, en los que no tienen, en los que esperan sin esperanza, en los que están sentados a la vera del camino gritando que alguien abra sus ojos y sus oídos, en los enfermos a los que nadie visita, en los niños de ojos tristes... Este es el pan de la solidaridad. Acogemos este otro testimonio de una misionera de Angola:

“Hace pocos años que llegó la paz a Angola tras más de 30 años de conflicto armado. Al abrir  los caminos, hasta ahora minados y prohibidos, hemos podido comprobar con espanto los crueles frutos de la guerra. Cubiertos de andrajos y sin recursos viven miles de hombres, mujeres y niños. Por todos los lados se siente la miseria, el hambre, la enfermedad y la muerte. En los poblados  la situación es realmente dramática, más del 82% de la población sufre desnutrición  y de ellos un 64% la padece de forma severa, lo que hace pensar que será difícil recuperarlos”.

 SILENCIO ORACIONAL.- Música suave de fondo.

MONITOR.- Dentro de este ambiente oracional os invito a hacer resonancia (a partir de la Lectura Bíblica) de todo aquello que más me ha impactado y me está exigiendo por dentro.

Aquí dejar un espacio para la comunicación.  Música suave de fondo.

MONITOR.- Presentemos a María Virgen y Madre nuestras urgencias.

(Se pueden repartir entre varios estas peticiones, a cada una de ellas contestamos cantando)  “Ruega por nosotros Madre de Dios”

1.- María, Virgen de la Esperanza. Contágianos tu fuerza, acércanos El Espíritu que llena tu vida. Ayúdanos a vivir con alegría, a pesar de las dificultades que encontramos en el Seguimiento de tu Hijo.

2.- Que no nos desaliente la lentitud de los cambios, que no ahoguemos la semilla del Evangelio. Que no perdamos la utopía, de creer que es posible otro mundo y otra sociedad.

3.- Que no bajemos los brazos en la lucha por la justicia y en la práctica de la solidaridad. Llénanos de buen ánimo y entrega.

4.- Enséñanos a esperar en el Señor, a confiar en su Palabra, a dejarnos guiar por su Espíritu, a llenarnos de su buen humor y alegría.

5.- Ayúdanos a saber escuchar su voz, en la realidad de todos los días, en el sufrimiento de tantos, en las ansias de liberación y cambio, en la sed de justicia.

MONITOR.- Mientras se reserva el Santísimo, puestos todos de pie rezamos con las manos abiertas y en alto el Padre Nuestro.

MONITOR.- Oración: Estás viendo Señor, cómo esperamos con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.

CANTO  Santa María de la Esperanza, mantén el ritmo de nuestra espera, mantén el ritmo de nuestra espera.

1.- Nos diste al esperado de los tiempos. Mil veces prometido en los Profetas. Y nosotros de nuevo deseamos Que vuelva a repetirnos sus promesas.

2.- Brillaste como aurora del gran día. Plantaba Dios su tienda en nuestro suelo Y nosotros soñamos con su vuelta. Queremos la llegada de su Reino.