Viaje al “espacio interior”

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Todos buscamos hoy silencio, profundidad, interioridad. Deseamos algo que abra estratos profundos de la conciencia, que ponga en juego las facultades de la mente. La gente que medita asiduamente constata que la meditación produce unidad interior. Dada la fortísima impregnación técnica de la sociedad, en todos los aspectos de la vida, necesitamos hoy más que en épocas pasadas el complemento de la interioridad, para no sucumbir al torbellino de la periferia.

Te invitamos a hacer un “viaje al espacio Interior”, en que podrás encontrarte a ti mismo, y decir y sentir de verdad: yo soy y no simplemente “yo tengo” o “yo hago”.

Todos padecemos un desequilibrio. Separación existencial de Dios, o lo que es lo mismo, el afincamiento en la autonomía del propio pensar, sentir y obrar.

Francisco Palau, es el autor de la búsqueda de “ahondamiento” en el propio interior. Es la reflexión del “silencio” o del “vacío” la que dio vida en el lenguaje y formas concretas de Francisco Palau, aprendiendo así a “oír” y a “ver” la verdad en la historia.

Esto es muy necesario en nuestro tiempo, en que sentimos una inclinación a atribuir valor real unicamente al lenguaje científico. Trataremos por tanto, de llegar a ese “yo profundo” mediante un método que ayude a superar la fragmentación del mundo puramente racional.

El método reflexivo de “ahondamiento” en el propio interior lleva inevitablemente a una experiencia palautiana, en el Dios como un “Tu” y la persona humana como un “yo” desaparecen, llegando a la experiencia profunda del Cristo Total que compromete a vivir, dar y esperar.

PUNTOS DE INTERIORIZACIÓN QUE PUEDEN SER APLICADOS EN NUESTRA VIDA

Postura externa.- La que te resulte más cómoda. Piensa que cuando el cuerpo tolera una postura durante largo tiempo es porque está de acuerdo con su funcionamiento. La postura mejor fisiológicamente será, por otra parte, la que permita el mejor funcionamiento del sistema nervioso, dejándolo más liberado y dispuesto en el adentramiento personal.

-        Tal como estas sentado, intenta colocarte en ángulo recto.

-          La cabeza, el cuello y el tronco deben estar en línea recta. No precisamenterígidos. 

Si  se mantiene la línea recta, se asegura el equilibrio del cuerpo. De esta forma, cuando la oración  vaya dejando el cuerpo a su aire, tranquilo, este no tenderá a caerse como cuando uno se duerme. Funciona mejor el sistema nervioso.  

- Las manos simplemente dejadas sobre las piernas o recogidas en el regazo, la mano derecha dejada sobre la palma abierta de la mano izquierda, sin entrelazar los dedos para evitar la ligera presión que éstos ejercen al estar enganchados. A algunos os puede resultar útil colocar las manos dejadas sobre las piernas, pero con las palmas hacia arriba.

Todo proceso de adentramiento en ambiente de oración, es un proceso de armonización interior. Unificar la conciencia significa que sólo existe un punto de referencia, el de la fidelidad al don de Dios.

La respiración.- La manera como conviene dominar la respiración como preparación para la oración, podemos reducirla a lo que se llama: reducir la longitud del aliento. Al echar el aire, siempre por la nariz, sale un chorro de aire que se prolonga a cierta distancia. La distancia que recorre el aire al salir de la nariz hasta que se disipa, es lo que se llama longitud del aliento. Cuanto más largo es este chorro de aire más activado, tenso, excitado te encuentras; a medida que disminuye, mayor es la calma, la serenidad, la quietud.

La primera medida que tomarás, será una vez sentado en la postura ya indicada, controlar el aliento.

Comienza echando todo el aire que tengas en los pulmones. Expulsa el aire hasta que notes que tienes que comenzar a esforzarte por echar más. En este momento párate. Todo debe ocurrir sin esfuerzos.

Ahora inspira lo más lentamente que puedas, pero sin esfuerzo. Cuando notes que tienes que hacer un esfuerzo para seguir metiendo aire, detente; ahora inicia la expulsión del aire, lo más lentamente que puedas, procurando que el aire no se te escape. Ve soltando tu mismo poco a poco, despacio, controlando su salida. Procura que no sea a golpes, sino que resulte una línea continua, sin picos ni interrupciones. Cuando observes que tienes que esforzarte con incomodidad para expulsar el aire, detente y comienza a inspirar, a meter aire nuevamente.

Es sumamente importante que al mismo tiempo que se realiza el ejercicio anterior la mente esté concentrada. El objeto de concentración puede hacerse:

-          Sobre el aire mismo que se introduce y se expulsa. Se lo va siguiendo, como si se le viera entrar y salir.

-    O sobre el vaivén del pecho, ese subir y bajar de la musculatura que interviene en la respiración.

La relajación.- Es la que más directamente interviene en el proceso inicial de aislamiento o retirada de los sentidos de sus objetos propios. Esto se logra relajando las tensiones. Todos habitualmente estamos tensos y mantenemos innecesariamente contraídos los músculos, lo que supone una fatiga y una reducción de la energía que podríamos dedicar a otra cosa. Cuando estas contraído , la mente está dedicada en mayor o menor grado y a nivel consciente o inconsciente, a mantener esa contracción muscular. Si logras relajar esos músculos o grupos de músculos, dispondrás de mayor energía mental.

Esta contracción es una pérdida de energía que se hace siempre a expensas de la conciencia, la que pierde lucidez y claridad.

Todo esto puede parecerte muy sutil desde fuera, sin entrar dentro de este sistema. Ocurre que normalmente estamos viviendo a granel, sin afinar. Te invito que lo intentes, y veras...

Interesa localizar las tensiones. Existen tensiones que suelen acumularse preferentemente en los siguientes lugares: Los ojos y frente, la boca, la lengua, la garganta, los labios, las mandíbulas, el cuello, la nuca, los hombros, los brazos y manos, las piernas, el plexo solar (a la altura de la boca del estómago).

Para entrar en silencio interior hay que relajarse bien el cuerpo, deshacer las contracciones musculares.

Esta manera de trabajar parece contradecir la necesidad de incorporar el cuerpo a la vida espiritual. Aquí parece que se le aleja, que uno trata de deshacerse de él, En realidad, a través de esta aparente ausencia de lo físico, el sistema nervioso recupera fuerza y aptitud para dar paso a los estados más elevados de conciencia, porque sabemos que la mente funciona a través del cerebro, a través del sistema nervioso. Esta es la mejor forma de incorporar lo físico a lo espiritual.

Ante la impotencia que este sistema tiene en la maduración humana de la persona, veremos algunas orientaciones que nos pueden servir.

La regla básica es no hacer ningún esfuerzo por relajarse. Se comprenderá que hacer esfuerzo es producir una nueva tensión. El principio que rige la relajación es la mente, y la fuerza que tiene para modelar, dar forma al cuerpo, como por ejemplo: cuando estoy triste la tristeza se refleja en el organismo y en la cara más concretamente, o como cuando pienso que se me hace un nudo en la garganta y me paralizo. La mente a través de las ideas posee una cualidad que se la denomina ideo-plasia. Ideo hace referencia a las ideas, y plasia tiene relación con plástica, plasticidad, que quiere decir dar forma o tomar forma. Las ideas pueden modelar, dar forma al cuerpo, producir alteraciones. Sólo hace falta que existan las condiciones adecuadas. En realidad relajar los músculos es darles una nueva forma, darles otra plasticidad. Las condiciones adecuadas son:

-          Prestar atención, concretarse en aquella parte que se quiere modificar.

-          Mantener la idea que se quiere ver plasmada: en este caso que el músculo se relaja.

-          La actitud íntima es dejar que acontezca, dejar que ocurra lo que insinúo, sin hacer ningún esfuerzo.

Con estos principios, que rigen la relajación, siéntate en la postura ya indicada para la oración.

  -          Ahora concéntrate en los pies y piernas.

-          No hagas nada , simplemente, mantén la concentración, observa cómo se van relajando, como van aflojándose. Da tiempo para que ocurra lo que piensas. Si no ocurre a la primera, quédate tranquilo. No importa en absoluto.

 -          Haz el recorrido de todos los lugares antes mencionados en los que pueden anidar las tensiones.

 -          Observa las manos y brazos. Ve cómo se aflojan, cómo se relajan, cómo pesan más cada vez. Hazlo todo despacio, sin prisa.

 -          Deja que los hombros caigan. No los mantengas levantados.

 -          Ahora concéntrate en las mandíbulas y déjalas sueltas, flojas. Los dientes se entreabrirán, y es posible que también los labios. No importa. Notarás una nueva sensación de descanso en la cara.

 -          Relaja ahora la garganta. Observa cómo se afloja.

 -          La lengua, déjala igualmente libre, flotando en la cavidad bucal.

 -          No aprietes los labios, déjalos sueltos.

 -          Ahora vete a la nuca, lugar preferido de muchos para acumular tensiones. De ahí provienen muchos dolores de cabeza.

 -          Pasa ahora a los ojos y procede de la misma forma. Muchos encuentran gran dificultad en relajar los ojos. En estos casos conviene primero darse cuenta de lo que significa tensión en los ojos. Conviene en este caso hacer lo siguiente:

 -          Se aprietan los ojos, cerrándolos con fuerza. Entonces darse cuenta de la tensión, que es esa sensación de apretamiento que en ese momento se nota.

 -          Ahora se van aflojando lentamente, poco a poco esas tensiones. Como las he puesto voluntariamente, voluntariamente las quito, pero despacio. En un momento ocurrirá que este aflojamiento voluntario sigan aquellas tensiones involuntarias que tenía y que era difícil suprimir directa y aisladamente.

 -          Después afloja en la misma forma las tensiones de la frente y cuero cabelludo.

 Al terminar el recorrido, sobre todo al principio, se advertirá que han vuelto las tensiones una vez se ha dejado de prestarles atención. Es conveniente hacer este recorrido varias veces antes de cada momento de oración. Cada vez llevará menos tiempo y la relajación se irá haciendo más duradera, hasta hacerse permanente y persistir durante toda la oración una vez que se ha logrado. Más adelante irá manteniéndose incluso durante el día. Se comenzará a observar otra forma de vivir, de reaccionar e incluso de pensar, debido a la menor carga de tensión muscular acumulada.

 Una vez conocida esta técnica tan sencilla de relajación como ambientación personal para una serena reflexión, te invito a abrir la página 238 del 1 al 9 Escritos Francisco Palau “La Vida Solitaria”, haciendo tuyo el Himno de Alabanza.

 -          Te recuerdo que la forma de estar sentado anteriormente expuesta, es una postura de petición y de disponibilidad, de reposo ante Dios. Es la actitud indicada para una oración serena y para la interiorización de cualquier texto.

 -          Lee despacio el texto palautiano. Seguramente que encontrarás ciertas frases que golpearán tu vida.

 -          Déjalas resonar en tu interior para comprenderlas bien, para gustarlas en profundidad, para dejar que te interpelen.

 -          Procura no dejar nunca la reflexión en el “aire”, quédate con algo concreto que te exija una vida más radical-evangélica.

 . NOTA.- Esta experiencia es posible también en grupo: se lee el texto y, luego, durante el silencio oracional, cada uno puede dar a conocer libremente, en voz alta, lo que más le ha impresionado. Si el grupo y el momento es propicio, se podría pedir a los demás, iluminación para un mayor conocimiento personal.

  “La soledad, alienta, serena el corazón, pero inquieta y compromete la vida.
El amor no puede estar en el hombre ocioso”

(Escritos pág. 906,3 ...)      

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