La Visitación

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LOS OJOS SE ENCUENTRAN EN LA LUZ DIVINA.

MEDITACIÓN DE LA IMAGEN DE LA VISITACIÓN

Pintura del alrededor del 1.200.

En un trasfondo de ocre dorado se abrazan María e Isabel. Los bordes inferiores del vestido tocan casi los laterales de la imagen, mientras las cabezas se estrechan una contra otra.

Isabel, de la tribu sacerdotal de Aarón, y casada con un sacerdote, merece por su procedencia y edad, veneración y respeto. El artista traduce esto en una gran figura envuelta en la roja mantilla de las casadas. La mantilla de María parece azul turquesa, los pliegues del vestido de María caen en rígidas líneas.

Isabel cierra sus brazos alrededor de la joven figura, los brazos de María rodean el cuello de Isabel y su rostro se aprieta contra sus mejillas.

Ambos cuerpos, el de Isabel y el de María, son cuerpos bendecidos: una lleva al precursor (Juan Bautista), la otra al Salvador.

Pero no son los cuerpos los que se tocan en este encuentro, sino los ojos, los ojos que captan la luz, irradian la luz y se han fundido en un único ojo.

Allí donde ambas mejillas se aprietan la una contra la otra, los ojos se zambullen unidos en el misterio divino. No miran los ojos de la una a los ojos de la otra, sino que ambos se encuentran en la luz divina.

Isabel tiene los ojos serios, admirados, contemplativos. María mira un poco como soñando, con unos ojos que parecen haber llegado al descanso en el abismo de un amor infinito.

ORACIÓN

  • María, enséñanos a abrirnos, de para en par, a la Vida. Pon nos en camino hacia la Vida en plenitud. Las manos siempre acogedoras, siempre abiertas. El alma, también abierta, acogedora. Con la vida, como un cántaro, en busca de la fuente. Con la Palabra, tocándonos por dentro el corazón. Sin miedo a la fecundidad, sin miedo al fruto. Rozando, en amoroso toque de ternura, al que es la Vida. Despierta en nosotros entrañas maternales hacia toda vida. Para dar, como Tú, la vida a manos llenas. Amén.

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