1. Nazaret

 

  • No es lo mismo nacer en el norte, que en el sur. Unos se despiertan en la violencia, otros en la abundancia; unos respiran la cercanía de Dios, otros la ausencia.
  • Todos tenemos rasgos culturales que nos identifican y es bueno reconocer y asumir nuestras raíces. Pero cuando la semilla se hace árbol y brotan las ramas, aparecen en nosotros mil tendencias, provenientes de razas, culturas, visiones del mundo distintas. Surge entonces el mestizaje y la certeza de que la piel de Dios y el mundo que el Espíritu quiere dibujar es de un arcoiris multicolor.
     
    50 millones de indígenas de todo el mundo tienen su futuro seriamente amenazado por la destrucción de las zonas donde tradicionalmente habitan.

   

  • Recuerda el lugar donde naciste. Ábrete desde él al mundo, que es la casa de todos.
  • Recuerda que para Dios todos son iguales, sean de donde sean, habiten o no en sus lugares de origen. Que lo sean también a tus ojos es el desafío que pone ante ti el Espíritu.

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"Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret" (Lc 1,26).
"¿De Nazaret puede salir algo bueno?" (Jn 1, 46).

 

  • Nazaret es el pueblo de María. Es un lugar pequeño, alejado de la gran ciudad. Es símbolo de todos esos lugares, de los que no se espera nada bueno. Sin embargo, en una mujer virgen de ese pueblo pone Dios los ojos.
  • Nazaret representa la actuación libre de Dios, que se estremece ante los humildes y obra en ellos las más grandes maravillas. “Al llegar la plenitud de los tiempos ... el Espíritu Santo, que ya había infundido la plenitud de gracia en María de Nazaret, plasmó en su seno virginal la naturaleza humana de Cristo” (RM 1).
  • Nazaret es hoy la pasión de una tierra, la de María, cada día más deteriorada y violenta en busca de paz. Es imagen de todo lugar de la tierra donde hay dolor, al que Dios no deja de mirar, para abrir caminos a la esperanza y a la paz.

 

DEL CIELO VINO UN ENVIADO, LA VIRGEN POBRE SE TURBO.
UN SI CONSCIENTE Y CONFIADO, Y EL LIRIO BLANCO FLORECIO.
TU, LA ESPOSA DEL CARPINTERO, TEMPLO Y MADRE DEL MISMO DIOS.
TODO EL CIELO CUAJO EN TU SENO, Y EN UN CIELO SE CONVIRTIO.

  

Cuando Dios llama a cada puerta se produce una nueva anunciación.

- El ángel del Señor anunció a María
- Y concibió por obra del Espíritu Santo.
“Cuando El llegó ¿qué hora daba, Madre, tu corazón? Mientras no llegaba daba la hora de la esperanza. Pero cuando llegó ¿qué hora daba...?” (Pedro Casaldáliga)
La respuesta de cada persona, de cada pueblo, es siempre un canto a Dios.

- He aquí la esclava del Señor.
- Hágase en mí según tu palabra.
Y de la palabra brota una nueva civilización, en la que ya no hay esclavos, ni división entre blancos y negros, ni hombre y mujer enfrentados, ni lugares de ínfima categoría.
De la palabra acogida por María nace Dios entre nosotros.

- Y el Verbo se hizo carne
- Y habitó entre nosotros.
Hazte presente, Señor, en cada rincón del mundo.
Anúnciate en los hambrientos de África, en el odio secular de Oriente, en las diferencias escandalosas entre ricos y pobres.
Que la Encarnación de tu Hijo nos ponga a todos en camino, hacia un mundo nuevo, sin fronteras, donde cada ser humano es importante, por ser humilde reflejo de tu belleza.

 

Hazte con un mapa. Visita con tu cariño y con tu ayuda el lugar donde viven los más pobres.