14. Los humildes van a Belén

 

  • ¿Adónde van hoy los humildes de la tierra? ¿Hacia dónde encaminan sus pasos? ¿Quién les dará acogida, compartirá con ellos el pan y la palabra? ¿Quién se dejará enseñar por su capacidad de asombro?
  • No siempre los caminos más trillados conducen a los manantiales. A veces hay que rastrear caminos humildes, escondidos. Ellos pueden transformar el mundo, porque desde abajo se intuye lo esencial.
  • Lo mismo pasa en la vida. No siempre las personas que más brillan son las que conducen a la meta. A menudo es el corazón de las gentes pobres el que mejor refleja el rostro de Dios.
    Cuando contemplamos el peregrinar de los humildes de la tierra, qué lejos quedan esos planteamientos que te llevan a Dios y te alejan de los hombres.

 

Experiencia de vida:
Raimunda es madre de cuatro hijos. El padre casi nunca aparece por casa. Ella vive en una casa que no tiene ni suelo, ni paredes, ni tejado. El suelo es de tierra, que no está nivelada. Las paredes son un entresijo de palos con barro y latas. El tejado está hecho con ramas y hojas de cañas, con un plástico encima, que casi sólo sirve para quitar la luz del sol. La lluvia pasa y moja todo. La casa no tiene puerta, solo tiene dos agujeros desprotegidos para entrar y salir. El viento frío de las noches pasa libremente. Todo muy pobre, como en la cueva de Belén. Ella acaba de dar a luz a su hijita, mientras la mece dice: "Esta niña tiene cuatro madres. Me tiene a mí. Tiene a esa (y señala a la abuela). Tiene a aquélla (y señala a la comadrona) y tiene a la de arriba (y señala al cielo)".

FOTO

 

"Los pastores se decían unos a otros: vamos a Belén a ver lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.
Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre" (Lc 2, 15-16).

 

  • Llegaron los pequeños a Belén y pasó como con los pájaros del cielo, que cantan y vuelan, pero no defienden su música o su belleza.
  • Llegaron los humildes a Belén y en aquella pobreza vieron a Dios hecho niño, transparente como el aire, alegre como el agua limpia.
  • Llegaron los pobres de la tierra y al ver a Jesús, tan como ellos, les salió por los ojos el asombro y bailaron danzas teniendo entre sus brazos a la Gracia.
  • Y nosotros, peregrinos de tantos caminos, nos sentamos junto a José y María para respirar la paz de Jesús y escuchar la música universal del amor
  • Palabra de la Iglesia: "Los que a través de los siglos, de entre los diversos pueblos y naciones de la tierra, acogen con fe el misterio de Cristo, verbo encarnado y redentor del mundo, no sólo se dirigen con veneración y recurren con confianza a María como a su madre, sino que buscan en su fe el sostén para la propia fe. Y precisamente esta participación viva de la fe de María decide su presencia especial en la peregrinación de la Iglesia como nuevo pueblo de Dios en la tierra" (RM, 27).
  • Palabra de los santos: "Buscando mis amores iré por esos montes y riberas, ni cogeré las flores ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras". Agradecimiento a María, acogedora de todos los peregrinos de Dios: Cuando yo no tenía vivienda, tú María nos abriste las puertas. Cuando yo estaba desnudo, tú me tendiste tu manto. Cuando estaba cansado, me ofreciste reposo. Cuando estaba intranquilo, calmaste mis tormentos. Cuando estaba solo, me mostraste, en Jesús, el amor. Cuando me pudo la pena, me ofreciste una sonrisa. Cuando me llegó la preocupación, tú me regalaste la paz.

 

MADRE DE LOS POBRES, LOS HUMILDES Y SENCILLOS,
DE LOS TRISTES Y LOS NIÑOS QUE CONFIAN SIEMPRE EN DIOS.

 

"Buscando mis amores iré por esos montes y riberas,
ni cogeré las flores ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras".

Agradecimiento a María, acogedora de todos los peregrinos de Dios:
Cuando yo no tenía vivienda, tú María nos abriste las puertas.
Cuando yo estaba desnudo, tú me tendiste tu manto.
Cuando estaba cansado, me ofreciste reposo.
Cuando estaba intranquilo, calmaste mis tormentos.
Cuando estaba solo, me mostraste, en Jesús, el amor.
Cuando me pudo la pena, me ofreciste una sonrisa.
Cuando me llegó la preocupación, tú me regalaste la paz.




Escuchar a los más pobres, porque en ellos sopla el espíritu de Dios:
"No existe una comunidad de iguales en nuestra Iglesia, en esto yo siento que no somos fieles a lo que Jesús quería, pero tengo esperanza de que las cosas van a ir cambiando, más despacio pues de lo que una quisiera, pero hay signos de esperanza no sólo entre las mujeres sino también entre algunos varones" (Testimonio de una mujer de El Salvador).