3. Dios entra en la historia

 

  • En la historia está el ser humano. Ahí, en medio. Como un misterio. ¿Qué es lo que esconde dentro? Todos vienen llamando a su puerta.
  • Viene veloz el mundo de Internet buscando nuevos usuarios de la red. Se acerca avasallador todo el mundo de la propaganda, buscando nuevos clientes para sus productos.
  • Viene Dios, buscando amigos. Rompe barreras, acorta por el amor toda distancia. Se acerca despacio, desde abajo. Le brota un grito en las entrañas: "Creo en la mujer, creo en el hombre". ¿Qué voces oiremos? ¿A quienes daremos cabida en nuestro corazón? ¿Quién respetará el misterio de cada persona? ¿Quién contará con la libertad del ser humano? ¿Quién pensará que la verdad no se impone sino por la fuerza misma de la verdad? Un millón de niñas y adolescentes se incorporan cada año al ejercicio de la prostitución.

 

Relato: “El Señor ha susurrado algo al oído de la rosa, y he aquí que se abre a la sonrisa;
ha murmurado algo a la piedra, y la ha convertido en piedra preciosa.
Y cuando dice también algo al oído del sol, la mejilla roja del sol se cubre de eclipses.
Pero, ¿qué habrá susurrado el Señor al oído del ser humano?: Amor y misericordia”.

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“La Palabra vino a su casa y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios” (Jn 1,11-12).

 

  • Dios entra en la historia de María, y a través de ella en la historia de la humanidad, porque María recoge como en un cuenco todas las esperanzas y anhelos del pueblo.
  • Dios entra como un peregrino, como un buscador. Dios mira, toca; su rostro se vuelve hacia María.
  • María está a la espera. Como el centinela que aguarda la aurora. Su casa siempre está abierta, dispuesta a la acogida, aunque quien viene le cambie los planes.
  • Con María el mundo, también nosotros, queda abierto a la ternura, a la contemplación y al encuentro con Dios.
  • Al entrar Dios en nuestra vida se abre para nosotros una propuesta: “Tu palabra sería la segunda palabra y ella recrearía el mundo estropeado, como un juguete muerto que volviera a latir súbitamente. Tú pondrías en marcha, otra vez, la ternura” (P. Casaldáliga).

Palabra de la Iglesia: “María, que... se ha encontrado en el centro mismo de los inescrutables caminos y de los insondables designios de Dios, se conforma a ellos en la penumbra de la fe, aceptando plenamente y con corazón abierto todo lo que está dispuesto en el designio divino" (RM, 14).

 

SIEMPRE QUE NOS VISITA DIOS SE LLENA DE ALEGRÍA EL CORAZÓN.
¡SE LLENA DE ALEGRÍA!

 

“Soy hombre, mineral y planta a un tiempo, relieve del planeta, pez del aire, un ser terrestre en suma.
Arbol del Amazonas, mis arterias, mi frente de París, ojos de trópico, mi lengua americana y española, hombros de Nueva York y de Moscú, pero fija, invisible, mi raíz en el suelo equinocial, nutriéndose del agua de los ríos y de la sangre verde que cirula por el frágil, alado cuerpecillo de loro, profesor de ortología, del saltamontes y del colibrí, mis ínfimos aliados naturales" (Jorge Carrera Andrade). Aquí has entrado, Señor.

En María, una de nosotros, has mostrado tu rostro. ¡Qué poder tan revelador el de tu llamada! ¡Qué lucidez despierta en nosotros el paso silencioso de tu mirada! ¡Qué valor das con tu presencia a todo lo nuestro! Nos haces protagonistas de la historia, nos tomas en serio.

 

Abre cada mañana la puerta de tu vida y emprende el camino con alegría.