4. Una verdad pequeña y sencilla

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EDITH STEIN. SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ.

Momentos significativos del itinerario espiritual de Edith Stein han quedado consignados en las veinticuatro cartas que dirige a Sor Adelgundis. De ellas extractaremos algunos párrafos importantes en este proceso. AMELIE JAEGERSCHMID (Sor ADELGUNDIS OBS) (1895, Berlín), doctora en filosofía, con especialización en historia, estudió en Friburgo, asistió a los “cursos filosóficos para principiantes” de Edith Stein, perteneció al grupo de los primeros discípulos de Edmund Husserl.

El año 1921 se convirtió al catolicismo y entró en el convento benedictino de santa Lioba (Friburgo-Günterstal). Allí volvió a encontrar Edith Stein a Sor Adelgundis, y desde entonces se desarrolló una larga amistad. En las cartas escritas desde Breslau Edith le refiere el cúmulo de tareas que la desbordan y tiene que jerarquizar. Conferencias sobre la mujer en Salzburgo y Munich, solicitud como profesora para el Instituto de Pedagogía Científica en Münster, trabajo científico sobre santo Tomás...

En medio de esos trajines nos deja ver cómo vive esos acontecimientos y qué es lo que debe aportar a la humanidad. Desde el Carmelo de Colonia, le comunica su vocación carmelitana. Se dedica a cuidar a la hermana lega más anciana, Clara, enferma de cáncer de hígado, atiende el torno, escribe. Una y otra vez reitera el móvil determinante de su vida: la fe viva en Jesús, el ofrecimiento total de su vida de amor a Dios, y la oración constante por todos los hombres ante el sagrario, y en comunión con el misterio redentor. 

  • “A Friburgo preferiría ir una vez que haya terminado el trabajo. Cuándo será eso, no lo sé. Y si antes me llaman para la Academia de Pedagogía, quizás renunciaría del todo a concursar cátedra. Después de haber comenzado el trabajo, enseguida vi que para mí era mucho más importante que cualesquiera otros objetivos, a los que eventualmente pudiera atender. Dios sabe qué planes tiene sobre mí. Por eso yo no necesito preocuparme. El librito de Salzburgo todavía no pude enviárselo, ya que los diez ejemplares gratuitos que recibí hace poco no bastaron, ni remotamente, para cubrir mis necesidades. He vuelto a pedir más. No acabo de ver clara su crítica. Es verdad que la tercera parte no está suficientemente desarrollada (se podría haber añadido toda la formación religiosa, tal como antes expuse en Munich). Pero entonces, según parece, ¿hubiera deseado usted que no incluyera lo sobrenatural? Ahora bien, si yo no debiera hablar de ello, desde luego no subiría a ninguna tribuna. En el fondo es una verdad pequeña y sencilla, la que siempre tengo que decir: cómo se puede comenzar a vivir en las manos del Señor. Si, pues, la gente me pide otras cosas y me propone temas profundos, que me son ajenos, en ese caso sólo los tomo como introducción para llegar finalmente a mi certerum censeo...” (Carta 76. Breslau, 28 de abril de 1931). 
  • “El Carmelo es una montaña alta que hay que escalar desde abajo. Pero recorrer este camino es una gracia demasiado grande. Y créame: en las horas de oración siempre me he acordado especialmente de aquellos que gustosamente estarían en mi lugar. Ayúdeme, para que sea digna de vivir en el santuario más íntimo de la Iglesia y de interceder por aquellos que trabajan fuera...” (Carta 141. Breslau, 27 de agosto de 1933). 
  • “Los servicios básicos del amor deben efectuarse a través de un camino silencioso. Creo, incluso, que de esta manera puedo ayudarle más que con palabras. Naturalmente, acordarme en detalle de todas las intenciones, que desde distintas partes me son encomendadas, apenas es posible. Una sólo puede esforzarse en vivir la vida que ha elegido cada vez con mayor fidelidad y pureza, para presentarla como una ofrenda agradable a favor de todos a los que está unida. La confianza que ha sido depositada en nosotras, la altísima opinión que muchos de fuera tienen de nuestra vida, siempre es un estímulo para ello...” (Carta 154. Colonia-Lindenthal, 11 de enero de 1934). 
  • “Después de un año de sufrimientos, hoy marchó dulcemente a la eternidad nuestra hermana Clara. A ella he encomendado mucho nuestro querido Maestro Edmund Husserl, y lo volveré a hacer esta noche durante la vela. Creo que en su compañía estará bien seguro. Era la mayor de nuestras hermanas legas, incansable en los trabajos más humildes; un espíritu fuerte y viril que comprendió y vivió con decisión el ideal carmelitano. Ha sido una vida totalmente espiritual fundada en la fe. No tengo preocupación alguna por mi querido Maestro. He estado siempre muy lejos de pensar que la misericordia de Dios se redujese a las fronteras de la Iglesia visible. Dios es la verdad. Quien busca la verdad, busca a Dios, sea de ello consciente o no. Agradezco de corazón toda su información. El 21 de abril haré mi profesión perpetua, y el 1 de mayo es la fiesta de la imposición del velo...” (Carta 249: Colonia-Lindenthal, 23 de marzo de 1938).
  •  “Al dia siguiente de la profesión perpetua recibí una carta de la señora Husserl, en la que me transmitía el comunicado de la tarde del Jueves Santo (Edmund Husserl murió el 27 de abril de 1938). He considerado estas palabras como un fabuloso regalo de profesión. Siempre esperé que el desenlace se produjera por este tiempo. Pues pensé que sería en circunstancias parecidas a las de mi querida madre, que murió al tiempo de la renovación de la profesión (Augusta Courant murió el 14 de septiembre de 1936). No piense que tan gran confianza se debe a mi oración o “mérito” alguno. Estoy convencida solamente de que Dios no llama a nadie para él solo. Y que, cuando él toma un alma, es pródigo en manifestaciones de amor...” (Carta 252: Colonia-Lindenthal, 15 de mayo de 1938).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

  • ¿ Cómo entiendes tu vocación?
  • Los “otros” ¿qué lugar ocupan en tu vida?

Si te interesa conocer más la vivencia vocacional de Edith Stein puedes seguir leyendo el resto de las Cartas que le escribe a Sor Adelgundis en “Autorretrato Epistolar” (1916-1942), Ed. de Espiritualidad, Madrid 1996.

Más información en la web:
- Santa Teresa Benedicta de la Cruz.