5. La oración, experiencia trinitaria

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SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS

 El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. “Dios no es soledad sino familia” (Juan Pablo II).

Por la gracia del bautismo somos llamados a participar en la vida de la Bienaventurada Trinidad. La oración nos ayuda a tomar conciencia de este don, a vivirlo y expresarlo. Es fruto y expresión de la presencia trinitaria en nosotros.

“Hay una criatura que conoció ese don de Dios. Se mantuvo tan pequeña y tan recogida en el secreto de su templo, que atrajo sobre sí las complacencias de la Santísima Trinidad. Al decir “fiat” se realizó el mayor de todos los misterios. María se convirtió para siempre en morada de Dios. La visión inefable que contemplaba en su interior nunca disminuyó su caridad hacia todos”.

DIOS SE CONVIRTIÓ EN ICONO

* Dios, abismo sin fondo, misterio inagotable, se nos ha revelado. Al revelarse su rostro oculto, se convierte en belleza, en fuente de amor. Se nos presenta como una inmens ­  Dios, abismo sin fondo, misterio inagotable, se nos ha revelado. Al revelarse su rostro oculto, se convierte en belleza, en fuente de amor. Se nos presenta como una inmensa riqueza, de la que somos invitados a participar.   ­ 

* Todo esto lo expresamos de forma muy bella en el prefacio de la fiesta de la Trinidad:

“Con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres Personas distintas de única naturaleza e iguales en su dignidad”. a riqueza, de la que somos invitados a participar.

­ * Son muchos los que han intentado balbucir algo de esto por medio del arte. Así, el icono de Rublyov: Nos muestra a las tres personas en comunión recíproca. Viven el uno para el otro, el uno con el otro. Un niño, viendo esta imagen, exclamó: “¡Cuánto se quieren estas tres personas que están en la imagen!”. Son una mesa abierta para todos. La Trinidad sale de sí para mostrarnos su amor. Y nosotros somos invitados a entrar en esa comunión. Con bastones de peregrinos se acercan a nuestra vida. A nosotros nos toca pasar de ser meros espectadores ausentes, a felices participantes de su misterio. “Por medio de Cristo tenemos acceso, en su solo Espíritu, al Padre” (Ef 2,18).

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Nuestra señal: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”.

  •  Un modo de comenzar y vivir todo.
  • El recuerdo de que somos un espacio habitado por la Trinidad.
  • Mojón que indica cada una de las etapas de nuestro itinerario cristiano (Sacramentos).  

Nuestro saludo: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros” (2 Co 12, 13).

  • Cuando el día al día le pasa el mensaje y la noche a la noche se lo susurra, y el don recibido se convierte en regalo para los demás.  

Nuestra forma de vivir:

  • Que nos desborda: “Yo no quiero un Dios que se ajuste a las medidas de mi pensamiento y esté formado a mi imagen. Quiero el auténtico, aunque sé que desborda mi intelectual capacidad. Por eso, ¡oh Dios vivo! creo en tu misterio, y Cristo, que no puede mentir, es su fiador” (Romano Guardini).
  • Que nos hace salir de nosotros por la adoración: “¡Oh Trinidad eterna! Tú eres un mar sin fondo en el que, cuanto más me hundo, más te encuentro; y cuanto más te encuentro, más te busco todavía” (Santa Catalina).  

Nuestra forma de orar: “Doblo las rodillas ante el Padre. Que El, por medio de su Espíritu, os robustezca en lo profundo de vuestro ser. Que os haga abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, y conocer el amor de Cristo que supera todo conocimiento. Así os llenaréis del todo de la plenitud de Dios” (Ef 3, 14-19).

GLORIFICAD A LA TRINIDAD

“Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén”. 

  • Fórmula brevísima, pero sumamente reveladora a poco que la interioricemos.
  • Repetida, con breves intervalos de silencio, muy lentamente, pensando en la presencia de Dios Trinidad en nuestro corazón, puede producir en nosotros una actitud de recogimiento, de adoración, una apertura a Dios.

A TENER EN CUENTA

  •   La Beata Isabel de la Trinidad, una joven moderna, seducida por sus Tres, nos sugiere pistas para vivir esta experiencia.
  •  Pon interés. Sólo amamos lo que conocemos. Mucha gente se impone a sí misma una extrema pobreza en este campo. “Alimenta tu alma con las grandes verdades de la fe, que revelan la inmensa riqueza de Dios”.
  •  Vigila. Si queremos que haya un trato verdadero con la Santísima Trinidad, debemos prestar atención a su presencia en nosotro.
  •  Renueva la presencia de Dios. Sabemos lo fácil que es perder el contacto con Dios. Necesitamos volver frecuentemente a El, “Por la mañana despertémonos en el Amor. Pasemos el día entregados al Amor. Y por la noche,  durmámonos también en el Amor”
  •   Haz de esa presencia un hábito. “Piensa en Dios que habita en ti y del cual eres templo. Poco a poco el alma se acostumbra a vivir en su dulce compañía”
  •   Busca a Dios en toda circunstancia. En la belleza de la creación. En el prójimo: “En ti abrazo a Dios”. En todo lo que pasa. En la Eucaristía, porque nada expresa mejor el amor que hay en el corazón de Dios”. 
  •  Expresa esto en la vida. “Esta intimidad con Dios es la que me sostiene en las pruebas de cada día”. 

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Se coloca en el centro del grupo un Icono de la Trinidad.

Comenzamos: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Cantamos la canción: “Me postraré en tu presencia. Me postraré ante ti, Señor”.  

A Dios Uno y Trino, que nos acoge y nos invita a entrar en su inmenso amor, le saludamos recitando el Trisagio

Santo eres, ¡oh Dios, único, lleno de Amor y Misericordia!
Santo y lleno de Fortaleza.
Santo e inmortal, que nos abres tu hogar y vienes a morar entre nosotros.
Compadécete de nosotros.
Digno es el Señor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder.
Santo y lleno de Fortaleza. Compadécete de nosotros.

Texto Bíblico: Jn 14, 23  

“Si alguno me ama, guardará mi Palabra,
y mi Padre le amará, y vendremos a él,

y haremos morada en él”.
 

Dios Padre quiere venir a vivir con nosotros: abramos nuestro corazón. ¡Gloria al Padre!

Jesús nos invita a escuchar del Padre: “eres mi hijo, eres mi alegría”. Acojamos esta Palabra en nuestro interior. ¡Gloria al Hijo! 

El Espíritu Santo grita en nosotros que somos hijos y hermanos. Extendamos nuestras manos y acojamos a todos los hombres y mujeres en su diversidad de rostros. ¡Gloria al Espíritu Santo!  

Oremos: “¡Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme totalmente de mí, para instalarme en ti, inmóvil y serena, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti” (Isabel de la Trinidad) 

QUIEN CONTEMPLA LA TRINIDAD EMBELLECE EL MUNDO

Documentación: 5.- LA ORACIÓN, EXPERIENCIA TRINITARIA