4. Orar es decir: ¡Padre!¡Madre!

Un nuevo nombre de Dios.  En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Hemos hablado de Jesús y del Espíritu, pero nuestra oración es trinitaria.

En la oración damos a Dios lo que él ha sembrado en nuestra vida. Se nos ha dado como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo.

Nuestra oración es la respuesta a este don. Esta ficha está centrada en orar es decir: ¡Padre!

A Dios le hemos dado muchos nombres, según la experiencia que hemos tenido de él. Se le ha llamado: Luz, Roca, Salvación, Amigo, Liberador...

Jesús nos mostró al Padre, nos desveló el misterio. San Juan dice: “A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (Jn 1,18). 

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Pedimos a Jesús que nos enseñe a decir: ¡Padre!

Nos abrimos al Espíritu que clama: ¡Abbá! en nuestros corazones.

Recogemos nuestro cuerpo y mente y ponemos en nuestros labios esta aclamación: “Tu Espíritu clama en nosotros: ¡Abbá! Padre”  

Rm 8, 14-17 “Todos los que son guiados por el espíritu de Dios son hijos de Dios. Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que os hace exclamar ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados”.

Documentación: 4.- ORAR ES DECIR ¡PADRE! ¡MADRE!