3. Movidos por el Espíritu

Una constatación humilde

Nosotros solos no podemos ni sabemos orar como conviene. Tendríamos que repetir con el salmo 131: “No pretendo grandezas que superan mi capacidad”. Es el Espíritu “quien viene en nuestra ayuda” (Rm 8,26).

Pasar del desconocimiento a la invocación del Espíritu es una tarea prioritaria para todo orante. “No os duela tiempo en cosa que tan bien se gasta” (Teresa de Jesús).

¿Quién es el Espíritu Santo?

  • El Espíritu es “como el viento, que sopla donde quiere, que oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va” (Jn 3,8). No lo podemos controlar ni dominar, pero sí podemos seguir su voz.
  • El Espíritu es el don por excelencia, “la cosa buena que el Padre del cielo da a los que se lo piden” (Lc 11,13).
  • El Espíritu es el regalo que Jesús nos da como culminación de su entrega a nosotros por amor (Jn 19,30). 
  •  El Espíritu, que es “dador de vida” y que “habló por los profetas”, que acompañó a Jesús en su apasionamiento por el reino, se manifestó plenamente en Pentecostés, cuando nació la Iglesia.  
  • El Espíritu es la fuente de la oración cristiana, “nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre” (Rm 8,15) y nos permite decir que Jesús es nuestro Señor (1 Cor 12,3).

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 (Se enciende un cirio, símbolo del Espíritu)

Canto: Ven Espíritu, Ven Espíritu, Ven Espíritu.

Ven Espíritu, llena nuestra vida de tu luz para que vivamos la generosidad del perdón.

Ven Espíritu, fuente de vida y confianza, llena los corazones rotos por el dolor y el sufrimiento.

Ven Espíritu a tu Iglesia y sé en ella fermento de comunión.

Texto bíblico: Rm 5, 5: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”.

Documentación: 3.- OREMOS MOVIDOS POR EL ESPÍRITU