Salmo 22: "Nada temo, porque Tú vas conmigo"

 

El modo de vivir de hoy está caracterizado por lo inmediato, lo que es divertido, lo desechable, el que más tiene más vale y así se va oscureciendo y desapareciendo la imagen de Dios transcendente. Por eso es urgente, para el creyente, abrirse a la experiencia de Dios. Y sólo con una fe hecha confianza puede entrar en esa comunicación, en esa relación de Tú a tú con Él. El salmista nos comunica su experiencia íntima con Dios y el cuidado delicado y solícito de ese Dios que camina con el hombre en la noche.

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El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuente tranquilas y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

 

  • Deja que las palabras que más resuenan dentro de ti bajen a lo más profundo de tu ser y se siembren en tu corazón. Repítelas, en silencio, personalizándolas tú, con tus palabras.
  • Invoca al Espíritu para que despierte, en ti, en la humanidad, la confianza absoluta en la bondad y misericordia de Dios. "Lo que agrada a Dios, en mi pequeña alma, es la confianza ciega que tengo en su misericordia" (Santa Teresita).
  • Ora por los pastores de tu comunidad cristiana (obispos, sacerdotes).

 

  • Invita a alguna persona amiga a rezar contigo este salmo. "Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18, 20).
  • Acércate al sacramento de la Eucaristía, deja que el Pan de Vida te alimente en el camino. "La oración es el encuentro con el Padre que va transformando la propia vida de modo escondido y misterioso, pero real"