Salmo 7: "A Ti me acojo"

FOTO

 

Todos tenemos la experiencia de que la injusticia es un mal enraizado en la humanidad; nos afecta a todos en diferentes escalas. El hombre aprende en seguida a girar en torno al dinero, al prestigio, al poder, al consumo y a la ostentación, sin pararse a pensar que su conducta margina a los más débiles que van quedando sin dignidad, sin palabra, excluidos a la orilla de la vida. El salmo de hoy hace referencia a la situación injusta de un inocente, que apela a Dios, como el único que penetra las conciencias y conoce la verdad de su corazón.

 

Señor, Dios mío, a ti me acojo, líbrame de mis perseguidores y sálvame, que no me atrapen como leones y me desgarren sin remedio. Júzgame, Señor, según mi justicia, según la inocencia que hay en mí. Cese la maldad de los culpables, y apoya tú al inocente, tú que sondeas el corazón y las entrañas, tú, el Dios justo. Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón. Dios es un juez justo, Dios amenaza cada día.

 

  • Trae a la oración a los pequeños, a los inocentes, a los que sufren las consecuencias de la exclusión.
  • Con la seguridad que nos da la actuación de Jesús, a favor de los débiles y pequeños, pide que entre todos acertemos con la resolución de sus problemas; que Dios les envíe su consuelo y anime nuestro compromiso.

 

  • "Mantener siempre atentos los oídos al grito de dolor de los demás y escuchar su llamada de socorro es solidaridad. Sentir como algo propio el sufrimiento del hermano de aquí y del de allá, hacer propia la angustia de los pobres, es solidaridad. Dejarse transportar por un mensaje cargado de esperanza, amor y paz, hasta apretar la mano del hermano, es solidaridad. Entregar por amor hasta la vida es la prueba mayor de amistad, es vivir y morir con Jesucristo, es solidaridad" (Leónidas Proaño).