2. Sugerencias orantes

A modo de la antífona del Invitatorio con que iniciamos cada día la Liturgia de las Horas, uno mismo, si ora solo, o un lector, si se ora en grupo, va proclamando uno a uno, sucesivos misterios de la vida del Señor. A cuya proclamación se responde:

"Venid, adorémosle; aquí en la Eucaristía».
Sugerimos estos:

• Al mismo Dios que por el anuncio del Ángel se encarnó en las entrañas de María. Venid, adorémosle, aquí en la Eucaristía.

• Al mismo Niño que de María nació en Belén y fue envuelto por ésta en unos pañales y reclinado en un pesebre... "Venid...".

• Al mismo Rey que, postrándose, le adoraron los Magos en el regazo de María... "Venid... ".

• Al mismo Primogénito que fue presentado en el templo por sus padres y que se separó de éstos para cumplir la voluntad del Padre... "Venid...".

• Al mismo Joven que siempre fue tenido por «hijo de José» y que vivió sumiso y obediente en Nazaret... "Venid...".

• Al mismo Ungido que fue bautizado por Juan en el Jordán mientras descendía sobre Él el Espíritu de Dios y se oía la voz del Padre que decía: Este es mi Hijo; es-cuchadle... "Venid...".

• Al mismo Jesús que se retiró al desierto, ayunó, fue tentado y superó las tentaciones del Maligno... "Venid...".

• Al mismo Maestro que nos enseñó que en amar y servir a Dios y al prójimo se en-cierra toda la Ley y los Profetas, y que el segundo mandamiento es semejante al primero... "Venid...".

• Al mismo Salvador que sanó enfermos, resucitó muertos, liberó a los endemoniados y convirtió y perdonó a los pecadores... "Venid...".

• Al mismo Enviado que anunció a las turbas el Reino de Dios... "Venid...".

• Al mismo Revolucionario que prometió la felicidad a los pobres, a los limpios de corazón, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los perseguidos por su causa... "Venid...".

• Al mismo que se transfiguró en vísperas de su Pasión ante sus discípulos... "Venid...".

• Al mismo Amigo que lloró ante la tumba de Lázaro, pero que al mismo tiempo pro-metió que quien creyese en El no moriría para siempre... "Venid...".

• Al mismo Hijo de Dios, que habiendo amado a los suyos que estaban en este mundo los amó hasta el extremo, nos mandó que nos amásemos como El nos había ama-do, y nos dijo que en «eso», sobre todo en «eso», conocerían las gentes que éramos de los suyos... "Venid...".

• Al mismo Sumo Sacerdote que en la última Cena instituyó el sacerdocio y decidió quedarse con nosotros en el Pan y el Vino hasta el fin de los tiempos... "Venid...".

• Al mismo Cordero de Dios que consumó su Pasión redentora muriendo en la Cruz por la salvación de todos... "Venid...".

• Al mismo Señor que, tal como había prometido, resucitó de entre los muertos y se apareció luego repetidamente a los suyos para que no les quedase duda alguna de este hecho, sin el cual, vana es nuestra fe... "Venid...".

• Al mismo Redentor que subió a los Cielos; pero no sin antes haber asegurado que volvería y haber dejado a los suyos la tarea de ir por el mundo anunciando lo que de El habían visto y oído... "Venid...".

• Al mismo Jesús que, tal como había pro-metido, no dejó huérfanos a los suyos, sino que el día de Pentecostés les envió su Espíritu... "Venid...".

• Al mismo que vendrá glorioso y triunfan-te al final de los siglos... "Venid...".

• Al mismo que nos mandó celebrar su único Sacrificio -el de la Misa- y en él comer y beber su Cuerpo y su Sangre, en memoria suya y hasta que El vuelva... "Venid...".

(Pueden hacerse también invocaciones en las que recordemos hechos concretos de nuestra propia historia de salvación.).

Más información en la web:
- 3. Pistas para orar la Eucaristía