Salmo 29: "Me hiciste revivir"

 

De nada sirve encerrarnos en nuestro dolor, tristeza, aflicción; lo único que ganamos es amargarnos más y proyectar esa energía negativa en nuestro ambiente. El orante del salmo ha experimentado una situación límite, ha tocado la frontera de la vida y de la muerte y desde esa fuerte experiencia brota su oración exultante y agradecida.

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Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana el júbilo. Escucha, Señor, y ten piedad de mí, Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas; Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

 

  • Ponte ante la mirada del Señor tal cual eres y te sientes en estos momentos.
  • Invoca al Espíritu suavemente y déjate llevar por su Presencia a tu interior donde habita el Padre, el Hijo, el Espíritu.
  • Haz memoria de aquellas situaciones dolorosas en que el sufrimiento te envolvía y en que experimentaste la liberación salvadora de Dios.
  • Dale gracias por su acción en tu vida, por las veces que su bondad triunfó sobre tu odio y tu amargura. Dale gracias por el sacramento de la Reconciliación.

 

  • A lo largo del día de hoy procura anunciar, con tus gestos y palabras, que estás convencido de que Dios no pasa en vano por la vida de las personas y de los pueblos, que su intervención siempre es liberadora.
  • "Cada anochecer, Señor, vistes de júbilo nuestro corazón reconciliado; y tu voz presurosa nos convoca a fiesta y alegría, a la tarea de amar, borrando ya el pasado. Sigue siendo, Señor, en cada noche, el Padre en vela que ama, perdona y siempre espera".