Salmo 21: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

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Se ha hecho famosa la pregunta "¿Cómo se puede hablar de Dios después de lo que pasó en los campos de concentración?" En la noche se oyen gritos a Dios, que no parecen siquiera oración. "¿Por qué me has abandonado?", es uno de ellos. Los ha pronunciado mucha gente en momentos difíciles. Los pronuncia el salmista con unas imágenes vivísimas, con insistentes gritos de auxilio, con una creciente esperanza. Los pronunció Jesús en la agonía de la Cruz.

 
 
Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?
Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
"Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere."
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.
Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel.

 

  • Vive con Dios los momentos oscuros de tu vida, también los momentos en que sientes que todos te abandonan y que también Dios calla.
  • Usa tu garganta para gritarle a Dios las situaciones de noche que vive nuestro mundo.
  • Termina tu oración con la alabanza de quien espera y sabe que Dios va con el que sufre y está a oscuras.
  • "Padre, me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí" (Foucauld).

 

  • Es importante que vayamos por la vida sin ocultar nuestra condición de hombres y mujeres débiles, que sienten el dolor y la injusticia.
  • Pero es también mucho más importante, para nosotros y para los demás, que dejemos entrever en medio de la noche la luz de la fe, la que el Espíritu mantiene siempre viva en el corazón.