Salmo 147: “Alaba a tu Dios”

 

Hay un secreto muy bonito que tardamos mucho en descubrir: Aprender a recibir. Recibir no es acaparar, es entender que lo más grande de la vida lo recibimos como regalo. Quien sabe recibir sabe agradecer. Quien sabe recibir sabe ser feliz. “Gran contento para el alma es entender que nunca Dios falta de ella” (San Juan de la Cruz).

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Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza. Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos, a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.

 

  • Toma conciencia de que formas parte de una comunidad cristiana.
  • Mira a esta comunidad como una tierra a la que el Señor envía su Buena Nueva.
  • Contempla al Padre que te bendice con toda clase de bendiciones en Cristo.
  • Siéntete profundamente querido. Alaba al Señor, glorifícale con cantos que broten de tu corazón.

 

  • Los dones de Dios son irrevocables. Acogerlos en nuestro corazón nos va transformando en don.
  • “En Brasil una comisión de científicos se acercó a dos indios de una tribu recién descubierta. Entre otras cosas les preguntaron: ¿Le rezan ustedes a Dios? Si, claro que le rezamos, ¿Y qué le piden a Dios?, ¿Qué le vamos a pedir, si Dios nos da todo?. Entonces, ¿Para qué le rezan a Dios? Le rezamos a Dios para agradecerle todo lo que Él nos da” (Lombardi).