Salmo 104: “El Señor le abrió la prisión”

 

Siempre hay algún loco, que se acerca a las cárceles para hablar con los presos, compartir con ellos una canción, o una flor, un silencio. Pero para la mayor parte de la gente la cárcel y los presos están ahí, cerca pero muy lejos. En la cárcel viven personas indeseables, a quienes es mejor no mirar, no tratar. Pero resulta que a Dios sí le interesan. Y ¡con qué cara iremos a Dios si no prestamos el mínimo interés por sus amigos los presos! Hoy el salmo nos habla de un encarcelado y de un Dios que lo visitó en la cárcel; hoy el salmo nos habla de un preso, José, que pasó de ser liberado a liberador.

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Llamó al hambre sobre aquella tierra:
cortando el sustento de pan;
por delante había enviado a un hombre,
a José, vendido como esclavo.
Le trabaron los pies con grillos,
le metieron el cuello en la argolla,
hasta que se cumplió su predicción,
y la palabra del Señor lo acreditó.
El rey lo mandó desatar,
el señor de pueblos le abrió la prisión,
lo nombró administrador de su casa,
Señor de todas sus posesiones.

 

  • Mira con la mirada de Jesús a los encarcelados.
  • Ama con el amor de Jesús a los encarcelados.
  • Abre con Jesús todas las prisiones que has ido construyendo en tu corazón para recluir a los que te han hecho daño, no piensan como tú, no te alaban, no te caen bien.

 

  • Quizá no haya más que una forma, o muchas, pero que brotan de una misma raíz: Amar, no dar a nadie por perdido, vencer al odio, construir la nueva civilización del amor. “Cuando se está en la cárcel, sólo hay dos posibilidades de sobrevivir o hacer un espacio en tu corazón al odio, que se convierte en tu fuerza; o abrir tu corazón al amor, incluyendo a tu torturador” (Pérez Esquivel).
  • Si, quizás no hay más que una forma de ayudar a todo encarcelado: Amar, aprender a amar, crecer en el amor. Y, seguro, no hay más que una forma de conocer a Dios. “Yo siempre he creído que el mejor medio de conocer a Dios es amar mucho” (Vicent Van Ggoh).
  • "En la capacidad que tenga una sociedad de incluir a sus pobres, sus enfermos o sus presos está la posibilidad de que ellos puedan sanar sus heridas y ser constructores de una buena convivencia" (papa Francisco).