Salmo 49: “La acción de gracias”

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A veces hacemos muchas cosas por los demás, pero esto no les hace felices. A ellos porque en ocasiones nuestras acciones los humillan; a nosotros, porque nos crece el orgullo de creernos mejores. ¿No será otro el modo de relacionarnos con los demás? ¿No habrá que mirar más a cada uno, descubrir lo que llevan de vida, de Dios, de don? Decía San Vicente de Paul: “Recuerda que te será necesario mucho amor para que los pobres te perdonan el pan que les llevas”.

 

No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños. ¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos? Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

 

  • No mires tanto lo que tú haces por los demás cuanto lo que los demás hacen por ti.
  • No mires tanto lo que tú haces por Dios, cuanto lo que Dios hace por ti.
  • Alimenta tu vida con las acciones de Dios y con los gestos de cariño de los demás y deja que te brote a borbotones la acción de gracias.
  • Agradece la creación, agradece la vida, agradece el bautismo, la eucaristía, el perdón.

 

  • Jesús miraba resaltando lo que de nuevo, original y único llevaba cada persona, porque cada uno somos una obra maestra de Dios. “¿Rezar a Dios? Sí, cada noche, contesta el pequeño. ¿Y qué le pides? Nada.
  • Le pregunto si puedo ayudarle en algo”. Descubrir que todos somos necesarios en este caminar, llena de alegría el corazón y nos hace sentirnos a todos como una familia enviada a construir un mundo mejor. Recordamos que “un corazón solitario no es un corazón” (Machado).