Salmo 118: “Dichosos”

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¡Qué hermoso es estrenar el día, salir a la calle y respirar el aire limpio! ¡Qué bueno comenzar la mañana con sentimientos positivos! Sí, ya sabemos que abunda el aire contaminado y que los sentimientos que nos poseen no son siempre limpios, pero es tan bello respirar el bien, poner los ojos en Jesús, comenzar la mañana envueltos en la dicha. Así empieza el salmo: ¡Dichosos! Es una forma de esponjar el alma. Así saludó el ángel a María. Así saluda Jesús a los pobres, a los que lloran, a los limpios de corazón y convirtiendo lo que dan ganas de esconder a la mirada en bienaventuranza.

 

Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón. Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus consignas. Te alabaré con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos. Quiero guardar tus leyes exactamente, tú, no me abandones.

 

  • Deja que te envuelva la dicha de Dios. Que su saludo te esponje el alma.
  • Recuerda que lo que te pide Dios es siempre para tu bien y para el bien de la humanidad.
  • Contempla tu vida como una oportunidad para responder al amor de Dios en libertad.

 

Cuando los problemas de cada día nos desgasten los nervios y acaben con la paciencia y la poca esperanza que nos queda, pongamos los ojos en Dios, y digamos con Teresa de Jesús: Nada te turbe nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta.